Los que tienen una edad similar
a la mía, que hemos vivido la juventud bajo la dictadura española de Franco,
recordarán aquel eslogan que decía “España es diferente”, y realmente lo era.
Estábamos geográficamente en Europa pero no teníamos nada que ver con el resto
de los países de la Europa occidental. De hecho había otro eslogan mucho mas
gráfico que mostraba dónde estábamos y decía: “Europa termina en los Pirineos”.
Para nosotros aquella Europa era
un todo, formado por unos países avanzados tecnológica, económica y socialmente
y era una verdadera referencia hacia donde queríamos llegar, ya que políticamente
éramos unos ignorantes. La dictadura trataba de contrarrestar esos sentimientos
naturales (Libertades sexuales principalmente) diciéndonos que éramos “La
reserva espiritual de Occidente”.
Dentro de aquel “todo” estaba
Inglaterra, que así la llamábamos porque no teníamos la suficiente cultura
social como para diferenciar entre Reino Unido e Inglaterra. Lo cual era
bastante lógico porque la Dictadura no tenía el menor interés en que
mencionaran conceptos como autonomías, regiones federadas, y esas cosas, porque
nosotros éramos “Una Grande Libre”. Y se confirmaba que Inglaterra era un país
diferente porque tenía, (y tiene) sus propias selecciones de futbol y de los
demás deportes: Además de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte también
tienen las suyas. Y no, nos parábamos a pensar por qué Baviera no tiene la suya
propia y está bajo la bandera alemana. Claro que también había dos “Alemanias”;
Una República Federal Alemana, que era una democracia, y otra República
Democrática Alemana, que era una dictadura.
Todas estas cosas que a nuestra,
intencionadamente pobre formación política, solo añadían confusión. Confusión utilizada
por la Dictadura para explicarnos “lo bien que estábamos”. Sin embargo, los
jóvenes principalmente, sentíamos en lo más íntimo que deseábamos ser como los
ciudadanos europeos, a pesar de todo. Lo que no podíamos ni imaginar que los
ingleses, en lo mas intimo ya deseaban
no ser como los demás ciudadanos europeos.
Como no viajábamos mucho por
Europa, aunque lo sabíamos, no nos dábamos cuenta de que los coches ingleses
circulaban por la izquierda, medían en yardas, libras y galones, e incluso sus
enchufes no tenían nada que ver con los nuestros o con los de los franceses o
alemanes.
Tampoco entendíamos muy bien
cómo podían ser súbditos de su “graciosa majestad” y a la vez ser una
democracia. Para nosotros eran conceptos antagónicos, ya que todavía
identificábamos la democracia con las repúblicas y las monarquías con las
dictaduras. Nos decían que España era un “reino orgánico” o sea una especie de
“monarquía orgánica”, pero sin rey. Lo que no se nos decía era que ser una
dictadura era justo lo que impedía que fuéramos admitidos en aquel “paraíso del
bienestar”, que era lo que nos parecía Europa Occidental.
Después, con la democracia y la
recién estrenada constitución española se nos aclararon casi todos estos
conceptos. Y descubrimos que no es lo mismo Inglaterra que el Reino Unido. Que
Inglaterra es una especie de autonomía dominante, que se agrupa con Gales,
Escocia e Irlanda del Norte para formar el Reino Unido. Y que los ingleses, del
mismo modo se agrupan con los galeses, escoceses y norirlandeses para ser
llamados británicos.
Y así, se nos adelantaron para
entrar en la CEE (Comunidad económica Europea), que así se llamaba el embrión
de unión política que hoy se llama UE (Unión Europea), pero entramos al fin.
Y fue justo al crearse la UE, en
mi opinión, el momento en que nuestros estados (El Reino Unido y España) se
cruzaron pero caminando en direcciones opuestas; uno entrando hacia el corazón
de Europa y el otro saliendo hacia fuera. Y Hoy años después los españoles
somos las más europeístas y los británicos los más aerófobos.
Aunque quizá, habría que decir
que son los ingleses, no los británicos, los más aerófobos, porque los
escoceses ya han manifestado ser más pro-europeos que pro-británicos. Y los
norirlandeses del Ulster se desesperan ante la idea de volver a tener una
frontera con los irlandeses del sur (Eire). Para nosotros, desde aquel hito en
que se cruzaron los destinos de España y Reino Unido, se aceleró nuestra prosperidad,
ellos continuaron con el declive de su antiguo imperio.
Hoy, a punto de terminar la
segunda década del siglo XXI, UK puede culminar la salida de la UE, mientras
España está a punto de entrar en el G3 (Grupo de cabeza en el proceso de unión política,
social y económica de Europa) junto a Alemania y Francia.
Nadie entiende muy bien por qué
los británicos votaron a favor de BREXIT. Parece muy extendida la creencia de
que les falsearon los datos. Esto cada vez se hace más evidente. Por ejemplo Nigel
Farage, líder del partido UKIP (principal promotor de Brexit) dijo en la tv el día
anterior al referéndum que si salían de la UE ganarían, cada semana, 350
millones de libras que quedarían disponibles para mejorar la sanidad británica.
Al día siguiente, una vez se consumó el Brexit, reconoció públicamente que era
mentira, y dimitió.
Sin embargo, el gobierno
británico no quiere ni oír hablar de un nuevo referéndum ahora que se sabe que mintieron
al electorado. A pesar de los ya mas de 5 millones de firmas pidiéndolo y del millón
de personas que se manifestaron el Londres el pasado fin de semana.
Hoy, casi medio siglo después de aquello que
se decía “Spain is dfferent” podemos decir “UK is different” o “Europa termina
en el canal de la Mancha”.
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