Leyendo sobre la actual Rusia y su nuevo zar Putin he
encontrado un concepto que allí ha nacido y que, desgraciadamente se extiende
por el mundo como una mancha de aceite sobre un hule. Es el de “Guerra hibrida”.
Pero para entender su nacimiento, creo que es necesario
ubicar el momento actual de Rusia. En primer lugar Rusia está gobernada por un
poder autoritario, no podemos decir que es una dictadura porque sus dirigentes
son elegidos en las urnas, pero por nada más que por eso. Hitler también fue
elegido en las urnas, y ambos Putin y Hitler basaron su éxito electoral en la
promesa de reparar las humillaciones sufridas por sus respectivas naciones, uno
por las consecuencias de la derrota en primera guerra mundial, y el otro por la
pérdida de la guerra fría, que culminó en la caída del muro de Berlín, y la
quiebra ideológica de la URSS.
Así, el objetivo de Putin desde que llegó al poder ha
consistido en volver a la situación de los últimos zares, lo que llama “restablecer
la continuidad histórica y espiritual del estado ruso”, y los años de
bolchevismo lo llama “paréntesis en la historia de la nación rusa”. Tomó como ideólogo al
pensador Nikolay Berdiayev, profundamente conservador y cristiano, que decía sobre
la historia de Rusia, que “Hay una Rusia de Kiev, la de la época del yugo
tártaro, Una Rusia moscovita, una Rusia petersburguesa, y una Rusia soviética”.
Y ahora, para Putin, lo que Él mismo denomina “La nueva Rusia”.
Otra pata empleada en el afán de volver a la historia previa
a la Revolución Comunista es la religión, ortodoxa, por supuesto. Putin hace
continuas referencias, en sus discursos, a pensadores que se inspiraron en la
religión. Hoy en día, la jerarquía eclesiástica ortodoxa ha encontrado en Putin
que la respeta y que valora públicamente el papel de la Iglesia en el
fortalecimiento del Estado ruso.
Finalmente el anticomunismo como bandera para evitar cualquier
tentación de involucionismo es la tercera columna ideológica, y el fallecido Alexander
Solzhenityn el ideólogo de ella. Solzhenityn
era, posiblemente el anticomunista más famoso de la segunda mitad del siglo XX,
y además creyente y convencido de la “Grandeza rusa como objetivo histórico”.
Todo esto ha creado un movimiento nacionalista ruso, que ha
conseguido aglutinar incluso a los nostálgicos poscomunistas, y a los jóvenes más
idealistas y fanáticos. Nadie puede negar que con Putin Rusia frenó el
hundimiento económico que venía castigando al pueblo ruso, y hubo un antes y un
después desde la caída del alcohólico Yeltsin. Pasó de ser la potencia 25 a la
9 del mundo, pero eso duró hasta 2008, ya que nunca procuró diversificar la
estructura económica del país, y casi dependía exclusivamente (Y sigue
dependiendo) del petróleo y de su precio.
En ese momento, Putin se encontraba en un aprieto: ¿Cómo explicar,
de nuevo la vuelta a los aprietos económicos y evitar la sensación de frenazo,
la humillación de las afrentas de la OTAN, etc...?
Pero, como siempre en la historia, la suerte decide.
Entonces sucedió lo de Ucrania, y encontró todas las razones para tomar Crimea.
Lógico, Crimea es una gran base militar rusa, la salida de la flota al Mar Negro,
que ocupa toda la península, allí tuvo lugar una de las batallas más heroicas que
libraron los rusos contra los nazis, y durante décadas los rusos han formado
familias y han tenido hijos con cónyuges ucranianos.
Evidentemente, aquellos hechos, y algunas sublevaciones en
otras repúblicas, fueron el perfecto caldo de cultivo para clamar al mundo su
necesidad de defenderse, y al pueblo ruso la necesidad de volver a levantar el
Imperio Ruso. Ya están servidas las explicaciones, el pueblo ruso volverá a
pasar estrecheces, la excusa es para eso, para salvar y engrandecer a la “Madre
Rusia” (No por no haber sabido diversificar las fuentes de producción y quedar
a merced de la gran crisis mundial).
