jueves, 10 de noviembre de 2016

Trump, el Berlusconi americano

Que quede claro que el título de este artículo refiere la similitud de ambos personajes, únicamente en el aspecto humano.  Pasaré muy superficialmente por estas similitudes, que considero tan obvias que no creo que merezca la pena profundizar en ellas. Ricos, irrespetuosos hacia las mujeres, casi ancianos, populistas, nacionalistas, “antiglobalizacionistas”, autoritarios, dominadores del “show político”, etc…Quizá algún lector pueda añadir algún calificativo más. Adelante, siéntase libre, seguro que acierta.
Sin embargo me parece mucho más interesante comentar, por ejemplo, los efectos que  estos perfiles humanos  producen en sus respectivos países, una vez que saborean el poder político, puesto que ambos ya han saboreado el poder económico privado.
Uno (Berlusconi), ya ha pasado por esa etapa, en mi opinión con muchas más sombras que luces. En el plano personal, quedó al desnudo su afición por disfrutar de las mujeres, ya sea pagando, ya sea usando su posición, ya sean jóvenes, ya sean maduras (En esto también Trump ha quedado retratado). Por otra parte, ha estado a punto de ir a la cárcel, aunque seguramente todas estas “incomodidades”  habrán quedado compensadas con los beneficios que su paso por la política le hayan reportado para sus empresas.
Ahora sincronicemos, en ambos perfiles, los momentos previos y sus debuts en el poder. Berlusconi, lo primero que dijo es que Italia volvería a ser grande (Su partido de llamaba “Forsa Italia”), y propugnaba incluso la salida del Euro y volver a la lira, con tal de no someterse a las imposiciones de la UE. Trump dice que “America volverá a ser fuerte”, y propugna con “salirse del mundo”, para centrarse en lo mejor para su país.
Tal como decía al principio, aunque la idea populista que propugna el aislamiento de la comunidad internacional de sus países sea común a ambos, las consecuencias de aplicarlo desde Italia, comparadas con las resultantes de ser aplicadas por USA, son tremendamente diferentes.
Los efectos que provocó en Italia fueron pocos y reducidos al aspecto económico. Berlusconi, aconsejado por sus expertos, enseguida se dio cuenta de que una salida de Italia de la UE seria poco menos que un suicidio, y se centró en servir a sus intereses personales desde su posición. Como digo a punto estuvo de ir a la cárcel.
 A Trump le costará un poco más comprenderlo. Principalmente porque el aislamiento propugnado por él no se circunscribe al ámbito económico como el caso italiano, también incluye el poder militar. Estados Unidos  es una superpotencia, ahora más militar que económica. Para Trump lo más fácil de modificar la política militar ya que sólo tiene que dar instrucciones para que sus generales den las órdenes precisas y el equilibrio geoestratégico mundial quedará modificado, así de fácil.
En el ámbito económico es mucho más complejo y más lento digno de un análisis específico. Simplemente diré que las grandes corporaciones norteamericanas son muy dependientes de sus filiales en todo el mundo, de sus clientes y proveedores de los cinco continentes, sus dirigentes posiblemente se sienten más internacionales que patriotas norteamericanos. A diferencia de los soldados, no son muy obedientes a las llamadas del Tío Sam, obedecen mucho más a los beneficios y al enriquecimiento personal.  
Volviendo al contexto geopolítico y militar, Trump según esa idea aislacionista, propugna reducir la presencia militar exterior de los EEUU. La OTAN quedaría debilitada y en riesgo de extinción, al ser USA el país que más aporta a esa organización. Europa quedaría en una posición de gran debilidad ante Rusia, ya que USA ha sido tradicionalmente le defensor de Occidente. Por eso Putin está tan contento con la victoria de Donald, máxime en este momento en que el Brexit supone la salida del socio más potente militarmente de la UE.  
Otra consecuencia de la retirada militar norteamericana está en Asia, donde China puede convertirse en la primera potencia militar de ese continente, rompiendo el delicado equilibrio allí existente. Pensemos en las consecuencias para Corea del Sur ante Corea del Norte o de Japón ante China.  
Finalmente, en los Orientes Próximo y Medio, por ejemplo la renuncia a los acuerdos con Irán, dejaría a esta ponencia regional en posición de inferioridad ante Arabia Saudí, revolviendo de nuevo el avispero de las luchas entre siies y sunníes, de efectos imprevisibles.
La consecuencia de esta línea estratégica de repliegue militar a medio plazo, en mi opinión, supondría, para Europa la necesidad de dedicar muchos más recursos a defensa. No hablo de simplemente apartar más dinero para defensa, hablo de cambios estructurales en la industria del viejo continente. Europa no podrá permitirse depender de la industria militar exterior para disponer de unos ejércitos lo suficientemente poderosos como para poder defenderse sin la ayuda norteamericana, o con una ayuda mucho menor. Europa necesitará, y puede hacerlo, dedicar parte de ese presupuesto a una industria armamentística de última generación, a la investigación militar de vanguardia, a la dotarse de armamento nuclear disuasorio (Actualmente sólo Francia y el Reino Unido disponen de ello), a disponer de unas redes de comunicaciones con infraestructura propia de satélites, y finalmente disponer de un ejército unificado, ya que solo así podría alcanzar el tamaño suficiente para sustituir la ayuda norteamericana.
Para los EEUU, ese tremendo esfuerzo que necesitaría hacer Europa, implicaría justamente lo opuesto. Su industria militar quedaría sobredimensionada ante el abandono de muchos escenarios bélicos, muchas de sus bases quedaría cerradas y sus portaaviones en puertos norteamericanos. En un lustro se tendrían que reconvertir muchas de sus grandes compañías que hoy tienen un cliente enorme y buen pagador: El ejército norteamericano.
Después de las grandes compañías también se verían muy afectada la industria auxiliar, que quedaría en peligro de desaparecer. Se daría la circunstancia de que, lo que en principio estaba diseñado para hacer que “América vuelva a ser grande”, tenga como consecuencia que nazca, por simple necesidad de supervivencia, una nueva potencia militar creciente y sobre todo económicamente hegemónica: Europa otra vez.  
Como digo, Trump necesitará un poco más de tiempo que Berlusconi para entender que no se puede cambiar la inercia de la historia sin medir las consecuencias. Tampoco creo que los poderosísimos lobbies industriales norteamericanos le dejes hacer la décima parte de lo que dice.   
Veremos si termina siendo procesado o en la cárcel, como su colega Berlusconi 

