viernes, 24 de mayo de 2019

Enormes avances en computación: Computación cuántica.


Desde que apareció el primer ordenador ya hace más de 100 años, se han conseguido enormes avances en ese campo, tanto que ahora en cualquier teléfono móvil tenemos miles de veces más capacidad de almacenamiento y de velocidad de proceso que aquel centenario ordenador.
No voy a abundar mas en esa enorme evolución que cualquiera ya conoce y no por ello deja de asombrarnos. La capacidad de almacenamiento de información, sus procesamientos y las velocidades en las comunicaciones han provocado enormes cambios sociales llegando hasta los mismos ejércitos.
Parece como si estuviéramos llegando a un cierto límite en todo este entorno tecnológico. Casi cuesta imaginar nuevas aplicaciones que utilicen estos avances. Es como si se hubiera vuelto viejo tan rápidamente como ha estado evolucionando.
Sin embargo, cuando todavía queda bastante por atisbar límites con los ordenadores tal y como los conocemos, estamos a punto de ver nacer una nueva generación de máquinas dedicadas a procesar datos y a almacenarlos, y si las capacidades que conocemos nos parecen increíbles, esperen a ver los nuevos ordenadores, los ordenadores quánticos.
Capacidades de un ordenador cuántico
Por ejemplo, supongamos que queremos descifrar una contraseña más o menos complicada. Un ordenador clásico, por muy potente que sea tendría que procesar distintas combinaciones de números, una por una para encontrarla. Lo puede hacer muy rápido, pero podría tardar meses si la clave fuera complicada.
Sin embargo, con un computador cuántico, podrá probar miles de combinaciones en un mismo segundo, lo que en definitiva podría romper cualquier tipo de encriptación existente en la actualidad.
Esto es posible porque se cree que un computador cuántico con 600 qubits podría realizar cálculos que contengan la información de todos los átomos del universo en segundos, ya que teóricamente podrá procesar 2600 resultados (hablamos de trillones).
Evolución
Desde que empezaron a funcionar los primeros ordenadores, su principio físico no ha variado. Se trata de manejar la posibilidad que nos ofrece la electricidad que consiste en la existencia de dos polos posibles de excitación eléctrica: “excitado” o “no excitado”, y para entendernos hemos llamado bit a la menor unidad posible susceptible de ser excitada o no excitada eléctricamente, a sus dos estados posibles los hemos llamado “0” y “1” respectivamente.
Un bit es la menor unidad física que usan los ordenadores clásicos. A partir de agrupaciones de bits se pueden representar números, letras (mayúsculas y minúsculas) y otros signos (algunos lógicos como “=”, “<”, “>”, “y”, “o”), y otros necesarios para escribir tales como los paréntesis, las barras, las interrogaciones, las vocales con varios tipos de acentos, etc.
Se encontró, a partir de los sistemas de numeración existentes que son necesarios un mínimo de 8 bits para representar todos los signos y caracteres. A cada agrupación de esos 8 bits necesarios la hemos llamado “octeto”, también conocida como “Byte”. (No confundir con bit; 1 Byte = 8bits).
Es decir, la computación clásica se basa en dos estados: (0 o 1). Y por eso el sistema de numeración, el usado para contar y para realizar operaciones matemáticas, se llama sistema Binario.  
El sistema binario es uno de los muchos posibles. Los humanos hemos aprendido a usar otro sistema, el decimal. Se llama decimal porque usamos 10 signos (del 0 al 9). Y nos enseñaron a operar con ellos de manera que somos capaces de sumar, restar, medir, comparar, etc...
He considerado necesario contar todo esto que muchos ya conocerán (Y muchos otros usan cotidianamente si saber que lo saben), para establecer esa comparación: Los ordenadores clásicos son capaces de direccionar a partir de dos estados, mientras que los humanos podemos direccionar varios estados, y hemos elegido usar uno de ellos; el decimal.
Los ordenadores cuánticos no manejan bits ni Bytes, no son binarios ni decimales, manejan los llamados “qubits”.
Física cuántica
Los humanos entendemos bastante bien lo que sucede a nuestro tamaño, pero nos cuesta mucho entender lo que sucede tanto a escala subatómica como a escala estelar. La física cuántica de momento solo observa los fenómenos que ocurren a nivel de los átomos ya que todavía no somos capaces de explicarlos. Hoy siguen siendo incomprensibles para nosotros. Richard Feynman, premio novel de física en 1965 dijo: “Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que nadie entiende la física cuántica”. De modo que, evidentemente no voy a explicar nada de ella (Porque yo tampoco lo entiendo), simplemente expondré los resultados de los experimentos.  

