Se habla mucho de la inflación, y creo que todo el mundo
sabe de lo que se trata, especialmente cuando vemos cómo, año tras año, suben
los precios y los salarios, haciendo que nuestra moneda, aparentemente, cada
vez va valiendo menos. Pero ¿por qué se produce este fenómeno económico?
Trataré explicarlo mediante la técnica de la modelización,
que consiste en utilizar un modelo, o muestra reducida de lo que es esa parte
de la economía en la sociedad. Imaginemos que estoy en una aldea remota donde vivo con otras 199 personas y cada semana llega un carro con un vendedor de naranjas. Esta vez viene casualmente con 100 naranjas. Las naranjas es algo que necesitamos porque tiene vitamina C, que es muy buena para la salud.
El problema es que hay que repartir 100 naranjas entre las
200 personas que deseamos las naranjas. ¿Cómo lo repartiríamos? La respuesta
económica es “vendiéndolas”, o sea cambiándolas por monedas. Fácil, el vendedor
las pone un precio, por ejemplo 1 € la naranja. Me meto la mano en el bolsillo
y saco mi moneda. Pero miro a mi alrededor y veo que todos hemos hecho lo
mismo. El problema del reparto sigue.
Entonces algunas personas que desean mucho las naranjas ofrecerán
1,2 €. El vendedor aceptará gustoso. A mí me fastidia un poco, pero deseo tanto
esa naranja, miro y veo que dispongo de esos 20 céntimos. No los gastaré en
otra cosa, compraré mi naranja por 1,2 €. Lo que ha ocurrido es que, por efecto
de la demanda insatisfecha, el precio de las naranjas habrá subido a 1,2 €.
Pero mi gozo dura poco, todavía hay casi 150 personas que
han sacado sus 20 céntimos adicionales. Todavía no hay suficientes naranjas o
hay demasiada gente con el dinero suficiente para comprarlas. Se vuelve a subir
el precio de las naranjas. Y así hasta que el número de naranjas disponibles se
iguale al número de personas dispuestas a comprar una naranja. Al final el
precio de las naranjas quedó en 1,8 € por cada naranja. Una cantidad prohibitiva
para mí. Me quedé sin mi naranja, otra vez será. Esta es la forma en que, lo que llamamos una economía de
mercado, fija los precios de los productos.
También podría haber ocurrido lo contrario, que de las 100
naranjas, sólo 80 personas deseen comprar una. El vendedor bajaría los precios
de forma que algunas de las 200 personas comprasen más de una naranja, y así
venderlas todas.
Sigamos con el modelo. Imaginemos que todas las semanas,
antes de que llegue el carro con las naranjas, tenemos en una pizarra el último
precio al que se pagaron las 100 naranjas la semana pasada, de modo que los que
vamos a por ellas sepamos el precio aproximado que tendremos que pagar.
Cuando llega el carro la semana siguiente, ya sólo acudimos
aquellos que, como yo, sabemos que disponemos de lo que el vendedor va a
pedirnos por cada naranja, y algunos optimistas que, aunque no disponen de la
cantidad que se pagó la semana pasada, esperan que el carro venga con alguna
naranja más o que alguien por algún motivo hoy no quiera naranjas, y las
compren más baratas.
En este caso, yo voy al mercado a por mí naranja porque
tengo 1,8 €, que es lo que pagaron aquellos afortunados que disponían de ese
dinero la semana pasada. Lo sé porque lo pone en la pizarra.
Pero todo el mundo había pensado como yo, y 180 vinimos con
1,8€ al mercado. Fue tremenda la desilusión. Me volví a quedar sin mi naranja,
se vendieron a 2,2€ !!!!
Esas subidas de precio de las naranjas es lo que llamamos
inflación.
Volviendo al mundo real, los afortunados que disponemos de
unos ingresos fijos cada mes, normalmente acomodamos ese sueldo a lo que
podemos comprar y es lo que decimos “llegar a fin de mes”. Así, solemos tener
unos gastos fijos (El recibo del teléfono, de la luz, del agua, la hipoteca,
etc…), después apartamos la parte de hacer la compra y cosas así, y lo que
vamos gastando día a día, (unas cañas, un café, un periódico…), en fin, si al
final queda algo, lo guardamos para las vacaciones, para la jubilación o para
la boda de nuestros hijos.La inflación, obviamente es el gran enemigo del ahorro, sin embargo se da la circunstancia de que la inflación es estupenda para los que estamos endeudados, porque lo mismo que los ahorros se hacen más pequeños en el mismo porcentaje de la inflación, las deudas también.
Pero, claro, los que prestan, o sea los bancos, nunca pierden. Por eso existen los tipos de interés. Así consiguen que las deudas se mantengan bien rollizas.
Y ¿dónde estamos ahora mismo, en agosto de 2015? Pues estamos, en un momento con la inflación inexistente, casi negativa, y los tipos de interés bajos. O sea que los ahorros no se deterioran, y las deudas tampoco aumentan mucho. Pobrecitos los bancos ¿no?
Pues no, pobrecitos no. Como los tipos de interés están bajos y las dudas crecen poco con el tiempo, no se come en coco, simplemente no te dan crédito. Y no sólo eso, si les pones dinero en depósito no te dan intereses (Salvo para reclamo de nuevos clientes, claro).
Y, entonces ¿de qué viven?, sencillo, toman dinero prestado del Banco Central Europeo a tipos de interés casi 0, y se lo prestan a los estados a tipos “bajos” o sea en el caso español a un 2%. Son esas subastan del tesoro que por ejemplo España emite deuda para financiar su enorme déficit. ¿Quién creéis que la compra? ¿Los particulares?, pues no, los bancos. Y si miramos la escala (España, país intermedio esta año emitirá alrededor de 200.000 millones de euros. Calculemos cuánto es un 2%.
Es decir, en resumen podríamos decir que los bancos viven de la inflación, tanto si es alta como si es baja, y viven muy bien. Lo que les aterra es una inflación negativa, es lo que se llama deflación, y los economistas dicen que es peor que la inflación. Y yo añado: “sobre todo para los bancos”.
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