miércoles, 12 de octubre de 2016

El imperio británico y el Brexit.


Yo nací en 1954. En aquel tiempo, mientras España era un país aislado del resto de Europa que trataba de salir de las apreturas económicas de la posguerra, el Reino Unido todavía festejaba la victoria en la “Gran Guerra”. Era uno de los vencedores, y como tal, administraba un amplio sector del territorio alemán, en el que tenía desplegada una fuerza militar.  El reino disfrutaba de las ventajas del Plan Marshall, y se recuperaba económicamente. 

La influencia del idioma inglés era incuestionable en casi todos los ámbitos culturales, políticos y científicos del mundo. Se consideraban, y era cierto, los inventores de la revolución industrial, y los creadores de la economía de mercado.

Sin embargo, cuando yo iba al colegio, nos hablaban de la grandeza del antiguo imperio español, donde no se ponía el sol. Y por todas partes estaban el yugo y las flechas de Isabel y Fernando, y a todos nos contaban lo orgullosos que debíamos estar de pertenecer a ese imperio.

Recuerdo, siendo muy niño, que mis padres me llevaron a la Gran Vía, para ver al general Eisenhower, que en un coche descapotado se paseaba con Franco, bajo un montón de papelitos que tiraban desde las ventanas. Era el principio del fin de nuestro aislamiento, gracias a los Estados Unidos. 