Uno de estos inexplicables fenómenos se llama “fenómeno de superposición”. Es algo tan inexplicable por ahora como que una materia puede tener dos o mas estados a la vez (Incluso podría estar en dos sitios simultáneamente). Inexplicable si, pero los experimentos prueban sucede.
Y aquí está lo bueno: como los bits que usan los computadores están a escala subatómica, teóricamente pueden estar en, al menos, los dos estados a la vez que usan los bytes (0 y 1). A esas pequeñísimas partículas susceptibles de ser excitadas positiva y negativamente a la vez los llamamos qubit.
Bits y qubits
Trataré de explicar la diferencia entre un bit y un qubit de cara su uso computacional
La comparación simple entre ambas partículas es que un bit solo puede tener un 0 o un 1, mientras que un qubit puede tener uno y otro y ambos a la vez (por efecto de la inexplicable superposición anteriormente comentada).
Simplemente como intento de bajar estos fenómenos al mundo que podemos entender expondré un ejemplo práctico:
 En el cuadro adjunto, la parte azul se refiere a los bits (Que sólo pueden contener uno 0 o un 1). Cada recuadro interior representa un bit. 
La parte rosada se refiera a los qubits (Que pueden contener un 0 y/o un 1 al a vez). Cada recuadro representamos 1 qubit. Nótese que por cada qubit hay dos elementos binarios.
Además de dar muchas mas posibilidades de combinaciones entre un bit y un qbit, está la diferente capacidad de obtención de resultados; por ejemplo 13 bits dan 13 resultados, pero 13 qubits dan  8192 resultados (2 13).

Los ordenadores quánticos más sencillos empezarían a compararse con nuestros actuales superordenadores.
Estado del arte a primeros de 2019
IBM ya trabaja en computación cuántica. Tiene 43 socios (entre ellos, universidades, laboratorios y el centro europeo de investigación nuclear CERN). Se está trabajando en un sistema operativo (El equivalente al Windows o al Unix) que han bautizado con el nombre de “Q System One”.
La industria de computación cuántica, según los expertos, se encuentra al mismo nivel que se encontraba la computación clásica en los años 50.
En este punto, parece necesario aunar las iniciativas públicas con las privadas; me explico: En las universidades, el uso de leyes cuánticas para la computación es familiar para muchos investigadores y estudiantes en los departamentos de ciencia y tecnología (Es muy destacada la Universidad de Valencia en España).
Como complemento, en la industria privada, están acostumbrados a gestionan entornos con altos niveles de complejidad, y trabajan expertos en diseño de sistemas y control de calidad, necesarios para que un proyecto funcione.
La unión de estos tres contextos parece vital para el avance en este campo (Ciencia, ingeniería y gestión).
Europa, por su parte, ha presentado la Quantum Flagship, un megaproyecto europeo de 1.000 millones de euros y 10 años de duración en el que más de 5.000 investigadores, tanto del mundo académico como industrial, se unen con un objetivo: llevar la física cuántica del laboratorio al mercado.
España estará presenta a través del El Instituto de Ciencias Fotónicas, que liderará dos de los primeros 20 consorcios organizados dentro de la iniciativa.
Epilogo
IBM acaba de afirmar que los primeros computadores cuánticos  llegarán en unos 5 años (2025).
Finalmente invito a los lectores a que vean estos dos videos que, de una forma genialmente simple explican lo que son los fenómenos cuánticos.
 (Cuidado que engancha)
  
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martes, 7 de mayo de 2019

Denostado y añorado bipartidismo.


