lunes, 29 de octubre de 2018

El futuro de la industria armamentística española


A propósito de la urgencia para decidir sobre la venta de armas o no a Arabia Saudí, dilema del que me declaro incapaz de tomar partido por una u otra postura. Voy a tratar de exponer la situación actual de nuestra industria de armamento.

En primer lugar, rápida y resumidamente, daré las cifras de ese sector:
Para la redacción de estos artículos de opinión de “decomoloveo”, lo primero que suelo hacer es proveerme de datos y cifras, información que hoy en día es fácil de encontrar en Internet. Sin embargo, en este caso concreto me he encontrado con que los datos, aunque no son dispares, sí son diferentes. Por eso he decidido transcribir lo dicho por tres, a mi juicio, expertos en esta materia.
Así, José Enrique de Ayala (Fue jefe del Estado Mayor del Eurocuerpo entre 2001 y 2003) dice:
En 2015, las 608 empresas registradas en el ministerio de Defensa facturaron, en 2015, 82.549 millones de euros, de los cuales más de un 7%, casi 6.000 millones, en el sector defensa, dando trabajo a más de 200.000 personas, con cerca de 21.000 empleos directos y 30.000 indirectos”.
Por otra parte, el exteniente general José Julio Rodríguez, (Ahora dentro de Podemos), que Fue jefe del Estado Mayor de la Defensa entre 2008 y 2011, asegura:
“La industria de defensa es estratégica si consideramos sus datos de facturación: más de 10.000 millones de euros, 55.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos y un 80% de su producción dedicada a la exportación”.
Y un tercero: Jesús A. Núñez Villaverde (Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria)
“En términos estrictamente económicos la industria de defensa española no es relevante. Ni por volumen de negocio (apenas representa el 1% del PIB), ni por empleo (50.000 puestos de trabajo)”.
Y siguiendo así, he encontrado más cifras similares, pero no he podido encontrar cifras digamos…oficiales u objetivas.
En fin, en realidad creo que la industria armamentística es un término un poco indefinido. ¿Es la que produce bienes y servicios para la defensa?, y ¿para la seguridad?, ¿incluso para la protección civil?; No olvidemos que una de las unidades más queridas y más utilizadas continuamente es la UME (Unidad Militar de Emergencias), con objetivos claramente de protección civil más que estrictamente de defensa.
Y sigo preguntando: una fábrica de escopetas de caza ¿es parte de la industria de defensa?, y otra de explosivos para la minería o para la construcción de carreteras ¿lo es? Y así podríamos seguir. En fin, simplemente quería poner de relieve que no hay una línea clara que separe la industria armamentística de la puramente civil. De hecho hay un concepto híbrido que es el denominado “tecnologías de doble uso”. Más adelante comentaré sobre esto.
¿Industria estratégica?
Dicho esto, vamos a abordar lo estratégico de este tipo de industria, que ni está claramente delimitada, ni hay un claro consenso sobre su repercusión financiera ni de puestos de trabajo. Pero nadie pone en duda el peso importante que tiene en el sector industrial español. (Recordemos que España está inmersa en un proceso de reindustrialización, que tiene por objeto, no solo aumentar significativamente el porcentaje de la industria en la estructura productiva española, sino también aumentar su valor añadido y su reconversión a la llamada industria 4.0, propia de la era digital).
Sin embargo, el hecho de que la industria de la defensa sea estratégica para un país, no es simplemente por el factor industrial y, por tanto económico. La industria de la defensa es estratégica porque es la que puede proporcionar un poder militar autónomo y permanente a un país.
Todo país que quiera disponer de ese poder autónomo y permanente, lo primero que tiene que hacer es dotarse de una Base Industrial y Tecnológica de la Defensa (BITD). Y eso es lo que le convertirá a la postre en una potencia autónoma. Por ejemplo, ese poder militar autónomo y permanente es lo que debe construir la UE, ya que los EEUU han decidido que ya no nos defenderán como hasta ahora.
La industria de defensa en España, todavía no está considerada como estratégica. Esto, desgraciadamente, significa que la cultura de nuestro país, no relaciona la capacidad industrial militar española con la protección de los intereses estratégicos nacionales. Esto se debe a que, hasta ahora, por un lado nos ha protegido la OTAN, y por otro, otras potencias nos han dotado de armamento sofisticado sencillamente vendiéndonoslo. Es decir, España no tiene todavía una voluntad de autonomía estratégica.
Por supuesto, hay excepciones: Disponemos de un portaaviones de fabricación nacional con tecnología electrónica y de comunicaciones también en un alto porcentaje de desarrollo español. También pertenecemos al programa aeronáutico de caza europeo Eurofighter.
Nuestra posición en la UE, en este ámbito, se ha venido asimilando a la de la antigua Alemania occidental, y opuesta a la de UK y Francia, que disponen de arsenal nuclear. Por eso el Brexit supone un desequilibrio en materia de defensa en Occidente, ya que UK tiene un alto grado de autonomía en su industria militar.