Visto desde la perspectiva que me da el tiempo y la experiencia, tengo que decir que, al pertenecer a una familia de “derechas”, como muchos niños, jóvenes y adolescentes, me creía todas esas cosas y me sentía “orgulloso de ser español”, pero tenía bien claro que el imperio español ya no existía.

Poco a poco me fui dando cuenta de que existían deportes como el tenis, y mucho después, el golf. Todo bajo reglas e incluso palabras en inglés, que no se traducían al español porque eran más elegantes en inglés, como por ejemplo “set ball”, match ball, birdie, etc…). Lo que estaba de moda era la música en inglés, mucha gente presumía de conocer Londres, y se fotografiaban en una cabina de teléfonos roja. Por supuesto ya no hablo de los Rolls Royce, o del Concorde, y mucho menos de James Bond.

Mientras que aquí, en España, yo veía una serie de TV llamada “El Santo”, un inglés ladrón de guante blanco, que vivía como un rey en la Costa Azul, con Roger Moore. En ella, cuando alguna vez la acción se desarrollaba en España, nos representaban como pastores y gente que estábamos siempre cantando, bebiendo y toreando.

Digo todo esto, para que se me entienda si afirmo que el británico medio de mi edad, nació y creció en un lugar que reunía todas las condiciones para sentirse lo que ahora se llama “El ombligo del mundo”. Reforzado con las batallitas que les contasen sus padres y abuelos, que podían hablar del tiempo en que eran los dueños de la India, o de Egipto, Australia, etc… y tenían las flotas, tanto comercial como de guerra,  más poderosas del mundo. Su entonces joven reina mantenía todo el orgullo en sus formas de “pompa y circunstancia” en sus apariciones públicas, simbolizadas en las flamantes guerreras rojas de los soldados del regimiento de la guardia real. Pero en realidad era la Reina Isabel, no la Reina Victoria.

Aquellos coetáneos míos, poco a poco se han ido dando de bruces con la decadencia que, lenta pero irremisiblemente, continuaba su avance por la segunda mitad del siglo XX y se sigue acentuando en los principios del XXI. Su industria quedó prácticamente desmantelada con los sucesivos mandatos de Margaret Thatcher, que presumió de doblegar a los poderosos sindicatos de los estibadores en un país, que al ser insular, depende dramáticamente de las mercancías que entran y salen de sus puertos.
Año tras año, se fueron desmantelando sus fábricas de coches, sus astilleros, su industria pesada, su industria química… Ya no llegaban remesas de riqueza de sus colonias, más bien al contrario; aquellas compañías que tanta riqueza habían repatriado, estaban siendo nacionalizadas por las colonias que se independizaban.

Con los británicos que regresaban de las colonias buscando trabajo, se mezclaron los nativos de ellas, que tenían el derecho a la ciudadanía británica. Sus barcos que quedaron viejos, y la competencia asiática, que como al resto de Europa, les hizo no ser competitivos.

Hoy su producción industrial es menor que la de Alemania, Francia e Italia, y seguida de cerca por España. (Hablo de producción industrial, no de producto Interior Bruto). Tal como digo en artículos anteriores “Hoy, todavía, su estructura económica se debate entre el norte industrial, obsoleto, con sus insignias (como por ejemplo Rolls&Royce), vendidas a otros países o desmantelándose, y el sur dedicado a los servicios, principalmente financieros. Más exactamente, se debate entre Londres (La City) y el resto.”

Sin embargo, a pesar de la decadencia del imperio, Londres, que fue el primer paraíso fiscal de la historia contemporánea se ha convertido en un gran centro financiero especializado en inversiones globales. Uno de los mayores centros financieros mundiales, concretamente el segundo, solo superado por Nueva York.

