China es un país inmenso, para dar una idea de esa
inmensidad voy a poner algunas comparaciones con España, que posiblemente nos
ayuden a comprenderla.
Para empezar, siempre con datos de 2014, en España somos 46.464.000
de habitantes y en China son 1.367.820.000. (Como 30 veces más). Sin embargo nosotros
compramos al mundo bienes y servicios por valor de 269.852 millones de euros y
China 1.475.567, es decir sólo 6,5 veces más. También vendemos al mundo 244.534
millones de euros, mientras que China vende 1.763.453 €, o sea 7,5 veces más.
Quiero decir con esto que China, es todavía lo que en los
deportistas llamaríamos “una promesa”, es decir un país con un potencial de
crecimiento extraordinario, llamado a ser uno de los mayores del mundo en casi
todo. Esto se potenció cuando sus gobernantes decidieron encaminarse a una economía
de mercado a partir de la economía comunista de Mao.
Actualmente la economía china se encuentra a medio camino,
así, por un lado conserva gran parte de su enorme aparato burocrático heredado
del partido único, y por otro tiene auténticos polos de crecimiento capitalista
como son Shanghái o Hong-Kong.
Poco a poco ha ido evolucionando de ser un país agrario con
mucha población rural a un país industrial con emigración creciente del campo a
las grandes ciudades. A su vez la industria avanza rápidamente en volumen, pero
todavía su producción se basa en una mano de obra extensiva y barata, con
productos de escasa calidad. Sí, es cierto que cada vez ofrece más calidad, y
su mano de obra avanza hacia la homologación con el resto de los trabajadores
del mundo capitalista. Sin embargo, hoy en día, a pesar de esa evolución, China sigue siendo un país en vías de desarrollo, enorme, pero todavía retrasado con respecto a los estándares de calidad y sobre todo de responsabilidad social. No rigen todavía la mayoría de las normas industriales de Occidente. Así, es el país más contaminador del planeta. Su gasto público Per Cápita en 2014 fue de 1.691€ (En España 9.924€).
El salario medio en España en 2013 fue de 26.162€ en China no llegó a 6000€ y eso que las cifras suministradas por el gobierno chino no son muy fiables y están más bien hinchadas. No hablemos de la jornada laboral ni de las edades de jubilación.
Hasta hoy en día, China se encamina hacia los niveles de los países del “primer mundo” creciendo a una velocidad de crucero de no menos de un 7 o 10 % anual. Para poder mantener este crecimiento necesita consumir mucha materia prima, mucha energía, conseguir que su población empiece a tener un consumo creciente para poder crear una clase media al uso occidental, y mantener el dinamismo de sus exportaciones.
Las materias primas las consigue en África y Sudamérica. La energía, de los países árabes y últimamente de Rusia. Para que los chinos consuman, su poder adquisitivo tiene que aumentar, eso se consigue de dos formas: aumentando sus salarios y apreciando la moneda china, el yuan, para poder adquirir productos importados. Estas dos últimas medidas (la subida de los sueldos y la apreciación del yuan) actúan en contra de la competitividad china, y se produce una disyuntiva en cuanto a la estrategia de crecimiento de la economía.
Dicho todo esto, resulta que durante este verano, la economía China ha sufrido su primer gran parón. Parón en su crecimiento y en sus exportaciones. El gobierno chino ha tomado como primera medida la devaluación de su moneda.
Y, ¿cómo afecta todo esto a la economía mundial?
A Europa
China compra el 10% de todas las exportaciones de la Unión Europea (encabezadas, cómo no, por Alemania, que sería la gran perjudicada). Un parón en la economía de ese país obligaría a muchas empresas europeas a buscar nuevos mercados como, por ejemplo en América Latina. Otra variable es el dinero fresco que viene de China en forma de inversión directa. El año pasado fueron 16300 millones de euros.
En definitiva un frenazo en la economía China frenaría también el tímido despegue económico de Europa, y por tanto de la española.
A EEUU
Durante décadas China ha sido excedentaria comercialmente, es decir que ha tenido, y tiene, capacidad para comprar deuda de otros países, que a su vez se financian con el dinero que llega de China. EEUU es el primer receptor de dinero chino, que compra los bonos que emite la Reserva Federal. El efecto es parecido al de Europa, que dejaría de recibir inversiones directas, con la diferencia de que supondría un pequeño colapso financiero para el país norteamericano.
Comercialmente, Norteamérica exportó a China por valor de 123.000 millones de dólares, cifra astronómica que supone un balón de oxígeno, no solo para la todavía renqueante industria de los EEUU, sino sobre todo, para su balanza comercial.
A Latinoamérica
La principal fuente de riqueza de Latinoamérica proviene de sus recursos naturales, de sus materias primas. El tirón de la industria china supuso una de las principales locomotoras que impulsó el paulatino saneamiento de las economías latinoamericanas.
China no sólo es el principal cliente de la mayoría de estos países, sino que la demande de esas materias primas, que también las necesitan otros países del mundo, ha hecho que se disparen los precios, y con ello aumente la riqueza de países que dependiendo de ello, al tener dinero se pueden permitir invertir en infraestructuras, que abonan el camino a la instalación e industrias de las grandes multinacionales, que a su vez, crean puestos de trabajo y potencian el circulo virtuoso del crecimiento económico.
A Rusia
Después de los desplantes de Putin hacia la Unión Europea con motivo de la crisis de Ucrania, Rusia afronta unas sanciones comerciales del mayor mercado del mundo. Esto supone que en los próximos años Rusia tendrá graves carencias en suministros, no solo de tecnología y productos industriales de alto valor añadido, sino que además carecerá de gran variedad de bienes de primera necesidad, productos de la huerta, y otros alimentos, así como enseres, ropa, calzado, vehículos, etc…
Para responder a este “castigo” europeo, Rusia ha firmado este año el mayor acuerdo comercial con China, por el que suministrará, al país asiático, gas y petróleo por valor de 300.000 millones de euros durante 30 años. Esto será a partir de 2018.
Una ralentización de la economía china supondría, de momento una reducción de las necesidades energéticas chinas, que a su vez redundarían (ya lo están haciendo, por esto y por otras razones) en una reducción de los precios del petróleo.
Todo esto pondrá en cuestión el acuerdo, y dejará a Rusia más vulnerable económicamente.
A África
Como viene sucediendo en dos últimos siglos, África siempre es el más perjudicado. Al igual que Latinoamérica, África estaba siendo la principal fuente de materias primas para las enormes necesidades de las mismas de la industria china. Sin embargo, las peculiaridades del continente Africano en materia de estructura económica, social, y sobre todo de estabilidad política, han hecho que las empresas chinas, para asegurarse el suministro, hayan estado realizado grandes inversiones directas en varios países africanos.
De modo que África se ha estado beneficiando del tirón chino de dos maneras, por un lado de la venta directa de los recursos naturales, y por otro de la instalación de industrias manufactureras que tratan las materias primas en primeras manufacturas y las preparan para ser transportadas a China.
Ahora, ante el frenazo chino, la menor demanda, ha hecho que los precios de las materias primas hayan descendido un 50%, y lo que es peor, el parón en el aumento de nivel de vida en determinados países africanos, además de pobreza, suelen implicar también golpes de estado, guerras civiles, y combates tribales.
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