A propósito de la urgencia para
decidir sobre la venta de armas o no a Arabia Saudí, dilema del que me declaro
incapaz de tomar partido por una u otra postura. Voy a tratar de exponer la
situación actual de nuestra industria de armamento.
En primer lugar, rápida y
resumidamente, daré las cifras de ese sector:
Para la redacción de estos
artículos de opinión de “decomoloveo”, lo primero que suelo hacer es proveerme
de datos y cifras, información que hoy en día es fácil de encontrar en
Internet. Sin embargo, en este caso concreto me he encontrado con que los datos,
aunque no son dispares, sí son diferentes. Por eso he decidido transcribir lo
dicho por tres, a mi juicio, expertos en esta materia.
Así, José Enrique de Ayala (Fue jefe del Estado Mayor del Eurocuerpo
entre 2001 y 2003) dice:
“En
2015, las 608 empresas registradas en el ministerio de Defensa facturaron, en
2015, 82.549 millones de euros, de los cuales más de un 7%, casi 6.000
millones, en el sector defensa, dando trabajo a más de 200.000 personas, con
cerca de 21.000 empleos directos y 30.000 indirectos”.
Por otra parte, el exteniente general José Julio
Rodríguez, (Ahora dentro de Podemos), que Fue jefe del Estado Mayor de la
Defensa entre 2008 y 2011, asegura:
“La industria de defensa es
estratégica si consideramos sus datos de facturación: más de 10.000 millones de
euros, 55.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos y un 80% de su
producción dedicada a la exportación”.
Y un tercero: Jesús A. Núñez Villaverde
(Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria)
“En términos estrictamente
económicos la industria de defensa española no es relevante. Ni por volumen de
negocio (apenas representa el 1% del PIB), ni por empleo (50.000 puestos de
trabajo)”.
Y siguiendo así, he encontrado
más cifras similares, pero no he podido encontrar cifras digamos…oficiales u
objetivas.
En fin, en realidad creo que la
industria armamentística es un término un poco indefinido. ¿Es la que produce
bienes y servicios para la defensa?, y ¿para la seguridad?, ¿incluso para la
protección civil?; No olvidemos que una de las unidades más queridas y más
utilizadas continuamente es la UME (Unidad Militar de Emergencias), con
objetivos claramente de protección civil más que estrictamente de defensa.
Y sigo preguntando: una fábrica
de escopetas de caza ¿es parte de la industria de defensa?, y otra de
explosivos para la minería o para la construcción de carreteras ¿lo es? Y así
podríamos seguir. En fin, simplemente quería poner de relieve que no hay una
línea clara que separe la industria armamentística de la puramente civil. De
hecho hay un concepto híbrido que es el denominado “tecnologías de doble uso”.
Más adelante comentaré sobre esto.
¿Industria estratégica?
Dicho esto, vamos a abordar lo
estratégico de este tipo de industria, que ni está claramente delimitada, ni
hay un claro consenso sobre su repercusión financiera ni de puestos de trabajo.
Pero nadie pone en duda el peso importante que tiene en el sector industrial
español. (Recordemos que España está inmersa en un proceso de
reindustrialización, que tiene por objeto, no solo aumentar significativamente
el porcentaje de la industria en la estructura productiva española, sino
también aumentar su valor añadido y su reconversión a la llamada industria 4.0,
propia de la era digital).
Sin embargo, el hecho de que la
industria de la defensa sea estratégica para un país, no es simplemente por el
factor industrial y, por tanto económico. La industria de la defensa es
estratégica porque es la que puede proporcionar un poder militar autónomo y
permanente a un país.
Todo país que quiera disponer de
ese poder autónomo y permanente, lo primero que tiene que hacer es dotarse de una
Base Industrial y Tecnológica de la Defensa (BITD). Y eso es lo que le convertirá a la postre en una potencia
autónoma. Por ejemplo, ese poder militar autónomo y permanente es lo que debe
construir la UE, ya que los EEUU han decidido que ya no nos defenderán como
hasta ahora.
La industria de defensa en
España, todavía no está considerada como estratégica. Esto, desgraciadamente,
significa que la cultura de nuestro país, no relaciona la capacidad industrial
militar española con la protección de los intereses estratégicos nacionales. Esto
se debe a que, hasta ahora, por un lado nos ha protegido la OTAN, y por otro, otras
potencias nos han dotado de armamento sofisticado sencillamente vendiéndonoslo.
Es decir, España no tiene todavía una voluntad de autonomía estratégica.
Por supuesto, hay excepciones:
Disponemos de un portaaviones de fabricación nacional con tecnología
electrónica y de comunicaciones también en un alto porcentaje de desarrollo
español. También pertenecemos al programa aeronáutico de caza europeo
Eurofighter.
Nuestra posición en la UE, en
este ámbito, se ha venido asimilando a la de la antigua Alemania occidental, y
opuesta a la de UK y Francia, que disponen de arsenal nuclear. Por eso el
Brexit supone un desequilibrio en materia de defensa en Occidente, ya que UK tiene
un alto grado de autonomía en su industria militar.
