sábado, 23 de febrero de 2019

Economía lineal y economía circular


Últimamente he oído mucho estos dos conceptos, y creo interesante comentar y tratar de dar luz sobre lo que significan y sus diferencias.
La economía lineal, es la que nació con la revolución industrial, y que todavía hoy está vigente en un porcentaje altísimo. Se basa en Producir, Consumir y Tirar. Tiramos prácticamente todo: los residuos, los productos viejos, los obsoletos, incluso los alimentos con la fecha de caducidad pasada. Afortunadamente, desde hace algunas décadas empieza haber una cierta cultura del reciclado, pero muy raquítica, y en muy pocos países. Ni que decir tiene que es muy perjudicial para el medio ambiente, para nuestra propia salud e incluso para nuestro planeta. Está basado en la maximización del beneficio, poniéndolo por delante del cuidado de las consecuencias que tiene a corto, medio, largo plazo, y especialmente a muy largo plazo. Es algo arcaico y totalmente insostenible.  
Una de las secuelas que aparecieron a mediados del siglo pasado es la llamada “obsolescencia programada”. Todos hemos tenido que tirar nuestros ordenadores porque ya no soportaban las nuevas aplicaciones, o cambiar de teléfono móvil. Los electrodomésticos actuales se rompen cada vez antes, y los coches de más de 10 años se consideran peligrosos, y últimamente muy contaminantes.  
La economía circular, a diferencia de la economía lineal, se basa en un proceso sostenible llamado “análisis del ciclo de vida”. El análisis del ciclo de vida, tiene varias fases como: el diseño, las materias primas, la producción, el procesado, el consumo, la reutilización, y finalmente el reprocesamiento o el reciclaje. Todo ello basado en el eco-diseño, es decir, un diseño que se preocupa de ser ecológico y eficiente en todas las fases de producción, incluso después de que el producto o servicio ya se haya consumido.
La naturaleza recicla, reutiliza, repara, encuentra segundos usos. Como muestra, un par de ejemplos:
Las heces de los animales “grandes”, entendiendo como grandes desde los que pesan alrededor de medio kilo hasta los más grandes del planeta, la naturaleza las reutiliza como alimento para otros seres, animales más pequeños, insectos, plantas, microorganismos…
Uno de los recursos más vitales para la vida del planeta, como es el agua, la naturaleza lo recicla una y otra vez. Las enormes reservas contenidas en los mares se evaporan y, en un proceso enorme de destilación, nos produce de nuevo con la lluvia agua apta para ser consumida por los seres vivos. Agua que vuelve a los mares para ser reutilizada.
Diseño y producción.-
En la economía lineal, el diseño y la producción de un bien, se basan en dos premisas fundamentales: que sea considerado útil (no que sea útil realmente), y por tanto susceptible de ser demandado y vendido, y que sea rentable, es decir que lo que ha costado producirlo sea menor que el precio de venta, y reporte por tanto beneficios. No se tiene en cuenta nada más. Eso sí, tienen que cumplir las normas dictadas por las autoridades (Sanidad, Industria, etc...). Pero ser considerado útil no significa ser útil en realidad. Muchas veces compramos objetos que, al sernos presentados de una forma atractiva en la publicidad, nos parecen útiles y después comprendemos que no nos han servido para nada.
En la economía circular, se tienen en cuenta más factores: tiene que ser “ecológico”, es decir tiene que dañar lo menos posible el medio ambiente. Esto implica que, en el diseño de cualquier bien que se pretenda considerar propio de la economía circular, debe incluir un “análisis de su ciclo de vida”, que es el origen del nombre de la economía circular. 
El análisis del ciclo de vida tiene varios aspectos fundamentales: la “reciclabilidad”, la eficiencia energética, la posible reutilización una vez obsoleto, el tratamiento de sus residuos, etc...
El análisis del ciclo de vida no implica que no se tengan en cuenta los otros aspectos heredados de la economía lineal: su utilidad y su rentabilidad. Todo lo contrario, se tienen más en cuenta al verse como un beneficio, no solo para el empresario que lo fabrica, sino también para la humanidad y para el planeta. De hecho, al contemplar en el diseño los factores introducidos en el ciclo de vida, es muy corriente que aumente su rentabilidad, ya que se da valor a elementos que antes simplemente se tiraban por asumirles un valor cero o negativo. Ahora conservan un valor marginal, un precio de reventa o un ahorro en el proceso de fabricación.
Residuos y deshechos.-
En la economía lineal, los residuos se están convirtiendo en un problema cada vez más grave. Tanto que su tratamiento se ha convertido en una de las principales causas del auge de la economía circular. La aparición de elementos tóxicos como el amianto o el plomo, unido al creciente uso de las baterías entre otras causas, han hecho imprescindible la publicación de leyes que castigan el mal tratamiento de muchos residuos, aumentando los costes. De la misma manera, hay un porcentaje altísimo de bienes que se desechan al menor fallo o en cuanto rebasan un día su fecha de caducidad. Actualmente, el mejor ejemplo de esta filosofía de “usar y tirar” es la enorme contaminación de plásticos en los mares. Aparecen los llamados “puntos limpios”, algo propio de la economía circular.