En España no tenemos todavía mucha tradición democrática, ni siquiera medio siglo. Aquel 15 de junio de 1977, de todos los partidos que se presentaron, 12 obtuvieron diputados. Pero solo 2 obtuvieron apoyos significativos: UCD (Unión de Centro Democrático) y PSOE (Partido Socialista Obrero Español). El primero con 165 escaños y el segundo con 118. Los dos siguientes, ya muy alejados, obtuvieron 20 el Partido Comunista y 16 Alianza Popular, el antepasado del hoy llamado PP o Partido Popular.
Desde entonces hasta poco después de la primera década del siglo XXI, y durante algo más de 30 años, ha habido dos partidos resultantes de las sucesivas elecciones, con representación suficiente para formar gobierno y que se han venido alternando en el poder. Era el llamado “bipartidismo”.
El bipartidismo era algo indiscutible desde la implantación de la democracia en España. Era algo que nos enorgullecía. Nos sentíamos asimilados a lo que sucedía en las más viejas democracias mundiales; los demócratas y los republicanos en EEUU, o los laboristas y los conservadores británicos. Y considerábamos a los italianos, con muchos partidos, un país casi ingobernable. Sí, el bipartidismo daba estabilidad a costa de diversidad, eso sí, pero lo importante era consolidar la democracia. Y funcionaba.
En esas tres décadas se consolidó la democracia, pero también se consolidó una clase social: la clase política. Una denominación que a los políticos nunca les ha gustado ni un pelo. Es como decirles que les han pillado.
Cada uno de los dos únicos partidos con posibilidad gobernar sabía, la misma noche de las elecciones, si iba a ser él quien gobernara o iba a serlo el otro. Pero también sabían que, si no eran ellos los elegidos para nombrar un presidente del gobierno, dentro de como máximo cuatro años, volverían a tener la posibilidad de lograrlo. Y en el peor de los casos, en la siguiente legislatura. Y por su parte, los que llegaban al poder, sabían que dentro de esos cuatro años podían ser descabalgados y pasar a la oposición.
Esa alternancia, que parecía eterna, creó un cierto “corporativismo” entre la mencionada clase política. Y este corporativismo degeneró en un casi “compañerismo”. Cuando un partido llegaba al poder “colocaba” a sus afines en los puestos de responsabilidad en la Administración Central, después en las administraciones locales y en las empresas públicas, ya fueran nacionales o autonómicas. El partido saliente trataba de conservar los puestos que pudiera, y a veces “inexplicablemente” los conservaba. ¿Cómo era posible? Pues muy sencillo: por esa misma alternancia. El partido en el poder se lo daba, porque cuando ellos perdieran el poder, el partido entrante les “debería el favor”. Poco a poco estos favores debidos fueron convirtiéndose en algo cotidiano, hasta el punto de ser considerado “lo normal”.    
Los ciudadanos de a pie creíamos que votábamos a dos formas muy diferentes de gobernar, cuando en realidad, las diferencias no eran tan grandes, y en ningún caso trascendentales. Veíamos a los exministros formar parte de consejos de administración, intuíamos las corruptelas propias de los consentimientos o los “mirar para otro lado”, pero nos sentíamos libres. Podíamos divorciarnos, salir a Europa sin necesidad de pasaporte, y esas cosas que tanto nos hacen sentir como ciudadanos del primer mundo.
De aquellos “entre bomberos no nos vamos a pisar las mangueras” empezaron a aprovecharse otros poderes. La Iglesia empezó a poner a su nombre una parte de nuestro patrimonio histórico, las compañías eléctricas comenzaron a ponernos recargos en los recibos, las constructoras comenzaron a construir aeropuertos innecesarios, los nacionalistas lograban más y más competencias, etc...Y florecieron las llamadas “cloacas del estado” por si alguien decidía romper la baraja.
