viernes, 4 de septiembre de 2015

La Europa de las fronteras


Casi desde su creación la Unión Europea ha ido desarrollándose a base crisis. O debería decir “a golpe de crisis”. Es el vivo ejemplo que da la razón a aquellos que dicen que una crisis es una buena fuente de nuevas oportunidades.
Me parece necio desear una crisis para poder mejorar. Me gustaría pensar que el hombre no necesita esa clase de “bofetadas” para desarrollarse. Pero la realidad es que la energía nuclear, el motor a reacción, el radar, internet, gps…por poner ejemplos más o menos actuales, han nacido de las guerras. También podríamos decir que la “Comunidad del Carbón y el Acero”, que nació en Europa en los años 50 y fue el embrión de la actual Unión Europea, nació para evitar que ciertos intereses económicos pudieran provocar más guerras entre las tercas y rencorosas nacionalidades el viejo continente.  
Pues bien, hoy Europa sufre una nueva crisis, la de las fronteras. En realidad no es nueva, ya la veníamos padeciendo los países pobres del sur, los “PIGS” (Portugal, Italia, Grecia, Spain). Efectivamente ya llevamos décadas recibiendo pateras del norte de África, especialmente los veranos, cargadas de seres humanos (No quiero ahora distinguir entre refugiados e inmigrantes), tratando de encontrar una vida nueva en el “primer mundo”. La diferencia es que ahora los países del norte, los ricos de Europa, empiezan a sentir esa presión. Antes, y algunos todavía los siguen haciendo, miran para otro lado cuando Italia Grecia o España pedían ayuda a la UE, para hacer frente a la avalancha de pateras, algunas cargadas de cadáveres. Incluso los ha habido que se permitieron criticar a la Guardia Civil por los malos tratos a los que pretendían saltar las vallas de Ceuta y Melilla.
Este principio del siglo XXI ha traído una cadena de revueltas y guerras civiles que han expulsado, o están expulsando, a los grandes dictadores del Magreb y del oriente más o menos próximo, y han seguido haciendo lo mismo en algunos países subsaharianos. En realidad, lo que ha surgido es una inmensa franja de los llamados países con “estados fallidos”, es decir países cuyos estados carecen de los medios suficientes para mantener el orden y las leyes, donde surgen los “señores de la guerra” y ha culminado en el cruel Estado Islámico.
Todo esto ha hecho que millones de personas, muchos con sus familias, no tengan más remedio que emigrar, ya sea por sufrir una persecución política o buscando una forma de ganarse la vida para ellos y sus hijos. Unos piden asilo político, los otros simplemente un trabajo con que pagarse la subsistencia.
Europa, como siempre se vuelve un gallinero en que cada país cacarea sus derechos y adopta su política independientemente de la de los vecinos. Así, unos claman por la asignación de cuotas de por países, otros claman por cerrar a cal y canto su país derogando los acuerdos de Schengen, otros dicen haber llegado a acuerdos con los demás, pero no se saben los detalles, etc.
 El primer ministro húngaro ha puesto el dedo en la llaga. Ha dicho que “Está defendiendo las fronteras de la UE” y añade que no es un problema húngaro ni de la UE sino que es un problema alemán, que ha dicho que dará acogida a todo aquellos refugiados que lleguen a suelo alemán.
Si, esos mismos alemanes que acaban de ahogar a sus aliados griegos, ahora aceptan a todos aquellos que lleguen a suelo alemán.
Antes de lo que podíamos llamar “dictadura de los intereses alemanes”, cuando estaban los Adenauer, Giscar Déstaigne, Felipe González, etc. La solución sería lo que se llamaba “más Europa”. Posiblemente se avanzara hacia la creación de un cuerpo de aduanas europeo, y una fuerza de acción rápida para garantizar la integridad de las fronteras, por tanto, no solo de la UE sino de cualquiera de los miembros. Todo ello con cargo a los fondos de Bruselas y bajo la tutela de Parlamento Europeo.
Pero, la realidad actual es muy diferente. Alemania sabe que es un país envejecido que lejos de ser generoso, necesita imperiosamente mano de obra joven que pueda pagar sus privilegiadas pensiones. Alemania hoy está siendo una gran receptora de mano de obra europea, se beneficia de lo que hemos gastado los países pobres en formación y educación de nuestros jóvenes, se los lleva, los da trabajo más o menos cualificado, y eso sí, les enseña alemán.   
Sin embargo, esos beneficios ahora no parecen suficientes para los germanos, quieren una mano de obra aún más barata, aún más desesperada, y sobre todo más agradecida. Por eso dice que acogerá a todos aquellos que lleguen a suelo del Reich. Después, cuando tenga la suficiente gente, cerrará sus fronteras y saldrá de Shengen.
Lo dicho, no es nada solidario, es altivo y despreciativo. Sobra en Europa.    

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