lunes, 11 de mayo de 2015

La batalla de Las Ardenas (Operación Wacht am Rhein)


El historiador militar sueco Christer Bergstrom ha publicado un curioso ensayo sobre la famosa ofensiva alemana a finales de 1944 en la zona de Las Ardenas. El autor, exmilitar sueco, ha publicado más de  20 libros sobre la Segunda Guerra Mundial, especialmente sobre batallas aéreas, es conocido por su visión diferente de esa parte de la historia reciente de la Humanidad que comenzó en el año 1939 y terminó en el 1945.  
La historia dice que, a finales de 1944, tras cinco años de guerra  ininterrumpida, el ejército alemán parecía estar a punto de ser vencido, y se creía que sólo la tenacidad demencial y enfermiza de Hitler mantenía todavía viva esa guerra.
Los aliados perforaban las fronteras de Alemania con sus dos grandes ejércitos, por el este el ruso y por el oeste y sur el Anglo-Americano, más los batallones compuestos por los soldados de los países que, habiendo sido ocupados por los alemanes, habían podido huir a Inglaterra y otras zonas no ocupadas por los nazis.
Sin embargo, sostiene este libro, que la situación de las tropas alemanas, a finales de 1944 no era tan crítica como parecía, y que estuvieron a punto de dar un auténtico vuelco a curso de la guerra.
La región de Las Ardenas engloba a Bélgica, Luxemburgo y el Noroeste de Francia. La contraofensiva Germana se llevó a cabo por total sorpresa, en un sector ocupado por un ejército norteamericano completamente confiado en que el final de la guerra estaba cerca y en pleno invierno, que ese año fue especialmente crudo.  Además, los alemanes pusieron todo lo que tenían en ese momento, 300.000 soldados, 1.800 vehículos blindados, y 2400 aviones.
Al cabo de los primeros compases del ataque germano, el ejército norteamericano estaba contra las cuerdas, algunas unidades estuvieron en una situación tan crítica, que el propio general Patton escribió en su diario: “Todavía podemos perder la guerra”.
Dice Bergstrom en su libro, que los alemanes estaban mejor preparados de lo que la historia escrita por los vencedores suele reconocer, ya que su moral era alta, especialmente al ver las nuevas armas, disponían de un material excelente en aquella época, y sobre todo sus comandantes eran muy buenos, disciplinados y contaban con mucha más experiencia en combatir a los tanques Sherman americanos, netamente inferiores a los Panther, y sobre todo a los nuevos Tiger II, por otra parte, la infantería alemana disponía del primer fusil de asalto del mundo, el Sturmgewehr 44, y los primeros, aunque pocos todavía, aviones a reacción de la historia, el ME-262 y AR-234, recién salidos de las fabricas Messerschmitt y Arado, el primero un caza y el segundo un bombardero, totalmente superiores a todas las máquinas de guerra aérea que existían en ese momento en el mundo. Sin embargo cometieron el tremendo error de mantener la mayor parte de estos aviones en el frente del este, confiados en que el mal tiempo no permitiría a los anglo-americanos sacar su gran fuerza aérea.
El tiempo mejoró y los aliados pudieron cortar los suministros de los alemanes bombardeando su retaguardia, sin ser acosados por los aviones de elite alemanes, que, sin duda habrían barrido a los Mustang y a los más de 3.000 aviones de la VIII y IX Fuerzas Aéreas americanas por el contrario, casi 700 aviones más convencionales alemanes fueron derribados o destruidos en tierra.
En fin, no voy a entrar en los detalles, ya que el libro es un portento de descripción con toda clase de detalles, tanto tácticos como técnicos, y desde aquí, aconsejo su lectura a los aficionados como yo, a la Segunda Guerra Mundial. Entiendo que se ha convertido en un libro de lectura imprescindible para los que deseen entender los avatares de esa crucial batalla.
Dicho esto, quiero pasar a comentar los aspectos referentes a las consecuencias que tubo esta batalla para la historia, que, a mi parecer han sido tremendamente trascendentales.
El primer escenario, el que sucedió, es decir la victoria de los aliados y la derrota del ejército alemán. Los norteamericanos aprendieron demasiado al pie de la letra la lección, y a partir de ese momento ralentizaron su avance hacia Berlín, atacaban con prudencia, acumulando tropas y material, planificando las ofensivas y primando la seguridad sobre la rapidez de los avances. Algo lógico, la batalla aunque ganada, les había debilitado tanto material como anímicamente, y la moral de la tropa había descendido, antes de las Ardenas, habían infravalorado a los germanos y después los sobrevaloraron, ya hasta el final de la guerra.
Esa ralentización del avance y el excesivo respeto al enemigo basado en la consciencia de su debilidad técnica, hizo que no vieran que, simplemente los alemanes habían puesto todo lo que tenían contra ellos, dejando expuesto el frente oriental al libre albedrío de los rusos, que no encontraron casi resistencia en su avance. Esto hizo que se creciera, y adoptara la estrategia contraria a la de los anglo-americanos, es decir primando la velocidad a la prudencia. Así, ocuparon una mayor superficie del territorio alemán de lo previsto, incluyendo Berlín, arroyando todo a su paso hasta encontrarse con los aliados del oeste.
El ejército rojo se volvió orgulloso y arrogante y sus dirigentes tomaron posturas de fuerza en el reparto de Alemania, los otros vencedores a su vez les hicieron tantas concesiones, que no se pudo evitar la guerra fría, y no hubo un primer signo firmeza hasta la crisis de los misiles en Cuba, con Kennedy, que casi desata la tercera guerra mundial.
El segundo escenario, en el que los alemanes consiguen, apoyados en sus nuevos aviones a reacción destruir las fuerza aéreas británicas y norteamericanas,  que por tanto no pueden cortar el suministro de los alemanes, mientras que éstos si cortan el de los aliados. El resultado es que los alemanes aniquilan las divisiones norteamericanas de Patton, y después nada les impide llegar a Amberes y cercar al ejército de Montgomery en el norte, volviendo al escenario de Dunkerque en el año 40, y echando al mar otra vez a los aliados a las islas Británicas.
En este escenario, los alemanes, aunque no parece probable que el final de la guerra no fuera una derrota,  tendrían tiempo de volverse hacia el frente ruso, y alargar la guerra, probablemente hasta finales de 1945 o más, pero hay un arma que, meses después los americanos pusieron en el escenario bélico, era la bomba atómica. Habría sido muy probable que dos de las mayores ciudades alemanas, hubieran precedido a Hiroshima y a Nagasaki.
Cabría un tercer escenario, en el que Hitler, absolutamente cegado por su odio a los comunistas, hubiera lanzado todo lo que tenía contra los rusos, en vez de contra los americanos. No creo que eso hubiera cambiado el resultado de la guerra, pero sí que hubiera debilitado al ejército rojo de tal manera que su presencia en territorio alemán hubiera sido meramente testimonial en el mejor de los casos, no habrían accedido a la tecnología de vanguardia de los alemanes, y Rusia volviera a ser ese gigante dormido que era hasta la invasión germana.

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