viernes, 27 de marzo de 2020

Post-Covid19 Dia 1


La primera crisis del coronavirus, la del Covid19, marcará un antes y un después tan grande que cambiará la historia contemporánea tal y como la conocíamos. No me refiero al tiempo, que espero sea coyuntural, en que se para una parte de la producción mundial, se saturan los hospitales, tememos que en los supermercados falten ciertos productos y consideremos una bendición poder salir a la calle, a dar un paseo o visitar a nuestros familiares y amigos. Me refiero a todas esas cosas que ya no serán como antes nunca más. No me cabe duda de que este acontecimiento acelerará dramáticamente muchos cambios en el orden mundial, entendido éste como forma de organización de la especie humana en el planeta. Estos cambios se pueden resumir en el relevo de Occidente como vanguardia del progreso socioeconómico del Mundo.
Occidente
Lo que pomposamente llamamos “Occidente” ya nunca volverá a ser la referencia del progreso económico y social del mundo. Por una parte se desintegra el eje Atlántico que formaban EEUU y Europa, y que era el espejo de políticas de seguridad en el que todo el mundo se miraba, sobre todo después de la caída de las ideologías comunista y socialista. Después de la “Coronacrisis”, quedará en la memoria de los europeos asuntos como la prohibición unilateral de vuelos comerciales con la UE, dejando pequeña aquella amenaza de no defendernos “si no pagamos”.
EEUU
La hasta ahora, primera potencia mundial está renunciando a serlo y ha comenzado lo que podríamos llamar “Aislacionismo agresivo”. Las guerras comerciales de Trump y su “America first” (America primero) les está empezando a dar más problemas que soluciones. Y veremos como quedarán después de la pandemia: su red sanitaria es poco menos que inexistente, y su protección laboral es ridícula comparada con la denostada Europa del bienestar. No están preparados para esto, y a esta falta de preparación se añade un Gobierno Federal profundamente incompetente, que está obligando a los gobernadores de los Estados a actuar por su cuenta. Trump, en un alarde de desdén por la ciencia y los expertos, sigue negando el calentamiento global y la gravedad del Coronavirus, entre otras muchas cosas.
Mientras a Europa le van llegando ayudas desde China, India, Japón y hasta de Rusia, de “nuestro aliado” absolutamente nada.
Europa
La UE sigue con sus divisiones y con su población envejecida, pero ante esta crisis, muchas cosas están cambiando respecto de la anterior. En mi opinión, lo que está sucediendo esta vez, representa una verdadera oportunidad para reposicionarse en el Mundo. Tiene medios de sobra para hacerlo: los mejores sistemas sanitarios públicos, las mejores políticas de protección social y sobre todo, tenemos una base excepcional para mover a los estados miembros en una misma dirección mediante La Unión Europea, que cuenta con un Parlamento, un Banco Central y una Comisión Europea. Solo hace falta usarlos para coordinar,  unificar esfuerzos y así resistir ante las crisis futuras. A pesar de su ya proverbial lentitud, los estados miembros empiezan a poner en marcha importantes paquetes de estímulo fiscal. El Banco Central Europeo, después de un primer traspié, achacable a la bisoñez de su nueva gobernadora, ha decidido aplicar un plan de adquisición de activos que salvaguardará la deuda pública y garantizará la liquidez, pero esto es una ayuda a nivel nacional (de los estados miembros). El siguiente paso es poner en marcha un estímulo a nivel comunitario, es decir, que Europa sea la que tome los préstamos en vez de los estados. Sólo hay que vencer la resistencia de los países menos solidarios (Alemania, Holanda y Finlandia), pero esa resistencia es cada vez menor. Si se consigue, se habrá logrado aprobar esa asignatura pendiente.      
China
A diferencia de EEUU, China está uniéndose a los valores europeos: solidaridad, cooperación y protección social. Está enviando personal médico y material sanitario. Su ayuda, evidentemente, no es completamente altruista; quiere ocupar el enorme vacío que están dejando los norteamericanos. En cualquier caso, no cabe duda de que con esta crisis, China gana peso como superpotencia global, y por tanto gana influencia en Europa. Su modelo autoritario, de estricta disciplina social y muy beligerante contra las disidencias, choca con la visión democrática europea, pero ha demostrado efectividad ante estas contingencias. Se abre la posibilidad de una nueva relación Europa-China, que abonará la unidad de la política exterior europea. 
Globalización
El mercado global seguirá existiendo, pero sufrirá profundos cambios. Probablemente habrá una nueva relocalización de las industrias para garantizar el abastecimiento y las cadenas de producción. Una vez más, Europa tiene la enorme ventaja de que, si es capaz de coordinar sus políticas industriales y agrarias, puede construir un aparato productivo capaz de autoabastecerse y crear reservas estratégicas, para así responder a cualquier contingencia futura.
Conclusiones
En resumen, opino que esta crisis podría llevarnos a buscar mayores y mejores instituciones de gobernanza internacional, ya que queda en evidencia que los retos y riesgos venideros son para toda la humanidad.
He leído una frase de un conocido estratega español que dice:
“El coronavirus nos ha puesto contra las cuerdas y frente al espejo. Sin embargo, debemos seguir defendiendo un mundo basado en normas, abierto y conectado, preservar el multilateralismo y conseguir una verdadera globalización solidaria y responsable que disponga de mecanismos de control y compensación que aseguren una respuesta conjunta ante crisis de este calibre. En buena medida, la forma en la que salgamos de esta crisis determinará nuestra capacidad para afrontar las siguientes”.

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