Primera guerra relámpago. (10 de mayo de 1940).
En la primavera de 1940, Alemania estaba a punto de consumar
la invasión de Noruega, y tanto Francia como los británicos, después de haberle
declarado la guerra, lejos de pensar en atacarla, se dispusieron a defenderse
de un inminente ataque alemán. Bélgica y Holanda eran neutrales. Los ingleses
habían enviado una fuerza militar a Francia, que llamaron “Ejercito
expedicionario”, para reforzar al anticuado ejército francés, que fiaba su
defensa casi exclusivamente a las fortificaciones pesadas, construidas frente a
la frontera con Alemania y que bautizaron con el pomposo nombre de “Línea
Maginot”, que era una cadena de bunkers artillados y unidos por ferrocarril
subterráneo. Una defensa preparada para la antigua guerra de trincheras.
El 10 de mayo de 1940 Alemania ataca a Francia, rodeando por el noroeste, con su
ejército móvil de blindados y artillería, las mencionadas fortificaciones
estáticas francesas. Para ello ocupa Luxemburgo, y ataca a los países bajos,
violando su neutralidad. Holanda se rinde el 14 de mayo; Bélgica el 28 de ese
mismo mes.
Ya en territorio francés, el ejército alemán rodea al grueso
de las fuerzas expedicionarias británicas y parte del ejército francés en la
batalla de Dunquerque, que sufriendo abundantes bajas y abandonando casi todo
su material, tuvo que embarcarse precipitadamente hacia las islas británicas,
so pena de ser aniquilados.
Desde ese momento, Alemania no tuvo ninguna resistencia en
la ocupación de Francia, y sus tropas no se detuvieron hasta llegar a los
Pirineos. El 22 de junio, el mariscal Pétain firma en nombre de Francia la
rendición, por la cual los alemanes ocupan la mitad norte del país y toda la
costa atlántica. En el sur-este de Francia se establece un régimen
colaboracionista con capital en Vichy. Surge la figura del general francés De
Gaulle, que se exilia a Londres y encabeza la resistencia francesa, tildando de
traidor a Pétain (héroe de la primera guerra mundial). Fue juzgado tras la
guerra y condenado a muerte. De Gaulle conmutó la sentencia por la cadena
perpetua. Murió en una cárcel militar a la edad de 95 años.
La Italia de Mussolini hizo lo mismo que Stalin al demorar
su entrada en Polonia para ahorrar vidas italianas, pero de un modo
esperpéntico: el 10 de junio Italia entra en la guerra del lado de Alemania, e
invade el sur de Francia el 21 de junio, justo un día antes de que se rindiera.
A pesar de ello, los franceses rechazaron el ataque italiano.
Lo cierto es que Francia fue ocupada en poco más de un mes.
Fue la primera guerra que los alemanes llamaron “relámpago” (Blitzkrieg), que
introdujo un nuevo concepto de guerra de blindados, tropas mecanizadas, cadenas
de mando cortas, concentración de tanques, abastecimiento rápido, etc. Ya no
tenían sentido las guerras de trincheras de la primera guerra mundial.
Ese verano, poco antes de la rendición francesa, el 14 de
Junio Rusia ocupa los estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania). Los tres
estados pasan a ser repúblicas soviéticas a primeros de agosto. Además el 28 de
Junio obliga a Rumania a cederle la provincia oriental de Besarabia y la mitad
norte de Bucovina a la Ucrania soviética.
Alemania estaba en la cresta de la ola. En la Europa
occidental, sólo Inglaterra podía hacer frente a un ataque suyo, parapetada en
su potencia naval y en la barrera natural que es el Canal de la Mancha, pero
dependiendo de los suministros y víveres de ultramar para subsistir. El
Mariscal Göering,
jefe del ejército del aire, convence a Hitler de que se puede vencer a
Inglaterra a base de bombardearla desde el aire y aislarla por mar mediante los
submarinos que hundirían los convoyes de mercantes con provisiones. Otro gran
error. Inglaterra resistió, secundando la frase de su primer ministro
Churchill: “Solo puedo ofreceros sangre,
sudor y lágrimas”.