Por este error, a mi juicio, de no considerar estratégica a la industria de defensa, el futuro de esta industria española depende ahora de tres factores, desgraciadamente exógenos:
-De su integración en la base tecnológica e industrial de la defensa europea.
-De los fondos y programas europeos para investigación y desarrollo.
-Y finalmente de los nichos de mercado global que puedan encontrar sus industrias.
(Ver artículo anterior: ”Defensa común europea”).
España ahora es el séptimo exportador mundial de armamento, sin embargo no disponemos de una Base Industrial y Tecnológica de la Defensa (BITD) propia y adecuada a nuestras necesidades.
Lo que sucede es que España tiene un gasto reducido en defensa en comparación con los países próximos y de nuestro tamaño. La BITD no tiene el tirón de la “demanda interna”, es decir la demanda industrial de nuestras fuerzas armadas a nuestra industria de armamento es muy débil, y paga mal y tarde.
Una muestra de esto son los llamados PEAS (Planes especiales de armamento), que no dejan de ser un quiero y no puedo, y resultan unas inversiones de dudosa eficacia.
Un caso dentro de los PEAS: se fabricó un modernísimo submarino S-80 que no flotaba y hubo que dedicar tres años más a retocarlo. Esto no es poner en ridículo a nuestra ingeniería naval, una de las mejores del mundo, es poner de relieve que no dispuso de los recursos económicos necesarios y en el tiempo, para acometer ese nivel tecnológico con eficiencia, ya que hubo impagos, falta de personal y de otros medios.
El resultado de este tipo de proyectos, lejos de ayudar a la BITD, encarecen su desarrollo, apareciendo sobrecostes de dos tipos: Por un lado por la demora en la entrega (que obliga a mantener material obsoleto), y por otro, por la acumulación de intereses de demora debidos al retraso en los hitos de pago. En mayo de 2017, Defensa acumulaba una deuda de ¡30.000 millones de euros! según el tribunal de cuentas.
Con esta situación de la demanda nacional de armamento, nuestra industria solo puede mantenerse con una política agresiva de exportaciones “a quien sea” (Y aquí aparece, no solo Arabia Saudita, sino otros países tan candentes como Venezuela, por ejemplo).
Muchas de las empresas que tenemos hoy, no sobrevivirían sin la carga de trabajo exterior de defensa. Son especialmente vulnerables las industrias navales y aeroespaciales, y al mismo tiempo importantísimas por ser desarrolladoras de tecnologías de “doble uso”, es decir susceptibles de ser utilizadas en el mundo civil. Esto implica una enorme oportunidad de negocio. Tengamos en cuenta que, por ejemplo, el sistema de geo localización GPS fue, en su día, tecnología exclusivamente militar hasta que el ejército norteamericano lo declaró precisamente “Tecnología de doble uso”.
A la vista del “estadio del arte” de nuestra industria de armamento, espero que se entienda por qué me declaro incapaz de posicionarme sobre vender o no vender armas a países que no respeten los derechos humanos. No es ético, pero “más cornadas da el hambre”.
El futuro
Entonces, ¿Qué se puede hacer con nuestra industria de defensa? ¿Qué podemos esperar de ella?
La solución habría que buscarla en la UE. El momento es óptimo para ir por ese camino. Tal como digo en mi articulo sobre la defensa común europea “Por primera vez en la historia de la UE se va a incluir en los presupuestos de la Unión la creación de un Fondo Europeo de Defensa dotado con 13.000 millones de euros (El gasto español para 2017 fue de 16.227 millones de €). El objetivo es llegar a los 19.000 millones, que representan el 1% de lo que gastan, individualmente los países europeos, en defensa. Ese dinero se empleará en reforzar la Agencia Europea de Armamento. El objetivo último es reducir al máximo la dependencia tecnológica de los EEUU en lo referente a armamento.”
Es decir se está yendo en la línea de crear una verdadera BITD (Base Industrial y Tecnológica de la Defensa) enteramente europea. Así, al amparo financiero del Fondo Europeo de Defensa, se ha creado la llamada OCCAR (Organización Conjunta de Cooperación en Materia de Armamento). Cuyo primer fruto está siendo el desarrollo del avión de transporte militar A-400.
El tamaño de una Europa unida realmente para su autodefensa, si permite disponer de una BITD a la medida de la gran potencia económica que es, y puede ofrecer retornos suficientes para mantener nuestra industria e impulsarla tecnológicamente, al igual que las de los demás socios. Sería un nuevo mercado Único Europeo, el de la industria de la defensa. Aunque acabara con las empresas más débiles, como ha sucedido en otros sectores, abriría a las más competitivas un mercado suficientemente amplio para sostenerse e invertir lo suficiente en I+D+i.
El hecho de que los procesos de transición no sean fáciles no es excusa para no abordarlos. El retraso en la toma de decisiones a la espera de tiempos mejores nunca es una buena estrategia. Al contrario, suele agravar los problemas. Si no que se lo pregunten a Rajoy.

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