El Banco Popular Español se constituyó el 14 de Julio de
1926. Dentro de nueve años cumplirá el siglo. No muchas compañías en España o
en el Mundo pueden decir eso. Significa que sobrevivió a la guerra civil, a la
posguerra, a la dictadura, y estuvo en una buena posición de partida en el
periodo previo a la entrada en el mercado común y después en el Euro.
Justo antes de la adopción de la moneda única, en el año
1999 el Popular era la empresa número 585 del mundo, lo que no es poco, por
ejemplo Unión Fenosa era la 992, Telefónica la 80, el Santander la 111, y la
desparecida Argentaria la 414.
Pero, aunque el tamaño si es importante hablando de
empresas, es más importante la rentabilidad y sus beneficios. En los años
noventa, y durante varios años de esa década, el Popular estuvo en la cima de
las entidades más rentables del mundo, que se dice pronto.
En febrero de 2006, el día 25, sucedió algo que cambió para
siempre la historia del banco; la muerte de
Luis Valls Taberner, copresidente junto con su hermano Javier, pero el
verdadero líder y creador de la estrategia que llevó a la entidad a las más
altas cuotas mundiales. Luis Valls formaba parte de ese selecto grupo de
empresarios legendarios que llevaron a la banca española a ser invulnerable
frente a las diversas crisis, guerras, posguerras y “advenedizos” como Mario
Conde o Ruiz Mateos. Me refiero a los Botín, Escámez, Aguirre Gonzalo, Asiain,
etc…
Hasta ese momento, hasta la muerte de Luis Valls, esos presidentes
se habían dividido en dos grupos: Los
que apostaron por crecer y diversificarse, generalmente mediante alianzas,
absorciones y salidas al exterior (Santander, BBVA, Sabadell...), y los que
optaron por seguir siendo “pequeños”, pero enormemente rentables (Popular,
Bankinter...).
El 15 de enero de 2002 su precio cerró a 36,24 euros. Ayer 2
de junio de 2017 cerró a 0,41. ¿Qué ha
ocurrido?, ¿cómo es posible esa enorme caída, esa pérdida de decenas de miles
de millones de euros?, ¿eso de pasar de ser el más rentable del mundo a ser el
que nadie quiere ni regalado? Contaré mi modesta opinión.
Vayamos al momento de la muerte de Luis Valls. Como expliqué
anteriormente, hasta ese momento el popular, aunque había hecho algunos pinitos
en materia de crecer gracias a sus copresidentes, siempre había primado la
rentabilidad al tamaño. Poco a poco, por ley natural, el equipo directivo se
fue rejuveneciendo y con ese rejuvenecer, también se fue tecnificando. Yo
siempre he creído y creo que masters y más masters son inversamente
proporcionales a imaginación, talento y sobre todo genialidad. Si esto se
adereza con inexperiencia en puestos de presidencia, resulta una alta dirección
mediocre en ese momento, pero preparada para ir asumiendo el relevo e ir
dejando de serlo (de ser mediocre). Por ejemplo, Luis Valls fue el primer
banquero que alabó la legalización del Partido Comunista de España y no tuvo
reparos en prestarle dinero. ¿Habría hecho lo mismo un presidente formado al
estilo neoliberal actual?
Esos relevos, como la recogida de la uva, hay que hacerlos
justo en el momento ideal. Si se hace antes o después, ya nunca serán buenos
relevos. En este caso, la enfermedad y posterior fallecimiento de Luis Valls
precipitó el relevo. Así, el banco pasó de tener dos copresidentes a tener un
solo presidente, ya que al mes de la muerte de su hermano, Javier Vals deja la
copresidencia. Es entonces cuando el consejo de administración nombra a Ángel
Ron, que a sus 44 años es el presidente más joven de un banco en aquel momento.
En mi opinión, todavía falto de algún hervor. No digo que no estuviera
preparado, simplemente que carecía de la suficiente experiencia.
El banco, por su cultura estaba acostumbrado a un estilo de
dirección autoritario, como correspondía al de Luis Valls, y Ángel Ron (licenciado
en derecho, con menos formación económica que su antecesor) concentró un gran
poder: El Consejo de Administración, la comisión ejecutiva y la junta de
accionistas quedaron bajo su el control.