Por otra parte España, que sin haber entrado en la guerra,
era un aliado ideológico; militarmente débil, pero aliado. Al menos no le daba
los “quebraderos de cabeza” de su aliado italiano, que no paraba de meterse en
guerras, y al final obligaba a Alemania entrar a ayudarles. Así, el 13 de septiembre
de 1940 los italianos invaden Egipto (bajo control británico) desde Libia (bajo
control italiano), y en octubre de 1940 invade Grecia desde Albania. Pero en lo
referente a Italia, lo peor estaba por llegar el año siguiente, 1941.
El año en que Alemania invadió Rusia. (Enero de
1941-enero de 1942)
Abundando en la rémora que supuso para los nazis la fiebre
colonial de Mussolini, que había invadido Egipto desde Libia, parte de su
colonia Abisinia (hoy Etiopía), en febrero de 1941, Hitler no tuvo más remedio
que enviar al “Afrika Korp” al norte de África para reforzar a los italianos,
que estaban flaqueando. Puso al mando de esas tropas al mítico general Rommel.
Las victorias cosechadas por Alemania hicieron que muchos
países conservadores centroeuropeos, acostumbrados a estar bajo el imperio
Austro-húngaro, se fueran uniendo al eje Berlín-Roma-Tokyo, creyendo que se
apuntaban al lado de los vencedores, y también por temor a ser fagocitados por
los soviets rusos. Así se unen: Eslovaquia (23 de noviembre 1940), Hungría (20
de noviembre 1940), Rumanía (22 de noviembre 1940) y Bulgaria (1 de Marzo
1941).
El 6 de abril de 1941 Alemania, Italia, Hungría y Bulgaria
invaden y desmiembran a Yugoslavia, que se rinde el 17 de abril. Alemania y
Bulgaria invaden Grecia en apoyo a los italianos. La resistencia en Grecia cesa
a comienzos de junio de 1941. Finalmente el 10 de Abril, mediante un golpe de
estado de un movimiento fascista llamado Ustasha, proclaman el llamado Estado
Independiente de Croacia. El nuevo Estado, reconocido de inmediato por Alemania
e Italia, incluye a la provincia de Bosnia-Herzegovina. Croacia se une
formalmente a las potencias del Eje el 15 de junio de 1941.
Hasta ese momento nada había sido capaz de parar la
maquinaria militar alemana, ni la maquinaria propagandista nazi. Europa
constaba de tres partes:
- A) El Eje (Alemania y sus países ocupados, Italia, Centroeuropa, Península Ibérica, los Balcanes, Grecia, etc...), cuyo líder era Hitler.
- B) Las islas Británicas, con El Reino Unido más aislado que nunca como única representación de la democracia, cuyo líder era Churchill.
- C) El bloque comunista capitaneado por Rusia, cuyo líder era Stalin.
En ese momento de gloria para Hitler, este menospreció a sus
enemigos. Por una parte creyó que Inglaterra acabaría rindiéndose por inanición
en sus islas, y no consideró la posibilidad de invadirlos por el momento. Se
limitó a bombardear Londres y varias grandes ciudades británicas. Por otra,
pensó que La Unión Soviética era mucho más débil de lo que era en realidad, y
que estaba inmersa en una especie de guerra interna entre comunistas y
zaristas, y creyó que muchos se unirían a Él en caso de invadirla. Otro error
más, quizá el mayor.
El 22 de junio de 1941, aprovechando el buen tiempo del
verano, el ejército alemán y sus socios
del Eje (salvo Bulgaria) invaden la Unión Soviética. Finlandia, que había
perdido territorios a manos de los rusos poco después de la invasión de
Polonia, se une al Eje justo antes de la invasión.