Además, su no pertenencia al euro, les ha permitido adelantarse en la salida de la crisis global de principio de este siglo, devaluando la libra y adoptando la política monetaria que exactamente necesitaban. Cosa que muchos países del euro no pudieron hacer, sino adaptarse a las exigencias alemanas. De este modo, países como España solo pudieron devaluar los salarios y las condiciones de los trabajadores, (la devaluación más injusta y desigual). Por eso, justo antes del famoso referéndum, el Reino Unido se destacó con su mejora económica, del resto de sus entonces socios en la UE.

Pero en realidad, es que en su mayor parte, esa fase boyante de la economía británica, se debe a su pertenencia a UE. Por ejemplo, la llegada de inmigrantes comunitarios a las islas ha supuesto un gran dinamismo para la economía británica, incrementando el consumo interno, y el valor de sus construcciones muy por encima de lo que se habría incrementado si no se hubiera producido este hecho. El comercio ente UK y el resto de la UE, para UE representa un poco menos de su 2%, mientras que para la UK es más de su 10%. 

Las clases dirigentes de Londres se encargaron de convencer a los ciudadanos británicos de que la culpa de todos sus males es de la Unión Europea. Falso pero convincente. Estoy hablando de aquellos de mi edad o mayores, aquellos de menor formación cultural, aquellos que no tuvieron que aprender otro idioma porque el suyo materno era el que todo el mundo quería hablar, aquellos descendientes de los que forjaron un imperio económico, militar y cultural.  

Es normal que lo creyeran, es normal que se dejaran convencer de que, perteneciendo a la UE, terminarán perdiendo su identidad cultural, su exquisita educación cívica, su sistema pesos y medidas, su conducción por la izquierda, y muchas cosas más.  

Ese día del referéndum, alguien consiguió que los británicos se sintieran “sires o lores por un día”, y sólo pensaron en lo terrible que sería perder todas esas, ciertas y verdaderas cualidades, sin pensar en un pequeño detalle: El dinero.


Increíblemente, para los europeos votaron “SI” a la salida de la UE, votaron “SI” al Brexit. 

Ahora solo les falta asumirlo y pagar el precio de tamaña extravagancia.   



