martes, 30 de mayo de 2017

LA EUROPA DE LOS CUATRO


El Brexit ha supuesto un golpe de realidad para la supervivencia de la UE, que hasta entonces se ha venido sintiendo salvaguardada en un concepto meramente económico, según el cual nadie quiere salir de un club de ricos en el que aumenta constantemente la posibilidad de mejorar su nivel de vida.
Este es el argumento final que Bruselas ha esgrimido para suplir su falta de autoridad institucional (y su esclerosis en la toma de decisiones), y poder imponerse a los miembros “díscolos” que, de un modo u otro, han venido poniendo palos en las ruedas del mecanismo de toma de decisiones europea (El principal el Reino Unido). Así, el “si no te gusta ahí tienes la puerta” ha funcionado y ha hecho que países como Grecia, España o incluso Italia se hayan plegado a las imposiciones de reducciones drásticas y dolorosas como por ejemplo la reducción de sus déficits públicos.  
Sin embargo, como es natural, este argumento no vale si se le dice a un país que, sin ser ni el primero ni el segundo,  tiene una renta por encima de la media de la UE. Y se produce el Brexit.
En realidad, en mi opinión, el Brexit no es un “Pues me voy porque no me gusta este juego”, ya que el Reino Unido nunca ha estado completamente dentro. Me explico: Además de lo evidente de que no quisieron formar parte de la moneda única,  siempre han mostrado reticencias al avance hacia una unión política, ni siquiera aceptaron una unión normativa. Se han limitado a hacer pequeñas concesiones para minimizar lo que los ingleses consideran una desgracia que no es ni más ni menos que la creciente fortaleza de sus vecinos y adversarios históricos, especialmente Francia y Alemania. Esto ha desembocado, una vez más, en un “enrocamiento” en sus islas, como muchas otras veces en la historia.
De hecho, el todavía vigente eje franco-alemán se había convertido en el mayor y casi único referente del camino de avance de la UE.
De modo que después de la estupefacción que le ha producido a la UE (Y a gran parte del RU), lo que no pueden consentir, es que otros hagan lo mismo, algunos recién llegados como Polonia o Hungría, que se han negado a aceptar las decisiones en materia de inmigración y refugiados.
Rápidamente, Berlín y Paris tomaron una decisión transcendente: “Hay que crear un núcleo duro de grandes países que formen la columna vertebral de Europa, y desde ese núcleo duro ejercer de nuevo esa autoridad que da el dinero y poder volver a decir a los demás eso de “Esto es así, y si no te gusta tienes la puerta abierta”.
El hecho histórico es que Alemania y Francia, decidieron que ese primer núcleo duro va a estar compuesto por cuatro países: ellos dos, por supuesto, a los que han añadido a Italia y a España. No creo que Alemania, Francia, Italia y España vayan a conformar un grupo separado del resto de sus socios. Pero sí muestra una voluntad de liderazgo desde la Europa occidental hacia el resto de los socios, un fortalecimiento del eje franco-alemán: La Europa de los cuatro.   
Es la primea vez que España es invitada un “Petit comité” previo a la cumbre oficial de Jefes de Estado de la UE en Malta el pasado 3 de febrero. Habida cuenta de que en estos “petit comités” es donde se toman las verdaderas decisiones que después se someten al resto de los socios, pero ya de un modo más imperativo.
Esto es un espaldarazo para un país que, como España tiene muy interiorizado el sentimiento de marginalidad, respecto a Europa, desde el final de la Gran Guerra, y que todavía no ha superado íntegramente. Puede reconducir los sentimientos europeístas españoles, que después de la crisis y las imposiciones de Bruselas habían diezmado.
Por otra parte, el resultado de los comicios en Francia, ha puesto en la presidencia de ese país a un convencido europeísta. El país galo ha dicho no a las ideas populistas anti europeas de la señora Le Pen.
Quedan por despejar dos incertidumbres no muy grandes. La primera se refiere a las elecciones alemanas, que parece abocarse a una renovación de la señora Merkel, que se ha ido volviendo cada vez más europeísta. Y acaba de decir una frase histórica a mi modo de ver: "Los tiempos en que podíamos depender completamente de los demás están, hasta cierto punto, superados" Esa primera persona del plural que usa, ese “nosotros”, por primea vez se está refiriendo a esa Europa capitaneada por los cuatro.
Finalmente, Italia, el tercer país más grande de la UE, tiene pendiente todavía la superación de varios retos (por ejemplo el saneamiento de su banca) y su modernización política y social, pero no tiene grandes tensiones euroescépticas.
Pero hay nubarrones: Las grandes prioridades que han definido los cuatro: (seguridad interior y exterior, economía y cohesión social), son todavía muy vagas. La salida de UK deja varios huecos, pero el principal es el de la seguridad. Ahora la potencia militar europea es Francia, la única con capacidad nuclear. Lo que no quiero ni pensar es que Alemania se rearme con la excusa de  no poder confiar en EEUU para protegernos.
Los ministros de Asuntos Exteriores de los cuatro países sí han propuesto una integración más profunda, especialmente mediante la elaboración de un Pacto Europeo de Seguridad y de una política de asilo y de inmigración común. Pero por muy ambiciosas que sean, sus propuestas no han sido adoptadas posteriormente por los jefes de Estado y de gobierno.

No hay que olvidar que la cooperación entre Francia y Alemania nunca ha sido fácil, y menos aún armoniosa. En general, se ha visto complicada por el hecho de que las culturas política y económica de los dos países son diferentes. Francia con un funcionariado y un sector público enormes, que configuran un estado muy centralizado, mientras que Alemania basada en el sector privado y su carácter federal que le confiere una gran descentralización estatal. Curiosamente, España es más parecida a Alemania con el estado de las autonomías y la pequeña presencia de empresas públicas en su economía, mientras que Italia, salvando otras diferencias culturales, es más cercana al modelo francés.