Comienza la “segunda guerra relámpago”. Los alemanes lanzan
la que llamaron “Operación Barbarroja”. Rápidamente invaden los estados
bálticos y, junto con los finlandeses, sitian Leningrado (hoy San Petersburgo)
en septiembre (poco más de 3 meses desde el comienzo de la invasión). Entonces,
Hitler tomó una de sus decisiones más crueles (que no fueron pocas). Para no
tener que mantener a una población de 3 millones de habitantes, decidió
sitiarla, para que sus habitantes murieran de hambre y frío. El sitio duró casi
900 días, desde 1941 hasta 1944. Cientos de miles de familias murieron de frío
y hambre en sus hogares. Los orgullosos habitantes de esta ciudad cultural
tuvieron que alimentarse de desde palomas y gatos hasta ratas. La ciudad estuvo
a punto de perecer si no hubiera sido porque en los inviernos se establecieron
corredores a través del helado lago Ládoga por donde llegaba una escuálida
ayuda a los sitiados. Los muertos, hasta ser liberada la ciudad, superaron la
cifra extraoficial de 1.200.000 habitantes, muchos de ellos civiles.
En el centro, los alemanes toman Smolensk a comienzos de
agosto y avanzan hacia Moscú en octubre. En el sur, las tropas alemanas y
rumanas toman Kiev en septiembre, y Rostov en el río Don en noviembre. Todo muy
rápido, pero una rapidez insuficiente; empezaba el invierno.
Stalin tardó en creer que Hitler le estaba invadiendo antes
de vencer a Inglaterra, y perdió casi una semana en reaccionar; en las guerras
relámpago una semana es mucho.
De todos modos los alemanes habían cosechado victorias
impresionantes desde el comienzo de la invasión de Rusia:
Por ejemplo, en el primer día se destruyeron más de 1 800
aviones soviéticos, muchos de ellos en tierra sin tan siquiera despegar, y en
el segundo día ya había unos 2 700 destruidos en total.
El general Halder, jefe del Estado Mayor del Ejército
alemán, a finales de septiembre de 1941 publicó que los alemanes habían
infligido a los rusos desde junio, pérdidas de 2.500.000 de soldados, 22.000
cañones, 18.000 tanques y 14.000 aviones. A estas cifras habría que añadir las
posteriores pérdidas de las grandes batallas de Viazma-Briansk; (663.000
hombres, 1.242 tanques y 5.412 cañones). Por infladas que puedan parecer estas
cifras, no por ello dejan de apuntar la magnitud de la catástrofe rusa. Los
rusos se han guardado, por si acaso, de proporcionar su lista de pérdidas.
Por su parte, el mismo Halder, anotó en su diario (ya que
los documentos oficiales alemanes se perdieron), que del 22 de junio al 10 de
diciembre de 1941 las pérdidas alemanas fueron, sin contar aliados ni enfermos,
de 775.000 (muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos), equivalente a la
cuarta parte del total. Hasta el 26 de noviembre los muertos se aproximaban a
los 200.000, incluyendo 8.000 oficiales. Por contraste, la campaña occidental
(la invasión de Francia, Polonia, Noruega, etc.) de 1940 supuso a los alemanes
156.000 bajas, de ellas 30.000 muertos. ¡Y la guerra con Rusia no hacía más que
empezar!
Los rusos, por su parte, acuñaron la frase “La Gran Guerra
Patria”, y en sus crónicas afirman que replegaron rápidamente sus instalaciones
industriales hacia Siberia, quemando todo lo que dejaban, de modo que Alemania
no pudiera aprovechar nada.
De julio a noviembre de 1941 fueron evacuadas y reinstaladas
en Siberia 1.523 empresas, de ellas 1.360 grandes fábricas, la mayoría de
guerra. En algo más de cinco meses fueron utilizados para la evacuación
1.500.000 vagones de ferrocarril. Con las empresas se evacuó del 30 al 40 por
100 de sus obreros. La principal fábrica de aviones trasladada al otro lado del
Volga, terminó su primer caza a los catorce días de la llegada del último vagón
con equipo industrial. En el segundo semestre de 1941, la URSS fabricó 8.000
aviones de combate, contra los 3.950 del primer semestre, y la producción de
tanques aumentó un 150 por 100 el segundo semestre respecto al primero.
(Fuentes rusas).
Ante estos éxitos espectaculares, Hitler se dispuso a tomar
Moscú. Una vez terminada la “Operación Barbarroja”, se dispuso a comenzar la
“Operación Tifón”, que tenía como objetivo la toma de la capital rusa. Se
basaba, también en la guerra relámpago.
