Los que me conocen saben que me
da mucho rubor escribir sobre determinados asuntos españoles. Sí, me da mucha
vergüenza cuando pienso en cómo actúan nuestros políticos (del color que sean),
nuestros jueces, nuestros empresarios, etc…
Sin embargo, mi buen amigo
Julián, a raíz de la lectura de un artículo del diario El Mundo, me ha hecho
una pregunta muy concreta, y me parece que debo tratar de responderla, como
siempre desde mi modesta opinión, que no pretende ser la verdad única.
El artículo en cuestión, trata
sobre el crecimiento de la facturación de las empresas españolas en 2018 (https://www.elmundo.es/economia/macroeconomia/2018/12/27/5c23c71dfdddff81368b466e.html), y la pregunta fue “¿Cómo
cuadra este artículo de “ELMUNDO” con que “la economía y las pensiones se
hunden?”.
Julián es un ingeniero
brillante, uno de los más brillantes que conozco. Por ejemplo es uno de los
mayores expertos en España sobre inducción electromagnética. Pero no es un
“sabio loco”. Ha gestionado proyectos que ahorraron y siguen ahorrando mucho
dinero.
El mencionado artículo cuenta
que la facturación de las mencionadas empresas nacionales, ha alcanzado el
nivel de los mejores tiempos de antes de la crisis, y añade que este aumento en
la facturación, va en consonancia con la mejora de los beneficios.
En primer lugar, una vez más, me
admira advertir la capacidad que tienen los medios de comunicación de influir
en la opinión pública, incluso en cosas muy evidentes. Tan evidentes, que son
una cuestión meramente matemática.
Entre otras cosas, parece que han
logrado introducir la idea de que la economía se hunde. Veamos: en España, el
crecimiento económico comenzó a mejorar en 2013, 5 años después de que se
desencadenara la gran crisis, que tuvo su origen en el sector bancario
norteamericano. Hasta entonces los crecimientos habían sido negativos o nulos
desde 2008.
A
partir de 2014, el PIB empezó a ser positivo y desde entonces no ha dejado de
crecer, tal y como se puede ver en el grafico. Alcanzó su zenit de 3,4% en 2015
para seguir creciendo a ritmos menores pero siempre por encima del 3% (que es
mucho). Si bien, ese crecimiento ha ido siendo más lento hasta 2017, en que
creció un 3 %. Para este año 2018 se espera un crecimiento entre el 2,4% y 2,6%.
Cuando no hay crecimiento, decimos que hay estancamiento
(Porcentaje próximo a cero). Si baja de cero durante dos trimestres
consecutivos decimos que estamos en recesión.
Si vemos nuestro PIB en términos
absolutos, observamos que en 2016 recuperamos lo perdido, en cuanto a PIB,
desde que empezó la crisis en 2008. Desde entonces, el crecimiento español ha
venido siendo mayor que el alemán, el francés, el británico, el norteamericano…
Al final de este año 2018,
llevaremos 20 trimestres con crecimiento positivo.
No, la economía española no se
hunde, no se está hundiendo, ni se hundirá (Salvo catástrofe planetaria). En
2019 intentaremos no bajar de ese 2% que asegura continuar con la disminución
del desempleo. Sí, lo que decía Rajoy era cierto.
En realidad el PIB no es más que
la cuantificación de todos los bienes y servicios que produce en un año, la
“maquinaria productiva” de un país. Eso se evalúa y se mide en euros, en miles
de millones de euros exactamente.
El cálculo y la defunción de PIB
es algo bastante complejo, merece un artículo por si solo. Solo diré que a la
hora de medir el PIB, es mas fácil cuantificar lo consumido (Gasto mas
inversión) que lo producido, cuyas sumas deben coincidir. Desde ese punto de vista, podemos decir que
el PIB de un país es la suma de:
Lo consumido por los españoles
en bienes y servicios. (Consumo de las familias + compra de vivienda nueva)
Lo consumido por las empresas. Gasto más inversión. (Máquinas,
edificios, intereses, salarios, energía, etc...)
