El historiador militar sueco Christer Bergstrom ha publicado
un curioso ensayo sobre la famosa ofensiva alemana a finales de 1944 en la zona
de Las Ardenas. El autor, exmilitar sueco, ha publicado más de 20 libros sobre la Segunda Guerra Mundial,
especialmente sobre batallas aéreas, es conocido por su visión diferente de esa
parte de la historia reciente de la Humanidad que comenzó en el año 1939 y
terminó en el 1945.
La historia dice que, a finales de 1944, tras cinco años de guerra
ininterrumpida, el ejército alemán parecía
estar a punto de ser vencido, y se creía que sólo la tenacidad demencial y
enfermiza de Hitler mantenía todavía viva esa guerra.
Los aliados perforaban las fronteras de Alemania con sus dos
grandes ejércitos, por el este el ruso y por el oeste y sur el Anglo-Americano,
más los batallones compuestos por los soldados de los países que, habiendo sido
ocupados por los alemanes, habían podido huir a Inglaterra y otras zonas no
ocupadas por los nazis.
Sin embargo, sostiene este libro, que la situación de las
tropas alemanas, a finales de 1944 no era tan crítica como parecía, y que
estuvieron a punto de dar un auténtico vuelco a curso de la guerra.
La región de Las Ardenas engloba a Bélgica, Luxemburgo y el
Noroeste de Francia. La contraofensiva Germana se llevó a cabo por total sorpresa,
en un sector ocupado por un ejército norteamericano completamente confiado en
que el final de la guerra estaba cerca y en pleno invierno, que ese año fue
especialmente crudo. Además, los
alemanes pusieron todo lo que tenían en ese momento, 300.000 soldados, 1.800 vehículos
blindados, y 2400 aviones.
Al cabo de los primeros compases del ataque germano, el ejército
norteamericano estaba contra las cuerdas, algunas unidades estuvieron en una situación
tan crítica, que el propio general Patton escribió en su diario: “Todavía
podemos perder la guerra”.
Dice Bergstrom en su libro, que los alemanes estaban mejor
preparados de lo que la historia escrita por los vencedores suele reconocer, ya
que su moral era alta, especialmente al ver las nuevas armas, disponían de un
material excelente en aquella época, y sobre todo sus comandantes eran muy
buenos, disciplinados y contaban con mucha más experiencia en combatir a los
tanques Sherman americanos, netamente inferiores a los Panther, y sobre todo a
los nuevos Tiger II, por otra parte, la infantería alemana disponía del primer
fusil de asalto del mundo, el Sturmgewehr 44, y los primeros, aunque pocos todavía,
aviones a reacción de la historia, el ME-262 y AR-234, recién salidos de las
fabricas Messerschmitt y Arado, el primero un caza y el segundo un bombardero,
totalmente superiores a todas las máquinas de guerra aérea que existían en ese
momento en el mundo. Sin embargo cometieron el tremendo error de mantener la mayor
parte de estos aviones en el frente del este, confiados en que el mal tiempo no
permitiría a los anglo-americanos sacar su gran fuerza aérea.
El tiempo mejoró y los aliados pudieron cortar los
suministros de los alemanes bombardeando su retaguardia, sin ser acosados por
los aviones de elite alemanes, que, sin duda habrían barrido a los Mustang y a
los más de 3.000 aviones de la VIII y IX Fuerzas Aéreas americanas por el
contrario, casi 700 aviones más convencionales alemanes fueron derribados o
destruidos en tierra.
En fin, no voy a entrar en los detalles, ya que el libro es un
portento de descripción con toda clase de detalles, tanto tácticos como
técnicos, y desde aquí, aconsejo su lectura a los aficionados como yo, a la Segunda
Guerra Mundial. Entiendo que se ha convertido en un libro de lectura
imprescindible para los que deseen entender los avatares de esa crucial
batalla.
Dicho esto, quiero pasar a comentar los aspectos referentes
a las consecuencias que tubo esta batalla para la historia, que, a mi parecer han
sido tremendamente trascendentales.
El primer escenario, el que sucedió, es decir la victoria de
los aliados y la derrota del ejército alemán. Los norteamericanos aprendieron
demasiado al pie de la letra la lección, y a partir de ese momento ralentizaron
su avance hacia Berlín, atacaban con prudencia, acumulando tropas y material,
planificando las ofensivas y primando la seguridad sobre la rapidez de los
avances. Algo lógico, la batalla aunque ganada, les había debilitado tanto
material como anímicamente, y la moral de la tropa había descendido, antes de
las Ardenas, habían infravalorado a los germanos y después los sobrevaloraron,
ya hasta el final de la guerra.
Esa ralentización del avance y el excesivo respeto al
enemigo basado en la consciencia de su debilidad técnica, hizo que no vieran
que, simplemente los alemanes habían puesto todo lo que tenían contra ellos,
dejando expuesto el frente oriental al libre albedrío de los rusos, que no
encontraron casi resistencia en su avance. Esto hizo que se creciera, y
adoptara la estrategia contraria a la de los anglo-americanos, es decir primando
la velocidad a la prudencia. Así, ocuparon una mayor superficie del territorio alemán
de lo previsto, incluyendo Berlín, arroyando todo a su paso hasta encontrarse
con los aliados del oeste.
El ejército rojo se volvió orgulloso y arrogante y sus
dirigentes tomaron posturas de fuerza en el reparto de Alemania, los otros
vencedores a su vez les hicieron tantas concesiones, que no se pudo evitar la
guerra fría, y no hubo un primer signo firmeza hasta la crisis de los misiles
en Cuba, con Kennedy, que casi desata la tercera guerra mundial.
El segundo escenario, en el que los alemanes consiguen,
apoyados en sus nuevos aviones a reacción destruir las fuerza aéreas británicas
y norteamericanas, que por tanto no
pueden cortar el suministro de los alemanes, mientras que éstos si cortan el de
los aliados. El resultado es que los alemanes aniquilan las divisiones
norteamericanas de Patton, y después nada les impide llegar a Amberes y cercar
al ejército de Montgomery en el norte, volviendo al escenario de Dunkerque en
el año 40, y echando al mar otra vez a los aliados a las islas Británicas.
En este escenario, los alemanes, aunque no parece probable
que el final de la guerra no fuera una derrota, tendrían tiempo de volverse hacia el frente
ruso, y alargar la guerra, probablemente hasta finales de 1945 o más, pero hay
un arma que, meses después los americanos pusieron en el escenario bélico, era
la bomba atómica. Habría sido muy probable que dos de las mayores ciudades
alemanas, hubieran precedido a Hiroshima y a Nagasaki.
Cabría un tercer escenario, en el que Hitler, absolutamente
cegado por su odio a los comunistas, hubiera lanzado todo lo que tenía contra
los rusos, en vez de contra los americanos. No creo que eso hubiera cambiado el
resultado de la guerra, pero sí que hubiera debilitado al ejército rojo de tal
manera que su presencia en territorio alemán hubiera sido meramente testimonial
en el mejor de los casos, no habrían accedido a la tecnología de vanguardia de
los alemanes, y Rusia volviera a ser ese gigante dormido que era hasta la invasión
germana.
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