Hoy en día, en las sociedades
democráticas consolidadas, hablar de derechas e izquierdas, empieza a resultar
algo del pasado. En realidad, cuando decimos “derecha” o “izquierda” nos
estamos refiriendo a “centro-derecha” o “centro izquierda”, que es donde estamos
la mayoría de los votantes. Esto de debe a que en la medida que nos alejamos de
ese centro, ya sea a la derecha o a la izquierda, tendemos a acercarnos a los
“limites de la democracia”, puesto que tanto la extrema derecha como la extrema
izquierda tienden a ser dictaduras mas o menos disfrazadas.
En realidad la oferta de los
partidos políticos de centro, ya sea de derecha o de izquierda, lo que ofrecen es
liberalismos, en el caso de la derecha y progresismo en el de la izquierda. Si
dejando aparte otras consideraciones sociales y muy dependientes de las
tradiciones y culturas de los países, y nos centramos en la economía, lo que
tenemos es economía social contra economía liberal.
La economía social propugna un
sector público fuerte que controle las medidas de “lucha contra las
desigualdades sociales”. Este sector público amplio y la redistribución de fondos
hacia sectores sociales desfavorecidos necesitan de una fuerte carga impositiva
para mantenerlo, es decir tiene el precio de una subida de los impuestos a los
ciudadanos. Así sectores vitales como por ejemplo la educación o la sanidad
tienden a ser mayoritariamente públicos, financiados por el estado.
La economía liberal, en cambio
preconiza un sector público lo menor posible, aboga por sustituir
mayoritariamente esos servicios públicos por empresas privadas, y por tanto se
pueden bajar los impuestos. Y dejan en manos del mercado la redistribución de
la riqueza en función de la ley de la oferta y la demanda.
En resumen unos dicen que los
mas ricos deben contribuir con mas impuestos para ayudar a los mas pobres, y
los otros dicen que el dinero está mejor en el bolsillo de los ciudadanos, y
así podrán atender ellos mismos sus necesidades. (Seguro que hemos escuchado
estas frases de boca de nuestros políticos.
No voy a entrar en la polémica
sobre que es mas justo, o que es mejor. El motivo es que, por una parte daría
para muchas hojas de escritos y referencias, y por otra creo que es muy
relativa cualquier consideración que se haga, ya que depende de la posición
económica y social del ciudadano individual a quien se le pregunte.
Según el título del presente
artículo voy a tratar, únicamente, de reflexionar sobre un concepto liberal que
propugna la aparente paradoja que dice que “bajando los impuestos se aumenta la
recaudación”.
En primer lugar, para este
razonamiento no tengo más remedio que explicar algo sobre los dos tipos de
impuestos que existen:
Impuestos directos: se pagan
según lo que se gana (Ejemplo: el IRPF o impuesto sobre la renta).
Impuestos indirectos: se pagan
sobre lo que se consume (Ejemplo: el IVA, o VAT en inglés)
Supongamos que existen dos
países gemelos y vecinos, y que en uno hay un gobierno progresista y en el otro
uno liberal.
Gobierno progresista.- Como quiere recaudar muchos
impuestos para sus políticas de redistribución de las riqueza, en principio
tiende a subir los impuestos directos, y lo hará de una manera progresiva (se
lo sube mas a las rentas mas altas y menos o nada a las mas bajas). Los
impuestos indirectos no los toca, ya que considera que son los más injustos al
tener que pagar el mismo IVA por un artículo independientemente de lo rico o
pobre que seas. Por tanto basan el crecimiento de la recaudación en los
impuestos directos.
Gobierno liberal.- Tiende a bajar los impuestos
directos ya que considera por una parte que, de esa manera, los ciudadanos van
a disponer de mas dinero para gastar (Y pagar mas IVA por ejemplo), y por otra
que no van a necesitar recaudar mucho mas porque no van a pagar muchos de los
servicios públicos, que se pagarán los propios ciudadanos (Ej.: sanidad
privada), ya que dispondrán de mas dinero. Por tanto basan el incremento de
recaudación en los impuestos indirectos.
Miremos qué ha pasado después de
un periodo de tiempo suficiente como para poder estudiar lo que ha pasado, por ejemplo
3 años.