Lo consumido por la
administración pública en bienes y servicios (Central y local)
La diferencia entre lo importado
menos lo exportado. (Sector exterior)
Cada vez que compramos algo, que
pagamos un recibo, pagamos un impuesto, la mensualidad de la hipoteca o
cobramos unos intereses, también estamos sumando PIB. El PIB no sólo son los
coches que se producen en Figueruelas o en Vigo, ni las prendas de vestir del
polígono industrial de Arteixo en La Coruña, que produce Inditex. También cuando un pensionista compra la barra de pan,
está sumando PIB.
Una vez convertida toda esa
producción a euros, tenemos que un PIB está compuesto por rentas del trabajo,
rentas del capital y facturación de las empresas. (Las pensiones de la
Seguridad Social, se consideran rentas del trabajo)
Finalmente, decir que una parte
de ese PIB se vende en el extranjero, pero también se compran bienes y
servicios producidos fuera de España. En el PIB se incluye el saldo neto de
ellos (Exportaciones menos importaciones).
Pero ¿cómo se ha logrado
mantener este crecimiento del PIB en España? Más bien habría que preguntar ¿A
costa de qué se ha logrado esto?
Y ahora volvamos al artículo de
EL Mundo. Lo que dice es que ha aumentado la facturación de las empresas un
6,3%, y que se consolida un crecimiento desde 2010, y que lleva creciendo 28
meses. Bueno, que crezca la facturación no es sinónimo de que crezcan los
beneficios (Si una empresa pierde dinero, cuanto más facture, más pierde).
Pero en este caso no es así,
porque después el artículo dice: “La mejora de la facturación en el sector
empresarial va en línea con el incremento de sus beneficios”. Pero este pequeño
detalle no lo pone en negrita, y a partir de ese punto empieza a hablar de
ganancias en vez de facturación (como dice el titular).
Y ya sí, ya dice que se prevé
que en 2019 se supere el record histórico de beneficios de 51.637 millones de euros.
O lo que es lo mismo. De un PIB previsto de 1.216.996.000 €, las empresas ganarán
más de los 51.637.000 €. Esto significa que se prevé que en 2019, el 4,5% del
PIB español, sean beneficios para las empresas.
Por tanto, a lo que habíamos
dicho antes sobre que la economía no se está desplomando ni mucho menos, creo
que también podemos añadir que “a las empresas no les está yendo nada mal, y
les irá mejor todavía en 2019”.
Este beneficio es lo que queda
después de haber pagado todo lo necesario para obtenerlo. Eso es muy complejo
para simplificarlo, pero diré que se incluyen, por ejemplo, la parte
proporcional de las amortizaciones de las maquinarias, o equipamientos
informáticos, o los intereses de sus deudas, etc…pero, sin duda, (en la mayoría
de los casos), uno de los mayores costes que asumen las empresas es el
salarial, que se divide en dos partes: el sueldo que se paga a los empleados y
el pago de la parte de seguridad social que corresponde a las empresas.
El mismo artículo dice que los
costes laborales han subido un 3,5 % desde 2010, y el IPC un 16,8%. Es decir la
facturación crece un 23 % desde 2010, los beneficios crecen en un porcentaje
similar, pero los costes laborales solo un 3,5 %.
Con estos datos podemos afirmar
lo siguiente:
Los asalariados no han dejado de
perder poder adquisitivo desde que comenzó la crisis, y sigue siendo así a
pesar del crecimiento de la economía y de los beneficios empresariales.
Esos salarios, que se han
quedado bajos, producen dos efectos perniciosos:
A.- (Para el crecimiento
económico directamente) impidiendo que aumente la demanda de esa masa
asalariada, y por tanto no consumen lo que sería deseado, y finalmente no pagan
los impuestos suficientes.
B.- (El que nos interesa para
explicar este artículo), es que esos salarios bajos cotizan menos a la Seguridad
Social y no contribuyen a reducir el déficit de las pensiones.
Y ahora, (parafraseando a Machín),
ya se puede comprender cómo se puede crecer a ritmos altos con: unas empresas
que ganan cada vez más, una disminución progresiva del paro (ya 19 millones de
cotizantes), y sin embargo todo eso no es capaz de compensar el déficit de las
pensiones, a causa de las jubilaciones de las generaciones del Baby Boom. (Ver artículo “pensiones y Babyboom” de
9/11/2018 de este mismo blog)
PRÓXIMO ARTICULO: Abundando sobre la Rusia de
Putin (Colaboración externa de mi buen amigo Marcelo, que ha vivido y
trabajado en Rusia)


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