martes, 3 de marzo de 2020

Autobusero (Relatos-ficción)


Al final de su turno, después de una larga jornada conduciendo en la locura del tráfico, Claudio esperó sentado en el sofá a la puerta del despacho de su jefe, el director de operaciones. Esperó casi 40 minutos en compañía de la secretaria que estaba a lo suyo. En ese tiempo, no pudo evitar pensar en cuándo había cambiado todo. Acaba de cumplir 40 años trabajando para Autobuses Roncero, es el conductor más veterano, jamás tubo ningún problema con ningún compañero y don Fermín, el fundador y padre de Don Julián, el hoy presidente, le felicitó en el pasado muchas veces por su dedicación a la compañía.
Ahora, le han asignado la peor ruta, la que pasa cerca de La Cancha, un barrio en que se vende droga. Los conductores de los coches y motos son muy agresivos y dentro del autobús raro es el día en que no hay algún robo o alguna pelea.
“La culpa de todo fue cuando grite a esa viajera” se decía una y otra vez “Pero, es que me sacó de quicio, ¡y eso no es nada fácil!”, se justificaba siempre cuando los recuerdos le torturaban. Y ahora le han sancionado, de momento, con 10 días de empleo y sueldo. Seguramente hoy le han citado para comunicarle mas sanciones.
Cuando pasó al despacho, el Sr Rubiera, flamante joven director de operaciones, le dijo que ya puede dar gracias a Don Fermín, y le comunicó que, de momento sólo habrá esa suspensión de empleo y sueldo, y que lo empezará a cumplir a partir de mañana.
Al salir, volviendo a casa pensó en lo contrariado que parecía Rubiera, es como si le molestara que el presi haya decidido no ser tan duro con él.
Esa noche, después de cenar se fue pronto a dormir mientras su mujer se quedó viendo no sé qué concurso de la televisión. En la oscuridad del dormitorio, cerró los ojos y empezó su rutina de meditación de todas las noches que la sicóloga le había enseñado a raíz de su amago de depresión. Una vez relajado pensó en lo afortunado que era de tener una esposa tan buena compañera sin la que, una vez mas, no hubiera sido capaz de pasar ese mal trago, y de que su patrón haya sabido valorar sus años de servicio leal. Y se durmió pronto con el pensamiento puesto en aquella ocasión en que perdió los nervios.
Por la mañana, en la ducha, que es donde le suelen venir las mejores ideas, de pronto lo entendió todo. ¿Será posible?, ¿como pueden ser tan cabrones? Todo cuadraba: la señora insoportable, el viajero que lo grabó todo y lo contrariado que estaba Rubiera, el director de operaciones….claro!, les sentó mal que no me plegara a sus deseos. Esa misma tarde, aprovechando que no tenía que ir a trabajar visitó a su abogada y le explicó lo que pensaba.
—“Mire usted, a primeros de este año, o sea hace ya casi 6 meses me llamó Don Julián, el dueño de la empresa y me propuso prejubilarme. Yo no puse muchas pegas, tengo 63 años, pero lo consulté con mi familia. Mis hijos que son dos jóvenes empresarios  y muy razonables me dijeron que pida que me paguen las vacaciones que me deben, que son más de 5 semanas y me indemnice según me corresponde por ley para este tipo de supuestos. Cuando se lo planteé a Don Julián, en presencia del Sr Rubiera, ambos se enfadaron mucho y me dijeron que no esperaban que yo me tratara de aprovechar de su generosa oferta. Y así terminó la cosa. Desde entonces me asignaron la peor ruta, el peor turno y todavía no me han aprobado las vacaciones que solicité para este año. Y hace una semana sucedió eso que usted ya sabe con aquella viajera. ¿No le parece mucha casualidad que aquella mujer fuera tan tremendamente grosera y provocadora?, ¿Y que haya alguien grabándolo todo? Y sobre todo ¿que mis jefes reaccionaran tan rápidamente como si no les extrañara mi conducta tan diferente a la habitual de los últimos 40 años?, sin preguntarme ¿Qué pasó Claudio?”—   
La abogada era una mujer verdaderamente brillante, una de las mejores laboralistas de la ciudad. Enseguida comprendió que lo que le Claudio le estaba contando era muy verosímil. “Entiendo” dijo con la mirada puesta en el infinito.
—“O sea, usted cree que el presiente ese tal… ¿Don Fermín?”—
—“Si, eso es Don Fermín es el Presidente y dueño y el Sr Rubiera el Director de Operaciones”— aclaró Claudio
—“Aja, entonces usted cree que Don Fermín le encargó al tal Rubiera que se deshiciera de usted de la forma mas barata posible”—
—“Eso es”—
La abogada se acarició la barbilla
—“Mmmm, tiene sentido. Y contrató a dos personas, una para provocarle y otra para que lo grabase…Pero no contaron con su buen carácter, usted simplemente se limitó a gritarle que se callara, ni un insulto, ni el menor contacto físico… ¿no?”
—“Exactamente, y lo que me ha terminado de convencer ha sido ese gesto de contrariedad de Rubiera ayer cuando me dijo que sólo tendría una suspensión de empleo y sueldo”
—“Tiene sentido Claudio. Y como no les ha salido tal como querían no han podido despedirte procedentemente. Don Fermín le habrá echado la bronca al director por su fracaso, lo que explicaría su enfado”. —Esbozó una leve sonrisa, y miró a Claudio por encima de las gafas de leer y dijo con un tono de serena complicidad:  
—“Si estás dispuesto, podemos denunciarles. Le tendrían que pagar los días de suspensión, mas una buena indemnización…”
Al autobusero se le iluminó la mirada y respondió con el ceño fruncido
—“Claro que si, y aunque ganemos y se haga justicia, juro que me vengaré”
Tres mese después Claudio y su abogada ganaron el juicio, el juez le dio a elegir entre volver a su puesto de trabajo o aceptar el despido improcedente, con la correspondiente indemnización. Se inclinó por el despido.
Hoy Claudio ha recibido, entre unas cosas y otras, cerca de 300000 euros y está cobrando el paro en espera de la jubilación.
Está feliz porque piensa que no solo se ha hecho justicia, también saboreó la venganza cuando supo que Don Julián ha despedido a Rubiera, y por si fuera todo esto poco, está pensando en dedicar parte de ese dinero a ayudar a más trabajadores que estén siendo víctimas de este tipo de prácticas delictivas de algunos empresarios.  

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