Al amparo de aquel “América
first” de Trump, Estados Unidos ha declarado una guerra comercial en todo el
mundo, con el objetivo de atajar los “abusos” que muchos países cometen contra
los trabajadores norteamericanos. Pero ¿qué es una guerra comercial?
Comerciar es, en esencia,
trasladar un bien desde el lugar donde se produce al lugar donde se consume. En
este proceso, aparentemente sencillo, se pueden dar muchas variantes y puede
haber mucho intermediarios. Una de estas variantes es aquella en la que, en el
transporte de los bienes, se atraviesa alguna frontera. Es decir el proceso
comercial se da entre países.
El país receptor de esos bienes
los llama importaciones, o sea importaciones son los bienes que se consumen en
un país, pero no han sido producidos en él. Esto supone que el país importador
no ha intervenido en la producción de ese bien, es decir que los puestos de
trabajo y el beneficio de la venta se quedan en el país productor o país exportador.
El conflicto se da cuando el país importador también produce ese tipo de bien,
y compite con los productos extranjeros.
Y ¿por qué un consumidor de un país
prefiere comprar productos importados? Pues, sencillamente porque considera que
son de mejor calidad, mas baratos o, sencillamente, porque le gustan mas. Se
dice que esos productos extranjeros son “más competitivos” que los nacionales.
La consecuencia es que la industria del país importador resulta perjudicada,
pierde puestos de trabajo y puede llegar a hundirse.
Y aquí empiezan ya los
disfemismos bélicos: se habla de invasión de productos extranjeros, de ataque a
la industria nacional, o de defender a “nuestros trabajadores”.
Para un país hay variadas formas
de obstaculizar las importaciones que vienen de otro país concreto, pero quiero
comentar dos de ellas. Una es prohibir directamente la importación de ese bien,
y otra hacer que resulte muy caro.
Prácticamente ningún país del
mundo puede permitirse el lujo de cerrar sus fronteras comercialmente, por lo
tanto se cuidará muy mucho de ver que productos prohíbe. Por tanto, la otra
opción, la de hacer que los productos importados resulten más caros que los
bienes similares producidos en el país importador, es la política mas extendida
en la guerras comerciales.
Esto se hace imponiendo los
llamados aranceles, que son impuestos que cobra el país importador en su
aduana, y que obligan al exportador a subir el precio de sus productos, una vez
dentro del país, si quiere obtener un beneficio que merezca la pena.
Y se “inician las hostilidades”,
puesto que el exportador, también importa otros productos y si se considera
agredido por la subida de aranceles del país importador de sus productos, puede
también aumentar los aranceles a los productos del país “agresor”.
Los aranceles discriminan entre
los diferentes productos que traspasan fronteras, y del país de origen. Cada
tipo de mercancía es penalizado con un tipo arancelario diferente, según lo
necesario o no para el país importador, y según lo “agresivo comercialmente”
del país productor.
En fin, el comercio
internacional tiene muchísimos más condicionantes y matices, tantos que si
profundizase mas, temo que se perdería el hilo del tema de este articulo. Yo
creo que lo dicho hasta ahora puede ayudar a entender lo siguiente.
Por ejemplo cuando Trump dijo
aquello de “América primero”, inició una serie de medidas encaminadas a
proteger la industria norteamericana de los competidores extranjeros, y esos
son muchos, casi todos los países del mundo.
Hay que decir que, en las
guerras comerciales, como en las de verdad, nadie gana. El primer perjudicado
es el consumidor del país importador, el que demanda los llamados bienes de
consumo, que tiene que decidir entre pagar mas por el producto que le gusta o
comprar otro de producción nacional que no le gusta tanto.
Pero hay otro tipo de bienes,
los llamados bienes de capital, que son aquellos que se usan en la industria
para producir otros bienes, por ejemplo un carburador es un bien que no compra
el consumidor final, sino que lo compra la fábrica de coches para incluirlo en
sus vehículos.
Si un país obliga a sus
productores a decidir entre adquirir productos nacionales, digamos de peor calidad, o aquellos, que al ser importados tienen un
precio artificialmente más alto. En ambos casos, el producto nacional final (En
este caso el coche), resulta, o bien es de peor calidad o es mas caro, según la
decisión tomada. La siguiente consecuencia es que la industria nacional se hace
menos competitiva y tiende a desaparecer.
Para el país exportador, le
caben tres posibilidades: una que consistiría en tratar de bajar los precios
ganando menos, otra bajar los precios bajando la calidad, y la última es tratar
de venderlo a otros países que no le impongan esos aranceles tan altos.
Ahora, con estas consideraciones
puestas sobre la mesa, veamos los hechos.