Podríamos decir (salvando las enormes distancias) que Ángel
Ron inició una tara paralela a la que acometió el rey Juan Carlos a la muerte
de Franco: Trató de acometer la modernización de la entidad, tradicionalmente
vinculada al Opus Dei, y hacerla crecer en tamaño al estilo de sus compañeros
Santander, BBVA, Sabadell, etc..
Situémonos en el segundo trimestre del 2006. En España gobernaba
Zapatero, y faltaban dos años para que el Banco Lehman Brothers se declarara en
quiebra (15 sept 2008) y se iniciara oficialmente la explosión de la gran
crisis financiera de principio del siglo XXI.
En esos poco más de dos años, el presidente Ron, carente de
criterio propio y de olfato estratégico, no tuvo más remedio que confiar en los
jóvenes ambiciosos y soberbios producto de las más prestigiosas escuelas de
negocios y licenciados en las universidades elitistas del mundo.
Y el banco cambió de estrategia, y entró de lleno en el
negocio inmobiliario. Se lanzó a conceder hipotecas sin cuidar mucho la gestión
de riesgos, al estilo de los más “listos” gestores de banco norteamericanos,
que por aquel entonces concedían créditos a parados o a personas sin ingresos.
La diferencia es que esos créditos, después los vendían a otros bancos, que asumían
el riesgo del cobro. Esos créditos después recibieron el título de “Activos
tóxicos”-
Y así llegó el otoño del 2008. La crisis financiera pilló al
banco con 35.000 millones de dólares en activos tóxicos, activos de dudoso
cobro. Después la tormenta perfecta: explota la burbuja inmobiliaria y los
pisos, esos que sirven de garantía para el cobro de las hipotecas, bajan de
valor, a veces a menos del 50%. Los bancos se inundan de pisos de bajo valor
sin poder darles salida sin asumir grandes pérdidas.
Los estados intervinieron esas entidades, que llamaron “sistémicas”,
es decir que si desaparecieran, el daño económico mundial hubiera sido muchísimo
mayor que el coste de reflotarlos con dinero público. Y así se hizo, sobre todo
con las cajas de ahorros, ya reconvertidas en bancos.
Algunos bancos, los mejores de aquella época, decidieron
capear la crisis sin acudir a la ayuda pública, a base de incrementar las
provisiones en sus balances y las reducciones de las retribuciones de sus
accionistas en forma de dividendos, con ampliaciones de capital camufladas como
pago de dividendo en forma de acciones nuevas. El Popular, junto con el
Santander, el BBVA, y algunos más entre los españoles sobrevivieron. Algunos
hasta han salido reforzados.
Parecía que el Popular estaba en camino de remontar y volver
a ser uno de los mejores del mundo, estaba tocado, pero podía remontar.
Entonces tres golpes casi mortales llegados desde Bruselas y el tribunal de La
Haya: Las sentencias sobre las clausula suelo, la dación en pago, y recientemente
la devolución de los gastos hipotecarios cobrados indebidamente a los tomadores
de esos créditos, han puesto al Popular, de nuevo en una situación muy delicada,
esperemos que no mortal.
Pero ayer viernes 2 de junio 2017, al cierre de la bolsa, el
Popular valía 1.737 millones de euros, mientras que el lunes de esta misma
semana empezó valiendo 2.700.
Para salvar al banco hay dos caminos: la venta y la ampliación
de capital. Esta última opción cada vez es más incierta, ya que los grandes
grupos inversores están saliendo de su accionariado. Y respecto a la venta, ya
sólo queda el Santander como posible interesado. Pero el supervisor (El estado
a través de Bankia, que ha mostrado cierta predisposición a comprarlo) se
inclina más por la venta que por la ampliación.
Los ciudadanos no podemos seguir pagando, con nuestros
impuestos, la mala gestión de los banqueros de este país. En este sentido, la
compra del Banco Popular por parte de Bankia supondría una vez más tener que
sanear una crisis bancaria con el dinero de todos los contribuyentes.
1 comentario:
Acertadísimo análisis, sobre todo, por ser previo al desenlace que confirman los presagios del autor.
¡Enhorabuena!
Publicar un comentario