El asunto del Eurocaza del siglo
XXI es un ejemplo muy relevante de lo que está sucediendo en Europa, referente
a su unidad como bloque independiente, dentro del escenario global.
Cuando España entró en el
entonces selecto club de los países poseedores de aviones modernos de caza, lo
hizo de la mano de los EEUU, y sus F18. Eso supuso adquirir la tecnología puntera
norteamericana, en detrimento de otros fabricantes, sobre todo europeos, como
el Mirage IV francés. Corrían los años 70, los EEUU tenían bases militares en
territorio español y éramos unos simples aspirantes a entrar en lo que entonces
se llamaba Mercado Común Europeo.
Desde entonces Europa, ya con
España como país integrante, ha evolucionado hacia una unión monetaria y, de un
modo menos fructífero, hacia una unión política. Ese contexto de prevalencia de
intereses nacionales sobre los comunes europeos impidió (Y, de momento, todavía
sigue siendo así) la unicidad de proyectos estratégicos a nivel Europeo.
Uno de estos tipos de proyectos
disgregados son los relativos a la defensa, y concretamente los relativos al
diseño y desarrollo de aviones de caza modernos.
Ya a finales de los 80, Europa
consideró la opción de dotarse de su propia tecnología de este tipo de aviones
y no depender tanto de los EEUU. Así nació el programa EFA con el objeto de
producir un avión de este tipo de última generación de tecnología, que se llamó
Eurofigter. En el proyecto EFA participan Italia, Reino Unido, Alemania y
España. Francia, por su parte fue en solitario y fabricó un avión que sustituyó
a los viejos Mirage, que se llama Rafale.
El 8 de agosto de 1986 el
Eurofigter hizo su primer vuelo, y el Rafale convivió en paralelo con las
consiguientes “des-economías de escala”.
Contexto actual
Actualmente Europa se encuentra
en una nueva transformación forzada por varios hechos que empiezan a configurar
la geopolítica del siglo XXI. Esto es: El Brexit, que significa el abandono de
un país que es la primera potencia militar de Europa. La nueva política
norteamericana apadrinada por Trump, que implica un cierto desentendimiento de
la defensa Europea, dejando al viejo continente “abandonado a su suerte”. Y
finalmente el regreso de Rusia como potencia militar mundial, que representa
una amenaza creciente para l este europeo.
El pasado 22 de enero Francia y
Alemania firmaron un acuerdo, con vocación de convertirse en tratado histórico
en Aquisgrán. Uno de los capítulos que contempla ese acuerdo es la creación de
un ejército franco alemán como embrión de una futura fuerza de intervención
internacional. A aquel acuerdo se le a dado en llamar G2. Y recientemente
España ha sido invitada a entrar para crear un G3.
En este escenario de
reposicionamiento de fuerzas nacionales europeas ha nacido el proyecto de avión
europeo de quinta generación, al que España ha sido invitada a participar, que
recibe el nombre de FCAS. El FCAS está
destinado a sustituir al Eurofigter, al Rafale, en 2040, y a otros aviones de fabricación
norteamericana todavía en servicio, como por ejemplo los F18 españoles, que
deben ser retirados antes de 2030.
Según ha avanzado el Gobierno
alemán, la intención es firmar un Memorándum de Entendimiento trinacional durante
el Salón Aeronáutico de París, que tendrá lugar entre el 17 y el 23 de junio en
el aeropuerto de Le Bourget.
Desgraciadamente, la historia se
repite y ha nacido en paralelo otro proyecto de avión de este tipo llamado
Tempest patrocinado por el Reino Unido, al que se han unido Italia y Holanda.
Aunque parece que, dados los elevados costos de desarrollo, producción y
mantenimiento, ambos proyectos están condenados a fusionarse.
Si esto fuera realidad, dentro
de dos décadas Europa (Incluido el Reino Unido) dispondrá de su propia
tecnología de fabricación de aviones de combate en el segmento de aviones de
Caza.
Ambos, FCAS y Tempest (O la
fusión de ambos) tendrán que competir con los aviones norteamericanos que hoy
en día llevan la delantera. Por ejemplo el F35 norteamericano, considerado hoy
en día el avión más moderno y más caro de la historia.
Casi parece una broma. Bélgica,
en el corazón administrativo y político de la Unión Europea, compra 34 aviones
de combate de fabricación norteamericana, justo en el momento en que Europa acuerda
invertir en el desarrollo de un nuevo avión de combate de quinta generación, por
3600 millones de euros.
Pero, en realidad tiene una
justificación a mi modo de ver: Bélgica necesita reponer sus ya anticuados F16
norteamericanos, por cierto. Cuando los adquirió se dio algo parecido a lo
actual: EEUU ofreció los mencionados F16, los más modernos en aquel momento, en
detrimento de la promesa europea del desarrollo de los Eurofigter. Unos eran
reales (los F16), y los otros sólo una promesa. Aquella decisión se confirmó
acertada cuando la promesa tardó en convertirse en realidad y casi el doble de
precio de lo previsto.
Ahora los F35 son reales y los
FCAS y Tempest, son sólo una promesa. Europa ofreció a Bélgica los Eurofigter
hasta la creación de los aviones de quinta generación, pero los belgas no han
mordido el anzuelo… ¿O lo han mordido los americanos?
No voy a entrar en temas
técnicos sobre esos aviones. Leyendo este artículo puede dar la sensación e que
EEUU va caso 20 años por delante de Europa en estas tecnologías. Pero esto sólo
es parte de verdad y parte de falacia, me explico: El nuevo avión europeo,
todavía un proyecto, nace con requerimientos de superación del F35. Para ello
es imprescindible conocer a fondo el avión norteamericano. Y eso se facilita
teniéndolo en propiedad y aprendiendo día a día tanto sus capacidades como su
forma de mantenimiento. ¿Será una forma de “seudo-espionaje” industrial?. Lo
cierto es que los norteamericanos sólo han vendido estos aviones a Israel
(tradicional aliado), todavía no han respondido a Japón sobre su solicitud de
compra, y acaban de negar la venta a
Turquía por considerar estratégica la no transferencia de tecnología a ese
país, a pesar de pertenecer a la OTAN.
Me temo que eso sería política
ficción. La cruel realidad es que en Europa siguen prevaleciendo los intereses
nacionales sobre los “continentales”.
En la defensa se maneja
muchísimo dinero. Bélgica también está comprando aviones no tripulados,
fragatas, dragaminas y vehículos blindados…
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