jueves, 28 de enero de 2016

Europa, ¿y ahora qué? 1.- Escenario optimo




A principio de 2016, de todas las crisis que ha sufrido o está sufriendo Europa, la respuesta mayoritaria de los estados, está siendo la de culpar a Bruselas y exaltar los beneficios de las políticas nacionalistas. Algunos estados, amenazan con abandonar, o bien el euro o bien la UE. En España esa postura nos suena mucho ya que es la que está tomando Cataluña.
Pero ¿qué se puede hacer?, ¿hacia dónde vamos?
Si lo vemos desde el punto de vista centralizador, o sea desde el punto de vista de ciudadano europeo, ciudadano que se siente por encima de los nacionalismos y ve Europa como un paso previo a llegar a ser ciudadano universal, podemos contemplar tres posibilidades, que aunque parezcan perogrulladas, son en realidad las tres únicas posibilidades:
A) Que las cosas mejoren.
B) Que continúen como están.
C) Que empeoren.
Ahora nos vamos de viaje a Júpiter y vemos qué ha pasado en Europa a la vuelta, a mediados de 2020.
Escenario óptimo (Que las cosas mejoren)
Plano económico
Por fin ha pasado la que se llamó la gran crisis financiera mundial, y ya no hay visiones tendenciosas; la culpa fue de las subprime que se originó en Estados Unidos, y así es como ha pasado a la historia, sin culpas europeas.
Esa crisis amenazó con derribar el euro. El peor momento fue en 2015 cuando Grecia estuvo a punto de salir de él, y sentar un peligroso precedente. Afortunadamente, en 2020 la crisis del euro ha pasado, y en la mayoría de los países se ha vuelto a los ratios económicos de antes de 2007, en algunos ya se han superado. El anterior presidente del antiguo Banco Central Europeo, Mario Dragi, ha pasado a la historia como un gran héroe, uno de los forjadores de la nueva Europa, y desde luego tuvo un papel decisivo en la superación de la crisis en Europa.
El Reino Unido y Dinamarca siguen siendo las excepciones, pero el resto de los países avanzan hacia la adhesión al Euro. Unos van cumpliendo los viejos criterios de Maastricht, y otros, que ya los cumplían pero no querían estar, como Suecia, ya están dentro o en camino de estarlo. Claro que, tanto la unión bancaria como la creación de una reserva europea de divisas, al estilo de la Reserva Federal norteamericana, convencieron a muchos de pedir el ingreso.
Pero lo que sí supuso un antes y un después para la Unión ha sido la reciente e histórica FBU (Siglas en ingles de Unión Presupuestaria y Fiscal). Acaba de entrar en funcionamiento desde al primer día de 2020. La FBU es la culminación de las anteriores decisiones sobre reserva federal y unión bancaria. Con ella y tutelada por el Parlamento Federal nacieron los primeros presupuestos generales de la Unión. Costó mucho, pero al fin se consiguió aprobarlos. Hubo por primera vez, un serio debate en Estrasburgo, pero curiosamente Alemania no se opuso a dar carpetazo a las políticas de austeridad. Los tres copresidentes consiguieron sacar adelante el presupuesto cuyo padre ha sido el ahora superministro federal de economía, el luxemburgués Junker.   
En general, este presupuesto viene a reforzar las políticas de estímulo al crecimiento que empezó el antiguo Banco Central Europeo. Gracias a ellas los estados del sur llevan años reconduciendo sus desequilibrios, de media ya crecen por encima del 2% y sus tasas de desempleo empiezan a ser más asumibles. Como consecuencia de ello los ratios macroeconómicos se han reequilibrado y la convergencia entre los países deudores y acreedores, aunque todavía queda mucho camino, ha empezado a ser una realidad.
La unidad y solidaridad ha permitido que Europa se beneficie de la bajada del precio del petróleo. Ha logrado convertirse en una economía competitiva y dinámica, haciendo de su mercado interior una alternativa y vía de escape ante la crisis de los países en desarrollo, que todavía sufren su propia crisis, capitaneados por los llamados BRIC’s (Brasil, Rusia, India, China). 
En general el centro de gravedad del crecimiento y progreso económico mundial vuelve a acercarse a Occidente, a ambas costas del Atlántico norte.
Plano social
En el plano político y social, por fin se modificó el Euro parlamento, convirtiéndolo en una auténtica cámara alta, más parecida al Senado Americano y funcionando como una cámara de cooperación entre parlamentos nacionales. En las inminentes elecciones, se espera una gran participación ciudadana.
En este tiempo la UE ha vuelto a ser atractiva para muchos países, y la cola para el ingreso aumenta.
En este sentido, es de destacar el caso de Noruega, país que no quiso entrar en la Unión, ya que sus reservas petrolíferas le daban una riqueza que no querían compartir. Sin embargo después de la crisis de precios de petróleo que tuvo lugar a finales de 2015 y que se prolongó casi dos años, decidió en referéndum, pedir el ingreso en Europa y en el Euro a finales de 2018. Se prevé que culmine su proceso en este mismo año.