Había debate entre los dos partidos, pero sin llegar a “hacer sangre”, nada más allá de un “Váyase Señor González” (Y se fue a un consejo de administración). Los dos mantenían contentos a los partidos nacionalistas para que no perturbaran el statu quo del bipartidismo, hasta el extremo de consentir aquel 3% en Cataluña o las vacaciones fiscales vascas. A nosotros creían contentarnos con hacernos creer, por ejemplo, que nos bajaban los impuestos o que habían creado una ley de dependencia.
Pero todo tiene un límite, y entre crisis y crisis, llegó la gran crisis. Los ciudadanos nos hemos creído que somos ciudadanos, no súbditos, ciudadanos con derechos. Y nos indignamos. Unos lo demostraron acampando en la puerta del sol, otros empezaron a denunciar lo que empezaba a oler mal.
Se crearon dos nuevos partidos. Podemos y Ciudadanos; el bipartidismo empezaba a estar herido de muerte.
Desde entonces los políticos ya no tienen debates de guante blanco. Empezaron a hacerse sangre y se destaparon los “ERES” de Andalucía, el “caso Gurtel” o el caso de la familia Pujol entre otros muchos. Solo era la punta de iceberg. Hemos alucinado viendo la magnitud de los atracos a la Hacienda Pública. Y aunque hay mucha gente en la cárcel, todavía no tenemos la seguridad de que nadie quede impune. Veremos qué le pasa a Jordi Pujol.
Pero somos un país con suerte. Quiero creer que, al final, quien la hace la paga.
Y la vida continúa, como diría Luis Aguilé. Y ahora los partidos políticos con aspiraciones a gobernar son cuatro o cinco, más los llamados “partidos bisagra” que, con unos pocos diputados, logran grandes beneficios para sus representados arrimándose a uno u otro partido.
Esos partidos “presidenciables” tienen mucho cuidado con las corruptelas, al menos con las apariencias, ya que en cuanto se descuidan, se encuentran con una demanda judicial. Están expuestos a ser víctimas de fake news: la “maldita hemeroteca” les tira a la cara sus contradicciones y les hace cada vez más rehenes de sus palabras. Tienen que desnudar públicamente sus patrimonios, y sobre todo tienen que mirar por su futuro personal. Ahora ya no tienen asegurado un puesto en el hemiciclo, ni en Bruselas, ni en Estrasburgo, ni en el partido. Tienen que valorar muy bien en qué puesto de las listas les ha colocado su organización, y valorar el cambio de partido.
El caso español no es único. El bipartidismo ha muerto en toda Europa, incluso en el Reino Unido. En las últimas elecciones locales, el electorado ha dado un palo a cada uno de los dos partidos antes dominantes: los laboristas y los conservadores, y ha premiado a los partidos europeístas. No, a los ciudadanos no nos gusta que nos tomen el pelo, aunque a veces no nos quede más remedio que callar.
No van a tener más remedio que empezar a mirar por los ciudadanos y empezar a hacer las cosas por y para nosotros los ciudadanos, los electores. Tendrán que ponerse de acuerdo, como han hecho los alemanes. De acuerdo para reformar la Constitución, para evitar los abusos nacionalistas, de las multinacionales, de la Iglesia, de los Pujoles, y reducir los aforamientos, reducir las desigualdades sociales y regionales, etc…Para empezar, ponerse de acuerdo para aprobar unos presupuestos generales del Estado de una vez. Y ceder, dejar la arrogancia, la soberbia, reconocer sus errores, dejar de azuzarnos a unos contra otros. Los españoles estamos hartos de insultos, descalificaciones, enfrentamientos, crispaciones y sobre todo, de ser amenazados con episodios apocalípticos. A ver si se dan cuenta de una vez.
¡Ufff! Me puedo imaginar cómo deben añorar el bipartidismo los políticos. 

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