La historia reciente demuestra
que, cuando un grupo de países se pone de acuerdo para reducir los aranceles
entre ellos, el comercio entre los miembros de ese grupo se beneficia, pero lo
hace en detrimento del de terceros países. Por ejemplo, la creación de la UE,
tuvo su origen en la, no solo reducción sino la anulación, de los aranceles
entre sus miembros. Esto nos ha llevado a una mejora sin precedentes durante
las últimas décadas. Hoy es muy difícil para un país miembro de la UE encontrar
productos de fuera de ella que sean más competitivos que los producidos dentro.
Por tanto ese comercio intracomunitario crece en detrimento de los intercambios
con terceros países.
Del mismo modo, en sentido
inverso, cuando dos países se “ponen en guerra” comercial, sus intercambios se
reducen y abren posibilidades para aumentar los intercambios con terceros. Hay
un proverbio que dice "Cuando dos se pelean, el tercero se regocija."
La guerra comercial que empezó
Trump, después de varias escaramuzas contra México, Canadá, UE, Rusia, etc. Ha
evolucionado hacia una situación en la que hay dos contendientes principales:
EEUU versus China. Dentro de lo triste que es toda guerra, incluso las
comerciales, ya que en una matan las armas y en la otra la miseria, hay que
decir que esta guerra nos beneficia.
Aunque Los estados Unidos sea la
actual potencia hegemónica mundial, incluso Trump ha comprendido que no puede luchar contra el
resto de la humanidad. Así ha vuelto a firmar un tratado comercial con México y
Canadá, una tregua con la UE, y hasta con Japón y Corea del Sur. Además, le
cuesta mucho mantener las sanciones comerciales contra países como Rusia o
Irán, que también hacen daño a USA.
Solo le queda un adversario comercial:
China. China es el país al que considera la verdadera bestia negra. La potencia
creciente, que cada vez mas les mira de tú a tú. China es ya la segunda
economía global y acercándose cada vez más a la primera: USA. La pugna entre
China y EEUU va mas allá de una mera guerra comercial, también compiten en
influencia en sus zonas, en cultura, en avances científicos y hasta
militarmente.
Pero volvamos a su guerra
comercial. Los últimos datos de finales de Octubre hablan de aranceles
superiores al 10% sobre 250.000 millones de dólares en productos chinos. Estos
aumentos de aranceles a los productos chinos que pretenden entrar en USA, hacen
más competitivos a los productos europeos ante el mercado norteamericano sobre
los productos chinos. Del mismo modo, en el mercado chino, tanto los
productores europeos como los asiáticos tendrán una ventaja competitiva sobre
los productores estadounidenses.
Como dice Daniel Gros, el
prestigioso economista alemán, director del Centro de Estudios de Política
Europea: “Es probable que una parte sustancial del comercio entre Estados
Unidos y China se desvíe hacia Europa, Japón y otras economías asiáticas
cercanas al mercado chino. Es probable que la Unión Europea obtenga beneficios
especialmente importantes, ya que sigue siendo uno de los principales socios
comerciales tanto de los Estados Unidos como de China, y porque los productores
europeos son a menudo los competidores más cercanos de las empresas
estadounidenses”.
Esto ya está pasando, por
ejemplo, en el sector automovilístico: China, por la guerra comercial, grava a
los vehículos importados de EEUU con aranceles de hasta el 40%. Mientras que ha bajado los aranceles del resto
de los coches que importa de otros países, del 15% al 10%. Y acaba de saltar la
noticia, de que China está estudiando reducir del 10% al 5% esos aranceles.
China es el mayor mercado automovilístico del mundo, y no tiene aún, restricciones
tan estrictas sobre la emisión de gases contaminantes, como las de otros
mercados. Ahora los coches europeos, japoneses o coreanos, para los compradores
chinos serán un 5% más baratos, mientras que los coches norteamericanos
resultan un 40% más caros.
Hay muchos sectores en
circunstancias parecidas. Airbus podría copar el mercado aeronáutico Chino en
detrimento de Boeing, etc…
Por tanto los primeros
perjudicados siempre son los protagonistas de la guerra. Pero en este caso,
parece que los EEUU están siendo los principales perjudicados. Los productos
chinos son más fáciles de “colocar” en otros mercados, mientras que los productos
que USA vende a China es más complicado de vender en otros países.
En conclusión, una guerra comercial
puede causar mucho daño. Pero si entre dos países, por efecto de la globalización,
lo que sucede es que el flujo comercial cambia perjudicando a los dos países en
guerra y beneficiando a los otros competidores.
Las guerras comerciales ya no
son lo mismo, se están convirtiendo en guerras como aquellas de Gila en las que
tomaba el teléfono y decía:
¿Está el enemigo?....Que se
ponga.
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