Todos los presupuestos, en general,
contemplan ingresos y gastos. Si los gastos son mayores que los ingresos,
tenemos déficit. Ese déficit se financia endeudándose mediante créditos, que
forman la deuda pública, deuda que tiene un coste en intereses, que, a su vez
aumentan los gastos.
Tanto el déficit como la deuda
son magnitudes relativas, es decir, aunque están cuantificadas en términos
absolutos, tienen relevancia según el porcentaje que supongan de lo que produce
el país cada año, es decir del porcentaje que supongan del PIB (Producto
interior bruto). Esto es muy lógico, puesto que por ejemplo, si Patricia Botín
y yo tuviéramos una deuda de 3000 € cada uno, esta deuda me preocuparía
infinitamente más a mí que a ella. Preocupación que variaría exactamente en la
medida de en qué porcentaje de nuestros ingresos anuales representasen esos
3000 €. De igual modo los países se comparan unos con otros en función de los
porcentajes que suponen estas magnitudes sobre sus respectivos PIB.
Situación española
La situación aproximada a
finales de 1918, es un déficit algo por debajo del 3% del PIB (posiblemente un
2,7), y una deuda del 98 % del PIB. (Los países del euro, se comprometieron a
tener déficits por debajo del 3%, y deudas por debajo del 60% del PIB). Es
decir, ahora nuestro desequilibrio principal, empieza a ser la deuda pública.
Se puede pensar que la deuda
sólo se puede bajar pagando los intereses de la deuda más el principal. Esto es
evidente, pero lo que se nos pide es una reducción del porcentaje de deuda en relación
con el PIB. Por tanto, hay otra forma
adicional para esa reducción: Con crecimiento del PIB. (A igual masa de deuda,
si aumenta el PIB, automáticamente disminuye el porcentaje de esa deuda sobre
el mencionado PIB.
Pero esa reducción porcentual,
de esa forma, no es suficiente para una reducción relativamente rápida de la
deuda, de modo que Bruselas impone unas reducciones de los déficits por debajo
de ese 3%, tendente a 0, hasta que las deudas se acerquen a ese 60%.
Lo mismo se podría decir de los
déficits públicos. (Con el mismo déficit, si crece el PIB, el porcentaje baja).
Este concepto de porcentaje sobre el PIB es muy importante para comprender los
objetivos de los presupuestos de un País.
Diferencias entre los supuestos
del PP y los de PSOE
En concreto, los nuevos
objetivos de déficit público serán:
PSOE 1,8% del PIB en 2019, del 1,1% en 2020 y del 0,4% en 2021, PP
1,3% del PIB en 2019, del 0,5% en 2020 y superávit del 0,1% en 2021.
Respecto a la deuda:
PSOE 96,1%
del PIB en 2019, en el 94,1% en 2020 y en el 91,5% en 2021.
PP 95,2% del PIB en 2019, en el 92,4% en 2020 y en el 89,1% en
2021.
Es decir, el PSOE propugna una
ralentización en la corrección de los desequilibrios, supuestamente pactado con
Bruselas.
Los que alguna vez hemos tenido
que presentar presupuestos sabemos que casi nunca se cumplen, y si miramos
atrás, los presupuestos nacionales que se han ido presentando se han ido incumpliendo
año tras año. Por eso lo importante de un presupuesto es que sea creíble, ya
que en ambos casos los dos presupuestos (Del PP y del PSOE) presentan
tendencias similares, y sólo varían en la velocidad de corrección de los
desequilibrios. Incluso, si ponderamos las inexactitudes en el cálculo de las
macro magnitudes, casi podríamos decir que las diferencias entre ambos tienden
a ser inapreciables.
Ahora bien. Con esas premisas en
la mano, las verdaderas diferencias entre ambos presupuestos están en estas dos
preguntas:
¿Quién paga los gastos generados?
Y ¿Quién recibe la riqueza redistribuida?
La bandera del PSOE, para el
ejercicio 2019, es que estos presupuestos tienen el objetivo de redistribuir
mejor la riqueza generada a tenor de la salida de la crisis, y dicen que están
en línea con las nuevas corrientes europeas que propugnan el final de las políticas
de austeridad. Para ello aumentan los impuestos a las rentas mayores de 150.000
€ anuales, a las empresas grandes y medianas y lo reducen a las PIMES y los
autónomos, y crean nuevos impuestos (al diésel para uso privado, a las
transacciones financieras, y a las ciber-empresas). Esos incrementos de
recaudación irían para aumentar el gasto social (Revalorización de las Pensiones,
eliminar el copago farmacéutico, etc.).
La bandera del PP es que sería
una catástrofe ya que las empresas se marcharán a otros países y la clase media
será machacada con ese impuesto al diésel, y volverá el paro a aumentar y
volveríamos a los tiempos de Zapatero. Aseguran que los socialistas sólo saben
aumentar los impuestos y gastar más de lo que se ingresa.
