Cuando se iniciaron las
conversaciones del Brexit, se reconoció que “ningún acuerdo entre la UE y Reino
Unido se podría aplicar a Gibraltar sin el acuerdo entre España y Reino Unido”
Esto es lo que ha sido el caballo de batalla del fleco hispano-británico que
taponaba el texto del acuerdo sobre el Brexit. Y esto es lo que ha quedado
completamente claro que se respetará.
Entonces ¿por qué el Gobierno
español considera que se ha logrado lo que se pretendía mientras el gobierno
británico dice que no?, y ¿por qué las respectivas oposiciones de ambos países
lo consideran tremendamente perjudicial?
Los políticos, una vez más
tratan de confundirnos comparando cosas diferentes y extrayendo conclusiones como
si fueran lo mismo.
Me explico: El gobierno español
considera un éxito el hecho de conseguir que España tenga la última palabra en
cualquier acuerdo al que lleguen Europa y el Reino Unido. La oposición española
considera una pérdida tremenda el hecho de no haber aprovechado la oportunidad
para lograr la cosoberanía del peñón. (Son dos cosas muy diferentes)
Por su parte, el gobierno
británico se jacta de que España no haya logrado plantear la cosoberanía de
Gibraltar y su presidenta proclama que se siente muy orgullosa de que Gibraltar
siga y seguirá siendo parte del Reino Unido. Mientras que la oposición de
Westminster la increpa por no haber logrado eliminar al gobierno español como
interlocutor en la próxima negociación con Bruselas para el futuro acuerdo
entre ambos. Una vez aclarado este intento de confundirnos, comentaré las
diferencias conceptuales en este asunto entre el PP y el PSOE.
¿Cuál es el escenario deseado
por España, como estado, para Gibraltar? Pues hay que distinguir entre
escenario a largo plazo y a corto plazo. Evidentemente, el objetivo último, a
largo plazo, es recuperar la soberanía española sobre Gibraltar. Pasando por
una posible cosoberanía. Pero a corto plazo, el gobierno español tiene que
mirar por los intereses de los ciudadanos del área de proximidad del Peñón.
Y es aquí, en esa dicotomía
entre primar la soberanía o primar los intereses inmediatos de la población, donde
han diferido tanto las posturas mantenidas por el PP y por el PSOE.
La posición del PP en las
negociaciones del Brexit (las primeras, las de salida), capitaneada por el
ministro Margallo primó la soberanía sobre todo lo demás (Posición típica de “o
todo o nada”). Su propuesta de cosoberanía, realizada sin previo consenso en
las Cortes, no obtuvo ningún resultado y bloqueó cualquier cooperación de la
comarca circunvecina con Gibraltar, que resultó especialmente perjudicada, zona
ya de por sí muy deprimida y aquejada por la eterna reconversión naval y el
declive industrial, y la proliferación de mafias de contrabando de tabaco y
droga.
Una vez el PSOE tomó el relevo
de la política exterior española, Borrell propició el cambio por la vía de
cuidar de los intereses de los habitantes de los territorios anejos a
Gibraltar. Esto no significa la renuncia a las reivindicaciones de soberanía, e
incluye acuerdos fruto de negociaciones bilaterales entre España y la UK.
A partir de la llegada de
Borrell, el texto definitivo del Brexit incluye esos acuerdos bilaterales, que
contemplan muchos puntos problemáticos del día a día. En realidad esos puntos,
al estar en el texto del Brexit, se elevan al rango de Derecho originario (En
cierta forma, puede decirse que el Derecho originario se equipara a las normas
constitucionales europeas. En cualquier caso, las reglas del derecho primario
son obligatorias en todas sus partes y disposiciones, tanto para los Estados
miembros como para las instituciones comunitarias).
Estos puntos cotidianos regulan
la cooperación transfronteriza entre Gibraltar y España abarcan aspectos como
la fiscalidad, los intereses financieros, los derechos medioambientales, la
pesca, la cooperación aduanera y policial, etc... Por ejemplo, se crea la
figura del trabajador transfronterizo, y se crea una comisión de seguimiento
del cumplimiento de estos acuerdos.
Quiero resaltar la enorme
importancia de esto. Estos extremos quedan plasmados en cuatro memorandos y
blindan, mediante la consideración de Tratado Internacional, los acuerdos
alcanzados sobre todas estas materias. Y lo que considero más importante: por
estar en ese nivel, ¡¡ambas partes se someten a los tribunales europeos!1,
Gibraltar ya no podrá adoptar medidas unilaterales que contravengan estos
acuerdos como ha venido haciendo históricamente.
Es cierto que esto se ha
conseguido posponiendo para después las reivindicaciones sobre cosoberanía o
incluso soberanía, pero en ningún caso nadie considera que se haya renunciado a
ellas. De hecho, con estos acuerdos cerrados, España queda en una postura muy
robusta de cara a las siguientes negociaciones para el acuerdo de relaciones
posterior al del Brexit. Es más, aunque el Brexit no se consume, esos acuerdos
bilaterales ya quedan incluidos en la legislación Comunitaria.