Por este error, a mi juicio, de
no considerar estratégica a la industria de defensa, el futuro de esta industria
española depende ahora de tres factores, desgraciadamente exógenos:
-De su integración en la base
tecnológica e industrial de la defensa europea.
-De los fondos y programas
europeos para investigación y desarrollo.
-Y finalmente de los nichos de
mercado global que puedan encontrar sus industrias.
(Ver artículo anterior: ”Defensa
común europea”).
España ahora es el séptimo
exportador mundial de armamento, sin embargo no disponemos de una Base Industrial y Tecnológica
de la Defensa (BITD) propia y adecuada a nuestras necesidades.
Lo que sucede es que España tiene
un gasto reducido en defensa en comparación con los países próximos y de
nuestro tamaño. La BITD no tiene el tirón de la “demanda interna”, es decir la
demanda industrial de nuestras fuerzas armadas a nuestra industria de armamento
es muy débil, y paga mal y tarde.
Una muestra de esto son los
llamados PEAS (Planes especiales de armamento), que no dejan de ser un quiero y
no puedo, y resultan unas inversiones de dudosa eficacia.
Un caso dentro de los PEAS: se
fabricó un modernísimo submarino S-80 que no flotaba y hubo que dedicar tres
años más a retocarlo. Esto no es poner en ridículo a nuestra ingeniería naval,
una de las mejores del mundo, es poner de relieve que no dispuso de los
recursos económicos necesarios y en el tiempo, para acometer ese nivel
tecnológico con eficiencia, ya que hubo impagos, falta de personal y de otros
medios.
El resultado de este tipo de
proyectos, lejos de ayudar a la BITD, encarecen su desarrollo, apareciendo
sobrecostes de dos tipos: Por un lado por la demora en la entrega (que obliga a
mantener material obsoleto), y por otro, por la acumulación de intereses de
demora debidos al retraso en los hitos de pago. En mayo de 2017, Defensa
acumulaba una deuda de ¡30.000 millones de euros! según el tribunal de cuentas.
Con esta situación de la demanda
nacional de armamento, nuestra industria solo puede mantenerse con una política
agresiva de exportaciones “a quien sea” (Y aquí aparece, no solo Arabia
Saudita, sino otros países tan candentes como Venezuela, por ejemplo).
Muchas de las empresas que
tenemos hoy, no sobrevivirían sin la carga de trabajo exterior de defensa. Son
especialmente vulnerables las industrias navales y aeroespaciales, y al mismo
tiempo importantísimas por ser desarrolladoras de tecnologías de “doble uso”, es
decir susceptibles de ser utilizadas en el mundo civil. Esto implica una enorme
oportunidad de negocio. Tengamos en cuenta que, por ejemplo, el sistema de geo
localización GPS fue, en su día, tecnología exclusivamente militar hasta que el
ejército norteamericano lo declaró precisamente “Tecnología de doble uso”.
A la vista del “estadio del
arte” de nuestra industria de armamento, espero que se entienda por qué me
declaro incapaz de posicionarme sobre vender o no vender armas a países que no
respeten los derechos humanos. No es ético, pero “más cornadas da el hambre”.
El futuro
Entonces, ¿Qué se puede hacer
con nuestra industria de defensa? ¿Qué podemos esperar de ella?
La solución habría que buscarla
en la UE. El momento es óptimo para ir por ese camino. Tal como digo en mi
articulo sobre la defensa común europea “Por primera vez en la historia de la
UE se va a incluir en los presupuestos de la Unión la creación de un Fondo
Europeo de Defensa dotado con 13.000 millones de euros (El gasto español para
2017 fue de 16.227 millones de €). El objetivo es llegar a los 19.000 millones,
que representan el 1% de lo que gastan, individualmente los países europeos, en
defensa. Ese dinero se empleará en reforzar la Agencia Europea de Armamento. El
objetivo último es reducir al máximo la dependencia tecnológica de los EEUU en
lo referente a armamento.”
Es decir se está yendo en la
línea de crear una verdadera BITD (Base Industrial y Tecnológica de la Defensa)
enteramente europea. Así, al amparo financiero del Fondo Europeo de Defensa, se
ha creado la llamada OCCAR (Organización Conjunta de Cooperación en Materia de
Armamento). Cuyo primer fruto está siendo el desarrollo del avión de transporte
militar A-400.
El tamaño de una Europa unida
realmente para su autodefensa, si permite disponer de una BITD a la medida de
la gran potencia económica que es, y puede ofrecer retornos suficientes para
mantener nuestra industria e impulsarla tecnológicamente, al igual que las de
los demás socios. Sería un nuevo mercado Único Europeo, el de la industria de
la defensa. Aunque acabara con las empresas más débiles, como ha sucedido en
otros sectores, abriría a las más competitivas un mercado suficientemente
amplio para sostenerse e invertir lo suficiente en I+D+i.
El hecho de que los procesos de
transición no sean fáciles no es excusa para no abordarlos. El retraso en la
toma de decisiones a la espera de tiempos mejores nunca es una buena
estrategia. Al contrario, suele agravar los problemas. Si no que se lo
pregunten a Rajoy.
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