He leído una frase pronunciada
por Boris Johnson, un diputado del parlamento británico que me ha helado la
sangre. La frase dice así: “cuanto más sistemáticos sean los esfuerzos para
“asustar” a los británicos, mayor será su resolución de dejar de ser un Estado
vasallo”.
Una vez más un político, ha
conseguido asustarme con sus palabras. Ha vuelto ha conseguir que me sobrecoja
cada vez que soy consciente del tipo de personas que forman nuestra clase
dirigente. La frase encierra la idea de que, cuando se ponen sobre la mesa las
verdaderas consecuencias del Brexit, el bueno de Boris considera que ¡se está
asustando a la gente!. ¿Se puede ser más irresponsable? En realidad es él quien
está asustado por la idea de perder la cuota de soberanía que ya saborea con el
Brexit.
A propósito de la globalización,
las concentraciones de poder se están viendo modificadas de tal manera que se
pone en duda el concepto de “Estado Soberano”. Los que ostentan, o pretenden ostentar el
poder, como el señor Johnson, siguen luchando por no perderlo, quieren seguir
siendo todopoderosos en sus estados.
Pero ahora ven, con estupor,
cómo ese poder se diluye en medio de nuevas inquietudes, y a veces verdaderas
fobias, inyectadas en los ciudadanos por ellos mismos, en otros tiempos: Dios,
Rey, Patria, raza, cultura propia..
Antes de la llegada de la
democracia, le soberano era un señor que ostentaba todo el poder y se llamaba
Rey, Emperador, Rais, Negus, Zar, Sha, etc... Y a su alrededor estaban los
llamados vasallos, o sea gente libre con propiedades y con una ración de poder
otorgada por el soberano. Los vasallos más próximos al soberano formaron una
clase social que, en occidente se llamó aristocracia, para diferenciarse del
resto de vasallos que empezaban a llamarse “burgueses y terratenientes”. Los
demás se llamaban siervos.
Después de la democracia, la
“soberanía” reside en el pueblo, y los que mandan son representantes de él. Lo que pasa es que ese concepto de
“representante” se ha venido usando con mucha elasticidad. Se han cambiado los
nombres y la forma de ejercer esa soberanía. Teóricamente los representantes
están para servir al pueblo, pero muchos de ellos creen que están para servirse
del pueblo.
El anterior “Soberano” hoy se
llama “máximo representante”, que ejerce la soberanía durante un tiempo en el
mejor de los casos, puesto que otras veces se eternizan en esa representación,
como el señor Putin, y otras hasta su muerte (Fidel Castro, Franco, Chávez,
etc...), o hasta su derrocamiento o derrota (Hitler, Somoza, Husein, y
esperemos que Maduro).
La aristocracia ha sido
rebautizada y se le suele llamar “miembros del partido”, y el resto de los
vasallos algo menos privilegiados se llama “clase media-alta”, los de Podemos,
al principio los llamaban “la casta”. En algunos países que conservan la figura
del monarca, aunque éste no tenga tanto poder, llamaron a los vasallos súbditos,
los que derrocaron la monarquía y formaron las repúblicas acuñaron el termino
“Ciudadano”. Finalmente los siervos ahora nos llamamos “Trabajadores”, y se
pretende que creamos que estamos incluidos dentro de los ciudadanos, por el
hecho de poder ir a votar, generalmente una vez cada 4 años, al “máximo
representante” y a los representantes locales.
En fin, cuento todo esto para
aproximar todo lo posible el significado de la palabra “vasallo”. Vasallo es un
concepto decimonónico y muy trasnochado, que define a un individuo que
pertenece a un grupo social formado por vasallos, que siendo autónomos, con un
cierto poder económico y social, tienen poder sobre otros muchos individuos “inferiores”,
que acatan la autoridad de una persona o una institución, de la cual se definen
como vasallos. Evidentemente, vasallaje tiene la connotación de carecer de
soberanía.
El vasallo, suele estar muy
cómodo como tal hasta el punto de defender a su “soberano” con la vida, en la
mayor parte de los casos. Aunque suele haber, a veces, algún vasallo que trata
de auparse en el lugar del soberano.
