Me produce una especial alegría
recibir esta colaboración de mi buen amigo Marcelo, a propósito de mi reciente
artículo sobre la nueva Rusia de Putin. Marcelo es otro brillante ingeniero que
ha trabajado tiempo en Rusia, ha tenido a su cargo empleados rusos, y ha
desarrollado proyectos para la administración rusa. Su testimonio adquiere, por
tanto, una relevancia especial. Marcelo sabe lo que dice cuando habla de Rusia
y los rusos.
Como introducción me comenta que
está de acuerdo con lo escrito en mi anterior artículo “La nueva Rusia de
Putin”, y que desea abundar en las afirmaciones, aportando sus experiencias.
Creo que es un documento muy valioso para aproximar mucho la imagen de Rusia
vista desde España.
A continuación transcribo su
texto.
“Estoy de acuerdo en que Rusia está buscando aliados, y en que
Europa (y dentro de Europa especialmente la Unión Europea y países que, como
España, resultan muy “simpáticos” a los rusos) ha perdido una oportunidad de
incrementar su protagonismo mundial convirtiéndose en un intermediador entre
EEUU (cada vez más lejano de Europa) y, no solo Rusia, sino también otros
países de su entorno. Lo español gusta en Rusia. Es sorprendente ver cómo los
rusos tienen mucho conocimiento de los que aquí se llamaron niños de la guerra.
Pero también Rusia ha perdido la oportunidad de crear una verdadera
economía de mercado. El poder ha estado dominado por una mentalidad autárquica
que prima el consumo y generación de sus productos, en detrimento de los de
fuera. Eso ha generado un estancamiento en el sector industrial.
El ruso, o más bien el estatus quo existente, no está dispuesto a
dejar que se cambien las reglas y se pierdan privilegios y posiciones. Eso ha
hecho que Rusia no se haya modernizado y no existan especialistas en muchos
campos de actualidad. Existe una gran diferencia entre la Rusia urbana
(básicamente Moscú y San Petersburgo) y la rural. Las urbes son básicamente
lugares para hacer “business rápido” en línea con la nueva sociedad rusa
urbana, que está perdiendo la tradicional cultura que dio lugar a matemáticos,
músicos, escritores,…
Ese enriquecimiento rápido contrasta con los bajos salarios del
entorno público. Esos bajos salarios fomentan que, por ejemplo, en la medicina
pública sea habitual que si una persona quiere ser bien atendida en un parto
deba pagar un extra. Una amiga me contaba que no sólo al médico sino también a
las enfermeras y a otros.
En la actualidad el objetivo de los jóvenes no es conseguir un
estatus con esfuerzo, es más el conseguir negocios rápidos que les reporten
ingresos económicos para pasar a formar parte de la sociedad opulenta rusa. Al
ruso le gusta aparentar y puede tener “El Mercedes” aparcado en la puerta de un
apartamento de 20m2 con lo justo para comer.
Esa situación fomenta la intermediación sobre la creación de valor
y, dentro de la intermediación, la corrupción. Esta forma de actuar ha
descuidado la generación de nuevas industrias.
Por ejemplo, en Rusia, no se fabrican ordenadores. Sí hay desarrollo
software (más individualista) pero no hay factorías que fabriquen y monten elementos
tecnológicos (coches, ordenadores, robótica,…).
De ahí la necesidad de llegar a acuerdos con países como China,
expandiendo los acuerdos con la idea de generar un mercado euro-asiático
capitaneado por los dos países.
La Rusia rural representa el mayor porcentaje de la población. Su
sociedad es más tradicional y mantiene la esencia de la idea que tenemos de la
Unión Soviética agrícola y ganadera, a la que muchos de los países que la
componían están echando de menos.
Putin ha conseguido encandilar al pueblo con los asuntos militares.
Así se demuestra en ámbitos de la sociedad como los desfiles militares con
muchísima afluencia de público. En entornos festivos no es difícil ver niños o
bebes disfrazados de militares. Incluso llegué a ver carritos de bebés
simulando vehículos blindados.
Se fomenta el recuerdo por los caídos en las guerras en las que han
participado, exaltando el sentimiento de “redentores del mundo“ en la segunda guerra mundial, derrotando al
ejército alemán. Todo ello fomentado desde ámbitos políticos.
La religión mayoritaria es la ortodoxa, aunque hay zonas en el país
de mayoría musulmana. La convivencia es ejemplar gracias a la política
implantada por Putin que viene a decir: “el que se quiera ganar la vida en
Rusia debe adaptarse a las costumbres rusas, y el que no, que no vaya”
De antemano se advierte que no se permitirá una “conquista cultural
ajena a la rusa” y así se publicita en los países emisores de emigración. Los
emigrantes deben adaptarse, manteniendo sus creencias, pero sin manifestaciones
ni agresiones a lo establecido.
La fuerza actual de la iglesia ortodoxa nace como rebelión contra la
época en la que era perseguida. Por ejemplo, la Iglesia del Cristo Redentor en
Moscú fue transformada en una piscina pública. Putin la volvió a reconstruir
como gesto al poder creciente de los ortodoxos.
No permiten la homosexualidad ni manifestaciones de grupos
“especiales” con el objeto de mantener el miedo entre esa parte de la sociedad
rusa, considerada potencialmente subversiva y agitadora. Se suele disfrazar de
protección a los menores, que consideran no deben ser expuestos a esas
manifestaciones.
En cuanto al carácter ruso, mi experiencia en Moscú (urbe) es que
son egoístas, poco trabajadores y orgullosos. Esa combinación da como resultado
personas poco fiables, que necesitan de una carga normativa importante para
convivir. De ahí que la realidad sea que viven bajo cierta presión. Eso también
redunda en una tasa de delincuencia muy baja.
Un problema importante en la sociedad rusa es la penetración que
tiene el alcohol. Creo que es la principal tasa de fallecimientos en hombres
(la edad media de vida ronda los 60 años). Es un verdadero problema que no se
sabe cómo resolver por estar muy interiorizado en la forma de vida soviética”
Enhorabuena, Marcelo. Brillante como
siempre. Te animo a que te prodigues en estas valiosas colaboraciones.
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