Suiza todavía se lo está pensando, pero ya nadie duda de que es una cuestión de tiempo. La fortaleza del Euro y la inexistencia del secreto bancario, así como la unificación fiscal europea, han hecho que las grandes multinacionales se vayan trasladando a los diversos países de la Unión. Como consecuencia de ello, al pagar sus impuestos de sociedades en la UE en detrimento de la republica helvética, están forzando la decisión de pedir su anexión. Ya van dos años en que la renta per cápita europea se acerca a la suiza.
Por su parte, el Reino Unido renunció a separarse de la Unión tal como salió el resultado del referéndum que se celebró en 2018, y se encuentra en una gran polémica sobre si abandonar la libra y abrazar el euro o no. Esto es debido nuevamente al traslado a Frankfurt del gran mercado de capitales basado en el euro. Esto ha ido haciendo que el mercado londinense haya ido perdiendo peso en el continente, en esto ha influido mucho la legislación europea anti paraísos fiscales, que los ha debilitado y aunque todavía faltan años, nadie duda de su total desaparición, al menos en la órbita europea.
Finalmente, Turquía ha entrado en el periodo de aclimatación previo a ser un miembro de pleno derecho después de finalizar las negociaciones de acceso. Interiormente se impuso el criterio práctico de mantener a Turquía como un país laico, que fue una de las principales condiciones para su ingreso. Uno de los grandes beneficiarios está siendo Grecia, que además de terminar con un conflicto histórico, está pudiendo por fin, disminuir sus gastos en defensa y ha encontrado al lado un mercado de muchos millones de consumidores.
Pero la gran tarea a la que se enfrenta la Unión son las políticas con los vecinos. Por primera vez en la historia Europa está en condiciones de disponer de una política verdadera mente común.
Aquí también se ha dado respuesta a la crisis de los refugiados de 2015, y a las oleadas de inmigrantes ya endémicas provenientes del norte de África.
Desde que a finales del 2016 se creara el EBA (European External  Borders Agency), cuerpo europeo de vigilancia de las fronteras exteriores, la pugna entre los países del este de Europa  y los del oeste ya casi es inexistente.
En lo referente a las fronteras orientales, los acuerdos con Turquía han sido muy fructíferos. Los controles de inmigración y de refugiados son, por fin, ordenados y basados en las normas comunes de inmigración y asilo político de la unión. La  EBA está haciendo una tarea tremendamente eficaz en esa zona. Ahora los países fronterizos negocian directamente con Bruselas, y esto redunda en un mucho mayor reconocimiento de los derechos humanos en esos países, so pena de sufrir represalias económico-comerciales. Y, claro está esto redunda en una gran reducción de la presión de refugiados políticos.
En el contexto migratorio, las fronteras del sur, las que más reciben emigrantes, España tiene el orgullo de haber sido la pionera en establecer políticas de negociación y apoyo en los países de origen de los flujos migratorios. Bruselas la tomó como modelo, y desde hace ya dos años hay establecidas delegaciones en la mayoría de los países subsaharianos y en el norte de África, mediante las cuales se canalizan inversiones de modo que van dando alicientes cada vez mayores para quedarse en sus países.
Plano global
Todo lo anterior está haciendo que el resto del mundo empiece a ver la realidad de la UE, no solo como algo más fuerte y sin vuelta atrás, sino como algo que crece y se fortalece aumentando su influencia global.
Ante Rusia, la posición de firmeza ha dado sus frutos. Ucrania entró por la vía extra rápida, y unido al inequívoco apoyo a la anexión de Turquía fueron los dos focos principales de tensión con Rusia. Cierto que la evolución de los precios del petróleo ayudó mucho a ablandar a Putin, pero no fue menos decisiva la creación de la EBA (European External  Borders Agency). La decidida política común, sin fisuras hizo el resto. Bueno y la OTAN.
Respecto al mundo árabe, la vuelta de Irán como potencia en la zona fue aprovechada para conseguir un gran aliado allí, que contrarresta la influencia que allí ejercen los EEUU a través de Arabia Saudita. Pero los peligros terroristas siguen casi intactos.
Finalmente las relaciones con las otras dos superpotencias mundiales, EEUU y China son, cada vez más en pie de igualdad. Esto ha sido posible, una vez más gracias a la política exterior común.
Conclusión
Finalmente resaltar que la UE tiene todavía mucho por hacer, pero desde hace muchos años, por primera vez los ciudadanos empiezan a sentirse europeos antes que nacionalistas. Ya casi no existen embajadas de los países, porque casi todos han comprendido que una embajada de la UE es mucho más influyente y además es mucho más económico.
Y por fin se ha empezado a contemplar la creación de un ejército europeo. En fin en 2020, por fin los ciudadanos europeos empezamos a estar esperanzados con el futuro de la Unión, ya era hora.