Desde que se creó la ONU, existe
el espejismo de que el mundo está dividido en “estados soberanos”, cada uno de
los cuales tiene a su cabeza una persona que representa al resto de los
ciudadanos de ese país. Es decir, que todos los estados reconocidos como tales
en la ONU, son soberanos, y por tanto no tienen que obedecer ni las mismísimas
resoluciones de la ONU.
Por tanto, si un vasallo es
alguien más o menos poderoso que acepta estar sometido a una autoridad superior,
un estado-vasallo es un estado que acepta estar sometido a un poder superior,
que erróneamente se intuye que es otro estado. A veces lo es, pero, en realidad
se disfraza de “bloque”. Así, existieron los países del bloque comunista, que
eran vasallos de Rusia, o los países de la OTAN, vasallos de los EEUU. Es la
evolución de lo que anteriormente se llamaban “colonias”.
Parece mentira que ese concepto
tan trasnochado siga rigiendo el pensamiento político de nadie. Y lo que es
peor que lo alienten en sus seguidores y sus ciudadanos. ¿Alguien puede pensar
todavía que ningún país puede hacer lo que quiera sin dan cuenta a “los
mercados”, o a las ideas “políticamente correctas”? ¿Todavía alguien cree que
se puede ser libre sin tener resueltas las necesidades vitales?
En realidad los estados están sometidos
a otros poderes facticos tales como la economía, la religión, las ideologías
etc... y sólo a veces otros estados mas poderosos. Se ha acuñado una palabra
para ocultar esto, que se llama “multilateralismo”, que viene a decir que ni se
sabe dónde está el poder en realidad.
Esto, para los siervos de un
país, es algo completamente neutro. Nos da lo mismo quienes sean los vasallos,
ni nuestros “representantes”, ni siquiera nuestros “máximos representantes”, no
dejaremos de ser siervos. Pero los vasallos y los representantes si tienen que
temer perder su estatus. Y como no son tontos llegan a acuerdos con otros
vasallos para repartirse ese poder.
El pasado 22 de enero Alemania y
Francia han firmado un nuevo tratado bilateral. “Francia y Alemania deben
asumir la responsabilidad de mostrar la vía de la ambición y de la soberanía
real”, dijo el presidente francés. “La soberanía real”. Qué concepto tan
etéreo, es como decir que quieren mostrar hasta dónde puede llegar la soberanía
de un estado. Se podría decir, adaptando aquella frase ácrata: “Mi soberanía
termina donde empieza la tuya.
Por si acaso, Alemania y Francia
firman este tratado para certificar que ninguno de los dos estados desea
avasallar al otro en ningún aspecto. Es como si se estuvieran protegiendo que
aparezca un Boris Johnson francés o alemán y les acuse de convertir a Francia o
a Alemania en un estado vasallo a base de asustar a la gente.
Personalmente, yo como español
no tengo ninguna sensación de haber perdido libertad por el hecho de pertenecer
a la UE, pero reconozco que los vasallos españoles que están sobre mi, sí lo
sientan. Entiendo que cuando el poder español dictamina algo y después sale una
sentencia europea que les contradice, les duela y sientan que nuestro país ya no
es tan soberano.
Lo que no termino de entender es
qué es lo que hace que un siervo de un país sea capaz de creerse esos eslóganes
lanzados por los vasallos que les dominan o por sus “representantes”. Eslóganes
tales como “América primero” o “Dios salve a la reina” o “somos bolivarianos” o
“la madre Rusia” o “la república catalana” o “Por Dios por la Patria y el Rey”.
Todo para poder mantenerse en sus puestos de vasallos y retener a sus siervos
de los que poder vivir.
¿Cómo es posible que alguien, en
Venezuela prefiera que sus compañeros, sus familiares, sus amigos, se mueran de
hambre antes que permitir ayuda humanitaria porque su “Representante supremo”
lo diga, diga que Venezuela no es un país mendigo…¡¡¡¡Me cago en diez!!!!
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