sábado, 3 de junio de 2017

LA CRISIS DEL POPULAR



El Banco Popular Español se constituyó el 14 de Julio de 1926. Dentro de nueve años cumplirá el siglo. No muchas compañías en España o en el Mundo pueden decir eso. Significa que sobrevivió a la guerra civil, a la posguerra, a la dictadura, y estuvo en una buena posición de partida en el periodo previo a la entrada en el mercado común y después en el Euro.
Justo antes de la adopción de la moneda única, en el año 1999 el Popular era la empresa número 585 del mundo, lo que no es poco, por ejemplo Unión Fenosa era la 992, Telefónica la 80, el Santander la 111, y la desparecida Argentaria la 414.
Pero, aunque el tamaño si es importante hablando de empresas, es más importante la rentabilidad y sus beneficios. En los años noventa, y durante varios años de esa década, el Popular estuvo en la cima de las entidades más rentables del mundo, que se dice pronto.
En febrero de 2006, el día 25, sucedió algo que cambió para siempre la historia del banco; la muerte de  Luis Valls Taberner, copresidente junto con su hermano Javier, pero el verdadero líder y creador de la estrategia que llevó a la entidad a las más altas cuotas mundiales. Luis Valls formaba parte de ese selecto grupo de empresarios legendarios que llevaron a la banca española a ser invulnerable frente a las diversas crisis, guerras, posguerras y “advenedizos” como Mario Conde o Ruiz Mateos. Me refiero a los Botín, Escámez, Aguirre Gonzalo, Asiain, etc…
Hasta ese momento, hasta la muerte de Luis Valls, esos presidentes se habían dividido en dos grupos:   Los que apostaron por crecer y diversificarse, generalmente mediante alianzas, absorciones y salidas al exterior (Santander, BBVA, Sabadell...), y los que optaron por seguir siendo “pequeños”, pero enormemente rentables (Popular, Bankinter...).
El 15 de enero de 2002 su precio cerró a 36,24 euros. Ayer 2 de junio de 2017 cerró a 0,41.  ¿Qué ha ocurrido?, ¿cómo es posible esa enorme caída, esa pérdida de decenas de miles de millones de euros?, ¿eso de pasar de ser el más rentable del mundo a ser el que nadie quiere ni regalado? Contaré mi modesta opinión.
Vayamos al momento de la muerte de Luis Valls. Como expliqué anteriormente, hasta ese momento el popular, aunque había hecho algunos pinitos en materia de crecer gracias a sus copresidentes, siempre había primado la rentabilidad al tamaño. Poco a poco, por ley natural, el equipo directivo se fue rejuveneciendo y con ese rejuvenecer, también se fue tecnificando. Yo siempre he creído y creo que masters y más masters son inversamente proporcionales a imaginación, talento y sobre todo genialidad. Si esto se adereza con inexperiencia en puestos de presidencia, resulta una alta dirección mediocre en ese momento, pero preparada para ir asumiendo el relevo e ir dejando de serlo (de ser mediocre). Por ejemplo, Luis Valls fue el primer banquero que alabó la legalización del Partido Comunista de España y no tuvo reparos en prestarle dinero. ¿Habría hecho lo mismo un presidente formado al estilo neoliberal actual?
Esos relevos, como la recogida de la uva, hay que hacerlos justo en el momento ideal. Si se hace antes o después, ya nunca serán buenos relevos. En este caso, la enfermedad y posterior fallecimiento de Luis Valls precipitó el relevo. Así, el banco pasó de tener dos copresidentes a tener un solo presidente, ya que al mes de la muerte de su hermano, Javier Vals deja la copresidencia. Es entonces cuando el consejo de administración nombra a Ángel Ron, que a sus 44 años es el presidente más joven de un banco en aquel momento. En mi opinión, todavía falto de algún hervor. No digo que no estuviera preparado, simplemente que carecía de la suficiente experiencia.
El banco, por su cultura estaba acostumbrado a un estilo de dirección autoritario, como correspondía al de Luis Valls, y Ángel Ron (licenciado en derecho, con menos formación económica que su antecesor) concentró un gran poder: El Consejo de Administración, la comisión ejecutiva y la junta de accionistas quedaron bajo su el control.