Como muchas otras veces, la climatología no estaba del lado
nazi. Comenzó el invierno, que aquel año fue especialmente duro. Ya desde
octubre comenzó a llover antes de lo normal y llenó de barro y lodo las
carreteras y caminos rusos. Esto demoraba el avance de los tanques y hacía muy
difícil cruzar los campos, incluso con caballos. Entonces comenzaron las
nevadas. Los alemanes esperaban una victoria rápida, y no se cuidaron de
equipar a los soldados con ropa de invierno. A 160 kilómetros de Moscú, los
rusos plantearon una resistencia fortísima, en Smolensko. Los soviéticos
admiten haber perdido cerca de cuarenta y cinco mil hombres, entre muertos y
heridos, sin contar la cifra de prisioneros hechos por los alemanes, que no han
divulgado. Estos, por su parte (los alemanes), afirmaron haber capturado por lo
menos trescientos diez mil prisioneros soviéticos. Los rusos encajaban derrota
tras derrota y cada vez su resistencia era más dura.
El simple retraso de varias semanas en los movimientos del
ejército alemán (no solo del avance de los blindados, sino de la continuidad de
las líneas de suministro) provocó que se plantaran a las puertas de Moscú en
medio del que fue el invierno más crudo del siglo.
Los partisanos atacaban la retaguardia y las líneas de
suministros alemanas, y la aviación rusa bombardeaba de noche las pistas
enemigas. Una de las cosas que más llamaba la atención a los alemanes era la
tremenda capacidad de resistencia del ejército soviético. Stalin había nombrado
jefe supremo de sus ejércitos al Mariscal Zúkov (otro de los míticos militares
de la SGM).
El 15 de noviembre se inició la campaña contra Moscú, con
tres ejércitos intentando rodearla. El III Ejército Panzer del General Hoth por
el norte, el IV Ejército Panzer del General Erich Hoepner por el borde
occidental del río Moscova, avanzando hacia el centro, y el II Grupo Panzer del
prestigioso general Heinz Guderian se dirige hacia Tula, la única población que
se interponía entre ellos y Moscú.
Seis días después del comienzo de la operación Tifón, el 21
de noviembre, el IV Ejército llegó a 30 kilómetros de su objetivo, pero fue
detenido en Jimki. Al mismo tiempo, el II Ejército fracasó en su intento de
tomar Tula. Para finales de noviembre, los generales alemanes, desmoralizados
ante la primera vez en la historia que un ejército había conseguido detener a
sus divisiones de tanques, reconocieron que la resistencia moscovita y el rigor
del invierno iban a hacer imposible la toma de Moscú ese año.
El mazazo definitivo llegó con un contraataque que lanzó el
5 de diciembre el recién estrenado jefe supremo de las fuerzas rusas, el
mariscal Zhúkov. El ejército alemán, que estaba a escasos 42 km de la periferia
de Moscú, fue sorprendido por la mayor ofensiva lanzada contra ellos desde el
comienzo de la guerra.
La ofensiva se desarrolló en todos los sectores golpeando a
los tres ejércitos alemanes, partiendo desde Moscú y sus alrededores. Durante
el otoño, Zhúkov había estado transfiriendo 22 divisiones desde Siberia y el
extremo Oriente. Eran tropas frescas y bien equipadas, preparadas para la
guerra invernal y las había mantenido en la retaguardia hasta el inicio de la
contraofensiva. Además estrenó los nuevos tanques T-34 y los lanzacohetes Katyusha.
Después de este contraataque soviético, los generales alemanes de los tres
ejércitos, por primera vez, sugirieron una retirada. Hitler inmediatamente los
cesó del mando. Zukov comenzó su leyenda y fue elevado a héroe de la
revolución.
Finalmente
el 8 de diciembre, uno de los peores inviernos (-20 a -50 °C) en la historia de
Rusia obligó a Hitler a suspender las operaciones militares hasta 1942. Los
congelados y agotados alemanes habían sido derrotados y obligados a retroceder
de 100 a 250 km el 7 de enero de 1942.