La primera
crisis del coronavirus, la del Covid19, marcará un antes y un después tan
grande que cambiará la historia contemporánea tal y como la conocíamos. No me
refiero al tiempo, que espero sea coyuntural, en que se para una parte de la
producción mundial, se saturan los hospitales, tememos que en los supermercados
falten ciertos productos y consideremos una bendición poder salir a la calle, a
dar un paseo o visitar a nuestros familiares y amigos. Me refiero a todas esas cosas
que ya no serán como antes nunca más. No me cabe duda de que este
acontecimiento acelerará dramáticamente muchos cambios en el orden mundial,
entendido éste como forma de organización de la especie humana en el planeta. Estos
cambios se pueden resumir en el relevo de Occidente como vanguardia del
progreso socioeconómico del Mundo.
Occidente
Lo que
pomposamente llamamos “Occidente” ya nunca volverá a ser la referencia del
progreso económico y social del mundo. Por una parte se desintegra el eje Atlántico
que formaban EEUU y Europa, y que era el espejo de políticas de seguridad en el
que todo el mundo se miraba, sobre todo después de la caída de las ideologías
comunista y socialista. Después de la “Coronacrisis”, quedará en la memoria de
los europeos asuntos como la prohibición unilateral de vuelos comerciales con
la UE, dejando pequeña aquella amenaza de no defendernos “si no pagamos”.
EEUU
La
hasta ahora, primera potencia mundial está renunciando a serlo y ha comenzado
lo que podríamos llamar “Aislacionismo agresivo”. Las guerras comerciales de
Trump y su “America first” (America primero) les está empezando a dar más
problemas que soluciones. Y veremos como quedarán después de la pandemia: su
red sanitaria es poco menos que inexistente, y su protección laboral es
ridícula comparada con la denostada Europa del bienestar. No están preparados
para esto, y a esta falta de preparación se añade un Gobierno Federal
profundamente incompetente, que está obligando a los gobernadores de los
Estados a actuar por su cuenta. Trump, en un alarde de desdén por la ciencia y
los expertos, sigue negando el calentamiento global y la gravedad del Coronavirus,
entre otras muchas cosas.
Mientras
a Europa le van llegando ayudas desde China, India, Japón y hasta de Rusia, de
“nuestro aliado” absolutamente nada.
Europa
La UE
sigue con sus divisiones y con su población envejecida, pero ante esta crisis,
muchas cosas están cambiando respecto de la anterior. En mi opinión, lo que
está sucediendo esta vez, representa una verdadera oportunidad para
reposicionarse en el Mundo. Tiene medios de sobra para hacerlo: los mejores
sistemas sanitarios públicos, las mejores políticas de protección social y
sobre todo, tenemos una base excepcional para mover a los estados miembros en
una misma dirección mediante La Unión Europea, que cuenta con un Parlamento, un
Banco Central y una Comisión Europea. Solo hace falta usarlos para
coordinar, unificar esfuerzos y así
resistir ante las crisis futuras. A pesar de su ya proverbial lentitud, los
estados miembros empiezan a poner en marcha importantes paquetes de estímulo
fiscal. El Banco Central Europeo, después de un primer traspié, achacable a la
bisoñez de su nueva gobernadora, ha decidido aplicar un plan de adquisición de
activos que salvaguardará la deuda pública y garantizará la liquidez, pero esto
es una ayuda a nivel nacional (de los estados miembros). El siguiente paso es
poner en marcha un estímulo a nivel comunitario, es decir, que Europa sea la
que tome los préstamos en vez de los estados. Sólo hay que vencer la
resistencia de los países menos solidarios (Alemania, Holanda y Finlandia),
pero esa resistencia es cada vez menor. Si se consigue, se habrá logrado
aprobar esa asignatura pendiente.
China
A diferencia
de EEUU, China está uniéndose a los valores europeos: solidaridad, cooperación
y protección social. Está enviando personal médico y material sanitario. Su
ayuda, evidentemente, no es completamente altruista; quiere ocupar el enorme
vacío que están dejando los norteamericanos. En cualquier caso, no cabe duda de
que con esta crisis, China gana peso como superpotencia global, y por tanto
gana influencia en Europa. Su modelo autoritario, de estricta disciplina social
y muy beligerante contra las disidencias, choca con la visión democrática
europea, pero ha demostrado efectividad ante estas contingencias. Se abre la
posibilidad de una nueva relación Europa-China, que abonará la unidad de la
política exterior europea.
Globalización
El
mercado global seguirá existiendo, pero sufrirá profundos cambios.
Probablemente habrá una nueva relocalización de las industrias para garantizar
el abastecimiento y las cadenas de producción. Una vez más, Europa tiene la
enorme ventaja de que, si es capaz de coordinar sus políticas industriales y
agrarias, puede construir un aparato productivo capaz de autoabastecerse y
crear reservas estratégicas, para así responder a cualquier contingencia
futura.
Conclusiones
En
resumen, opino que esta crisis podría llevarnos a buscar mayores y mejores
instituciones de gobernanza internacional, ya que queda en evidencia que los
retos y riesgos venideros son para toda la humanidad.
He
leído una frase de un conocido estratega español que dice:
“El
coronavirus nos ha puesto contra las cuerdas y frente al espejo. Sin embargo,
debemos seguir defendiendo un mundo basado en normas, abierto y conectado, preservar
el multilateralismo y conseguir una verdadera globalización solidaria y
responsable que disponga de mecanismos de control y compensación que aseguren
una respuesta conjunta ante crisis de este calibre. En buena medida, la forma
en la que salgamos de esta crisis determinará nuestra capacidad para afrontar
las siguientes”.
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