Podríamos decir (salvando las enormes distancias) que Ángel Ron inició una tara paralela a la que acometió el rey Juan Carlos a la muerte de Franco: Trató de acometer la modernización de la entidad, tradicionalmente vinculada al Opus Dei, y hacerla crecer en tamaño al estilo de sus compañeros Santander, BBVA, Sabadell, etc..  
Situémonos en el segundo trimestre del 2006. En España gobernaba Zapatero, y faltaban dos años para que el Banco Lehman Brothers se declarara en quiebra (15 sept 2008) y se iniciara oficialmente la explosión de la gran crisis financiera de principio del siglo XXI.
En esos poco más de dos años, el presidente Ron, carente de criterio propio y de olfato estratégico, no tuvo más remedio que confiar en los jóvenes ambiciosos y soberbios producto de las más prestigiosas escuelas de negocios y licenciados en las universidades elitistas del mundo.
Y el banco cambió de estrategia, y entró de lleno en el negocio inmobiliario. Se lanzó a conceder hipotecas sin cuidar mucho la gestión de riesgos, al estilo de los más “listos” gestores de banco norteamericanos, que por aquel entonces concedían créditos a parados o a personas sin ingresos. La diferencia es que esos créditos, después los vendían a otros bancos, que asumían el riesgo del cobro. Esos créditos después recibieron el título de “Activos tóxicos”-
Y así llegó el otoño del 2008. La crisis financiera pilló al banco con 35.000 millones de dólares en activos tóxicos, activos de dudoso cobro. Después la tormenta perfecta: explota la burbuja inmobiliaria y los pisos, esos que sirven de garantía para el cobro de las hipotecas, bajan de valor, a veces a menos del 50%. Los bancos se inundan de pisos de bajo valor sin poder darles salida sin asumir grandes pérdidas.
Los estados intervinieron esas entidades, que llamaron “sistémicas”, es decir que si desaparecieran, el daño económico mundial hubiera sido muchísimo mayor que el coste de reflotarlos con dinero público. Y así se hizo, sobre todo con las cajas de ahorros, ya reconvertidas en bancos.
Algunos bancos, los mejores de aquella época, decidieron capear la crisis sin acudir a la ayuda pública, a base de incrementar las provisiones en sus balances y las reducciones de las retribuciones de sus accionistas en forma de dividendos, con ampliaciones de capital camufladas como pago de dividendo en forma de acciones nuevas. El Popular, junto con el Santander, el BBVA, y algunos más entre los españoles sobrevivieron. Algunos hasta han salido reforzados.
Parecía que el Popular estaba en camino de remontar y volver a ser uno de los mejores del mundo, estaba tocado, pero podía remontar. Entonces tres golpes casi mortales llegados desde Bruselas y el tribunal de La Haya: Las sentencias sobre las clausula suelo, la dación en pago, y recientemente la devolución de los gastos hipotecarios cobrados indebidamente a los tomadores de esos créditos, han puesto al Popular, de nuevo en una situación muy delicada, esperemos que no mortal.
Pero ayer viernes 2 de junio 2017, al cierre de la bolsa, el Popular valía 1.737 millones de euros, mientras que el lunes de esta misma semana empezó valiendo 2.700.
Para salvar al banco hay dos caminos: la venta y la ampliación de capital. Esta última opción cada vez es más incierta, ya que los grandes grupos inversores están saliendo de su accionariado. Y respecto a la venta, ya sólo queda el Santander como posible interesado. Pero el supervisor (El estado a través de Bankia, que ha mostrado cierta predisposición a comprarlo) se inclina más por la venta que por la ampliación.
Los ciudadanos no podemos seguir pagando, con nuestros impuestos, la mala gestión de los banqueros de este país. En este sentido, la compra del Banco Popular por parte de Bankia supondría una vez más tener que sanear una crisis bancaria con el dinero de todos los contribuyentes.

1 comentario:

Unknown dijo...

Acertadísimo análisis, sobre todo, por ser previo al desenlace que confirman los presagios del autor.
¡Enhorabuena!