Pero Rusia ya no es la potencia militar que fue la antigua URSS,
no puede ni siquiera amenazar con una declaración de guerra, solo alguna que
otra amenaza de cortar el suministro de petróleo (Cuyo principal perjudicado es
la misma Rusia). Pero para el pueblo ruso, montó en Moscú, el desfile militar del
primero de mayo más impresionante desde el final de la gran guerra. No para
impresionar al mundo, sino para impresionar a los rusos.
No, no podía ceder un milímetro ante Ucrania, pero este es un
reto mucho más difícil que aquellos que vinieron de Transnistria, Abjasia y
Osetia del Sur, que fueron ocupadas fácilmente, a la vez que disuadía a otras repúblicas
de abandonar la Federación Rusa (Chechenia, Osetia del Norte, etc.). Fue en estas anexiones cuando ya aparecieron
los primeros soldados camuflados.
Pero ¿cómo respondió al reto Ucraniano?, con la guerra
hibrida.
La guerra híbrida es una estrategia militar que mezcla la
guerra convencional, la guerra irregular y la guerra cibernética, terrorismo,
armas químicas, desinformación, etc...
La primera pista de esta clase de conflicto la dio el jefe
del comando conjunto de las Fuerzas Armadas rusas, Valery Gerasimov en enero de
2013, al anunciar que el Ejército de su país se implicaría en una “nueva clase
de guerra” que sería combatida con “métodos no militares para conseguir
objetivos políticos y estratégicos”.
¿Alguien recuerda, en los hechos de la anexión de Crimea por
parte rusa, de la aparición de soldados sin identificar, sin enseñas sin insignias,
con material bélico diferente del ejército convencional? Estos soldados
volvieron a aparecer en los ataque en las fronteras del este de Ucrania. A la
vez, Moscú decía que otras tropas rusas estaban haciendo “maniobras y
operaciones especiales” junto a la frontera.
Se sabe que las unidades rusas han usado una guerra
electrónica y lo que parecen ser sistemas de microondas de alto poder para
interferir no sólo las comunicaciones de las Fuerzas Armadas ucranianas, sino
que también eran capaces de desestabilizar los vehículos de vigilancia aérea de
la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa), que
comprobaban el cumplimiento de los alto el fuego que hubo y que sistemáticamente
se violaban.
En España el experto en este tipo de guerra, el teniente
coronel Pedro Sánchez Herráez ha publicado un informe del IEEE (Instituto Español
de Estudios Estratégicos): http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2014/DIEEEA54-2014_NuevaGuerraHibrida_PSH.pdf
El teniente coronel Sánchez Herráez también señala en su
análisis el gran denominador común: «Uno de los matices esenciales de esta
tipología de guerras es que con carácter general siempre hay un Estado detrás,
bien directamente, bien con un altísimo grado de apoyo a sus “delegados”».
Otras definiciones:
1. Amenaza híbrida: «Cualquier adversario que de manera
simultánea y adaptativa emplea una mezcla de armas convencionales, tácticas
irregulares, terrorismo y comportamiento criminal en el espacio de batalla para
alcanzar sus objetivos políticos». Frank G. Hoffman.
2. También podría valer, con la acepción de «guerra
compuesta» o «guerra combinada»: «El hecho de combatir fuerzas regulares e
irregulares de manera concertada, pues sus capacidades complementarias influyen
en el adversario obligando a un despliegue de recursos que el permita hacer
frente a la panoplia de diferentes amenazas a las que hacer frente,
dificultándole la concentración, planteando el viejo dilema militar de
concentración frente a dispersión». Thomas M. Huber
3. Guerra híbrida: El español Calvo Albero señala que “guerra
híbrida es aquella en la que al menos uno de los adversarios recurre a una
combinación de operaciones convencionales y guerra irregular, mezclada esta
última con acciones terroristas y conexiones con el crimen organizado». José
Luis Calvo Albero.
En El País del 15 de Mayo, en la sección de Internacional,
aparece un artículo cuyo titular es: “Polonia y los países bálticos piden a la
OTAN una misión permanente en la zona”, y añade “Los cuatro vecinos de Rusia no
temen una invasión, pero sí a la guerra hibrida”.
La OTAN acaba de crear el “Strategic Communications”, que es
uno de sus centros de excelencia, y que “casualmente” está ubicado en Riga
(Letonia), en cuyo punto 13 de sus objetivos figura “la necesidad de afrontar
de modo solvente el desafío de la guerra híbrida”.
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