En el país donde han gobernado
los progresistas, en un principio aumentó la recaudación. Esto se debió a que
los que mas ganaban pagaban mas, pero al disponer de menos renta después de
impuestos tendieron a consumir menos, por lo que la recaudación por IVA empezó
a resentirse.
En el país donde han gobernado
los liberales, inicialmente bajó la recaudación porque bajaron los impuestos
directos, pero los ciudadanos dispusieron de más renta para gastar y compraron
más lo que mejoró la recaudación por IVA.
Aparentemente ambos países han
llegado al mismo punto, pero con dos tendencias divergentes que generan
expectativas muy diferentes para los siguientes años.
Pasados los primeros tres años, el
país progresista empieza a disponer de mejores servicios sociales. Hospitales
públicos mejores, educación gratuita de calidad para quien la desee, mejores
pensiones…Pero el gobierno se ha dado cuenta de que muchas veces los
trabajadores no desean ascender en sus empresas porque a veces, el ascenso, supone
poco dinero para más responsabilidad. Y por otra parte los ciudadanos tienen la
sensación de que por mucho que se recaude nunca es suficiente, y por tanto hay
que subir más los impuestos. Los trabajos son mejor remunerados y estables, pero
muchos menos de los que pensaban, aumenta el paro.
En el país liberal lo que ha
sucedido es que al ir sustituyendo los empleos públicos por empleos en el
sector privado los ingresos por IRPF han bajado mucho mas de lo que pensaban y
han tenido que destinar menos recursos a servicios sociales hasta el punto de
no compensar el aumento de la demanda y por tanto el aumento de la recaudación
por IVA. Se reduce el paro, pero los trabajos son de peor calidad y mas
inseguros.
A partir de este punto
empezarían a entrar conceptos políticos, de justicia social, desigualdades, etc…
En realidad, siendo
exclusivamente técnicos, y prescindiendo de factores correctivos ajenos al
mercado, nos quedan las leyes de la oferta y la demanda, y su mayor axioma : si
sube el precio baja la demanda y si baja el precio sube la demanda.
Esto, aplicado a los impuestos
indirectos (IVA) supone que, si subimos los tipos impositivos sube el precio de
los productos ya que están grabados en ese tanto por ciento. Si bajan los tipos
se producirá el efecto contrario.
En el contexto de los impuestos
directos (Sobre la renta), las consideraciones son diferentes: los tipos altos
desincentivan el trabajo y encarecen los precios vía incremento de los costes
salariales.
Para estudiar estos fenómenos el
economista Arthur Laffer en los años setenta diseñó una curva que relaciona los
tipos impositivos (eje horizontal) con la recaudación fiscal (eje vertical).
![]() |
| Curva de Laffer |
Si partimos del punto en que el
tipo fiscal es 0 (T=0), la recaudación será también cero (R=0). Según avanzamos
en la curva (De izquierda a derecha), a cada punto horizontal le corresponde
otro vertical. Es decir, a casa tipo impositivo (T) le correspondería un volumen
de recaudación (R).
Cuando llegamos al punto en que
el tipo es optimo (El que corresponde al máximo de la curva) tendremos la
recaudación máxima.
Pero si seguimos aumentando el
tipo (Avanzamos en la curva roja hacia la derecha), la recaudación empezará a
descender. Este descenso irá acentuándose a medida que aumentamos los tipos
hasta llegar a cero, que corresponderá al tipo máximo.
Esta es la famosa curva de
Laffer.
No deja de ser un simple modelo
matemático para explicar una realidad social, cosa casi imposible. Evidentemente,
en la realidad al ser las economías algo en constante movimiento con sus ciclos
difíciles de identificar hacen complicadísimo el cálculo antes descrito, pero
ayuda a clarificar los análisis.
El primero que bajó los impuestos
siguiendo las doctrinas de Laffer fue Ronald Reagan, y no fue un éxito; la
recaudación bajó al bajar los impuestos.
Espero que lo explicado anteriormente
no haya sido demasiado lioso para el lector. Si ha sido así, es mi culpa y me
excuso por ello.
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