En realidad las críticas al
presupuesto son muy generales, con muchos juicios de valor (papel mojado,
ilegales, en manos de los golpistas catalanes, etc...), en todo caso dan la impresión
de que responden más al deseo de que fracasen que a colaborar para mejorarlos
con sus propuestas.
Antes de terminar este análisis económico,
quiero aclarar un concepto que tiende a confundir a la opinión pública. Es el
de la subida del SMI (salario mínimo interprofesional) a 900 euros. Hay que
decir que esta medida, no tiene que ver con la Presentación de los Presupuestos
Generales del Estado. Es una medida económica que influye en el aumento de los
ingresos del año 2019, ya que mejora la demanda de ese sector social, con lo
que aumenta la recaudación por IVA (Impuestos indirectos) y también la de los
impuestos directos, con la consiguiente dinamización de la economía real, y la
ayuda a la reducción del déficit. Eso si, a costa de los beneficios de los empresarios
que pagan ese salario mínimo (redistribución de la riqueza).
Análisis político
Hasta aquí el análisis puramente
técnico de los presupuestos. Pero evidentemente, unos presupuestos generales
del Estado tienen una carga política enorme, y los políticos tienden a poner la
política delante de la economía, y suelen anteponer sus propios intereses
políticos a los de los ciudadanos y sus bolsillos. Por tanto todos los
partidos, digan lo que digan a las cámaras, tienen muy claro que va a haber
unas elecciones y se están preparando para ellas.
El escenario que contempla el
PSOE es aprovechar el tiempo que lleven en el gobierno para mostrar que hay
otra forma de mejorar el país. Para ello han elaborado estos presupuestos,
presupuestos-gancho, pretendiendo mostrar su capacidad para modernizar el país,
tal como lo hizo Felipe González en su día, y punto. Eso significa que está
dispuesto a convocar elecciones generales a la menor ocasión que le den sus “socios
independentistas”, a la espera de alcanzar una mayoría que le permita llevar a
cabo ese programa, cuya campaña está casi hecha. Podrán alardear de no haber hecho
ninguna concesión a los independentistas, ni siquiera quiere que el PNV le dé
nada, ya ha hecho su tarea, las encuestas le favorecen.
Podemos, no tiene más remedio
que moverse y tratar de evitar que el PSOE le coma más espacio político, y se
ve obligado a tratar de asociarse al él para formar un “frente de centro-izquierda”,
cediendo en algunas de sus líneas rojas, en aras de los nuevos tiempos
multipartidistas abocados al diálogo. Por eso, no sólo apoya los presupuestos,
sino que trata de presentarse como coautor de los mismos. Presenta su proyecto
de sustituir, en Cataluña, el escenario actual de “independentistas versus
constitucionalistas” por “derechas versus izquierdas”.
El PP, ante esta perspectiva,
trata de que el PSOE se desgaste rápidamente y no tenga oportunidad de mostrar
sus ideas. Para ello, se considera renovado y ya libre de su pasado de escándalos
y corrupciones. Tiene que posicionarse más a la derecha, para poder hacer críticas
más radicales, crispando a sus bases y tratando de diferenciarse de Ciudadanos,
pero cuidando de que no le sobrepase por la derecha ni de ser etiquetado como
cercano a VOX. No acepta estos presupuestos, ni aceptaría ningún otro que venga
del PSOE. Necesita desalojarle en unas nuevas elecciones, confiando en la
inquebrantable lealtad de sus votantes de siempre.
Ciudadanos está muy mediatizado
por el problema catalán, se presenta como el garante de la integridad nacional,
y trata de conformar con el PP un supuesto frente constitucionalista,
propugnando el artículo 155 nada más llegar al poder. Le sigue costando dar la
imagen de partido nacional en vez de simplemente catalán (Tuvo que asociarse
con el PSOE en Andalucía). Al igual que
el PP, necesita unas nuevas elecciones y, por tanto jamás aceptaría estos
presupuestos.
Conclusión y perspectivas
En general, vemos que a ninguno
de los cuatro grandes partidos les interesa que se aprueben estos presupuestos,
ni siquiera al PSOE. Bueno, se da la paradoja de que a los que más les interesaría
que se aprueben estos presupuestos es a los independentistas catalanes, que mejorarían
su financiación y prolongarían la política de apaciguamiento a base de pasta,
pero no pueden decirlo. Una vez más ponen delante los intereses políticos de
sacar a sus presos de la cárcel al bienestar de los catalanes.
Y si no se aprueban ¿qué pasa?
Pues si no se aprueban se
prorrogan los existentes, es decir, los que se aprobaron con Rajoy, aquellos que
se aprobaron gracias al PNV ¿Os acordáis?, aquellos en los que las pensiones subían
el IPC en 2018 y en 2019 y después…veremos.
Queda la duda de si Sánchez
convocará elecciones o agotará la legislatura con los presupuestos prorrogados
para exasperación de populares, ciudadanos y hasta de los de Podemos. Yo
apuesto por elecciones pronto.
Y ¿Los ciudadanos? Nada, no
importamos. Aguantaremos con lo que nos echen, y lo saben.
No hay comentarios:
Publicar un comentario