En la economía circular, el tratamiento de los residuos se rige por un principio fundamental: “Todo el material biodegradable vuelve a la naturaleza, y el que no es biodegradable se reutiliza en lo posible”.  De este modo, el residuo se convierte en recurso. En la economía circular es corriente reutilizar ciertos residuos o ciertas partes de los mismos, que todavía pueden servir para la elaboración de nuevos productos. Con esta misma filosofía, “Cuando algo se rompe, se trata de reparar antes que tirarlo sin más”. Por último, se trata de aprovechar energéticamente los residuos, o aquellos elementos que no se puedan reciclar.
Conceptos económicos al hilo de la economía circular.-
Economía de la funcionalidad.- Este concepto aboga por transformar, en muchos casos, el concepto “propiedad” por el de “uso”. Es decir sustituir la venta por el alquiler. Este concepto se viene utilizando desde hace muchos años, como por ejemplo, en la distribución de gas butano en los hogares. Los consumidores no adquieren las “bombonas”, solo el gas que portan. Cuando éste se consume, hay que devolver el tanque, y se le suministra otro lleno, que deberán devolver de nuevo al vaciarse. Actualmente se baraja este concepto para optimizar el uso de los automóviles en las ciudades mediante el llamado “car sharing”, ya sea con o sin conductor. Hay un amplio abanico de posibilidades de implantación de este concepto.
Energía de fuentes renovables.- Se trata, no solo de la eliminación de los combustibles fósiles para el consumo de los hogares y la movilidad, sino también en la industria para producir el bien, reutilizarlo y reciclarlo. Por supuesto este concepto es una tendencia que se irá desarrollando en la medida de las posibilidades de sustitución de las energías fósiles actuales.
La eco-concepción.- Considera los impactos medioambientales a lo largo del ciclo de vida de un producto y los integra desde su concepción. Es decir que no basta con el mero diseño del producto. La eco-concepción incluye el diseño complementario de  los materiales y materias primas usadas en su producción, de los consumibles durante su uso (si los hubiera), y del propio bien después de su vida útil. Por ejemplo la gestión de los residuos, la reutilización, etc...
La ecología industrial y territorial.- Consiste en implantar una organización industrial coordinada y complementaria de varios elementos productivos en un mismo territorio. Se busca optimizar las gestiones de los stocks y de los flujos de materiales, energía y servicios. Minimizar los consumos energéticos de los transportes, tanto de los productos terminados como de las materias primas, o de los empleados desde sus hogares hasta sus puntos de trabajo. Por ejemplo, hace unos años la compañía telefónica mayor de España (Telefónica, o Movistar) reunió todos sus centros de trabajo en Madrid, en una única ubicación en el norte de la capital. En aquel tiempo eran unos 15.000 empleados. Poco después se encontró que más del 60% de esos empleados vivían en la zona sur de Madrid. Claro ejemplo de una mala gestión industrial territorial.
Conclusiones
La economía circular forma ya parte de la evolución de los procesos productivos. Están empezando a entenderse éstos como ciclos y contemplando siempre su impacto ecológico.
Este concepto cíclico va llegando cada vez a más sectores de la producción de bienes y de servicios También podemos decir que “han vuelto” en algunos casos en que se habían abandonado, como por ejemplo, el rellenado de los envases de vidrio.
Estamos en plena guerra contra los plásticos desechables y su filosofía se va introduciendo en nuestras vidas. La ley obliga a cobrar por las bolsas de plástico, sus residuos se separan ya en unos porcentajes muy significativos.
Curiosamente, uno de los exponentes más contaminantes del planeta en los últimos tiempos como es el petróleo, es un ejemplo de buena práctica de reutilización de sus residuos. El petróleo pasa por varios procesos de reciclado y sus residuos se denominan “derivados” y se emplean para fabricar más derivados. Así se empieza por el llamado “crudo”, después las gasolinas, el gasoil, los gases butano y propano, los plásticos en todas sus variedades y así hasta el alquitrán empleado en la construcción de carreteras.
Finalmente, un contexto en el que el aspecto ecológico sale muy beneficiado con las nuevas tecnologías, es el del papel. Sólo hay que mirar dos o tres décadas atrás para darse cuenta de la cantidad de papel que ya no se utiliza gracias a la digitalización.
Como se ve, si se quiere se puede.
   

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