Espero haber arrojado alguna luz
en este intrincado mundo de las relaciones internacionales, los tratados y las
leyes comunitarias, y haber ayudado algo a que los políticos no nos líen más de
la cuenta.
Pero ¿cómo se ha llegado a
esto?, ¿por qué Gibraltar ha cogido esta relevancia ante el Brexit?
La primera consideración es que,
al salir de la UE, el Reino Unido tendrá nuevas fronteras con la Unión Europea,
una con Irlanda (con Irlanda el Norte) y otra con España (con Gibraltar). El
asunto irlandés, que parecía el último escollo, se ha solucionado con una
“patada adelante”, por la cual el Reino Unido permanecerá en el mercado único
hasta que se solucione el problema, o sea, no se ha resuelto nada. Excepto que
el RU no se irá de Europa mientras Europa no quiera.
Tal como decíamos al principio,
después del acuerdo de salida, se abre un nuevo periodo de negociación sobre
las relaciones entre la UE y el Reino Unido, y por ende entre España y el RU
sobre Gibraltar y entre la UE y el Ulster (Irlanda del Norte).
Respecto al asunto español, dentro
de esas negociaciones, está previsto crear tres comités hispano-británicos que gestionarán
materias como los derechos laborales, las medidas medioambientales y los
asuntos policiales. A nadie le interesa que cambie la situación actual, ni a
los gibraltareños, ni a los españoles que van diariamente a trabajar al peñón.
Pero eso se antoja imposible tras el Brexit (Muchas cosas tienen que cambiar).
Hay que recordar que Gibraltar,
en el referéndum del Brexit, votó de
forma unánime a favor de permanecer en la UE, así que está siendo sacado en
contra de su voluntad. En general España, y en particular el Campo de
Gibraltar, se benefician de tener vínculos abiertos con Gibraltar.
Pero no hay que olvidar que
Gibraltar es un paraíso fiscal, que tiene matriculadas más empresas que
habitantes, y la nueva situación prácticamente legalizaría el contrabando y el
blanqueo de capitales.
Quedaban algunos asuntos
escabrosos para los que se había llegado a algunos compromisos, como el del aeropuerto
que está construido en una zona muy comprometida y que ha sido fuente de
grandes tensiones, cuya solución ha sido establecer un uso compartido del
mismo. Después del Brexit, técnicamente pasaría a estar fuera del llamado
espacio aéreo común europeo.
Una tercera derivada es el
estatus de Gibraltar. Data de la firma del tratado de Utrech allá por 1715,
bajo la presión del todopoderoso Imperio Británico de aquella época, y que
incluso se quedaba hasta con Menorca. En ese tratado, entre otras muchas cosas,
se da a Gibraltar el estatuto de Colonia, no parte del Reino Unido (A
diferencia, por ejemplo de Ceuta y Melilla, que son parte del territorio
español).
Esto significa que Gibraltar, no
solo no es parte de Reino Unido, como he dicho antes, sino que no forma parte
de pleno derecho de la Unión Europea.
Es sólo gracias a Londres que Gibraltar
haya podido beneficiarse del acceso al mercado interior sin integrarse en la
unión aduanera, y fuera del ámbito del IVA (No confundir con las regiones
ultra-periféricas de Europa como Las Canarias o las Azores, que sí son parte de
la UE pero tampoco tienen IVA). Es decir, Gibraltar es una comunidad muy
peculiar: es la última colonia en territorio Europeo cuya soberanía ha sido
reivindicada por España durante siglos por su situación, y que volvería
automáticamente a España en caso (impensable hoy día) de descolonización.
Las autoridades gibraltareñas
han aprovechado esa singularidad para desarrollar un modelo económico que se
basa en ser un paraíso fiscal, circunstancia que ha convertido esa singular
micro-ciudadanía en una de las de mayor PIB per cápita del mundo.
España se encontró con esa
situación cuando ingresó en 1986 en la UE, y no pudo hacer nada para revertirla
porque Reino Unido llevaba 13 años en el club. Pero el Brexit cambia el
escenario y las autoridades españolas quieren garantizarse que a partir de
ahora el estatus de Gibraltar en relación con Europa dependerá de la luz verde
de Madrid.
De todos modos yo sigo creyendo
que el Brexit de facto no se producirá.
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2 comentarios:
Por cierto me puedes comentar por que ninguna patera llega a las costas de los ingleses?, y cual es la posición de los habitantes que viven junto a los monos?
Esta espain nunca recuperara la famosa peña que dicho de paso da mucha pena, y si fuera asi creo se quedaría sin otras plazas importantes e incluso islas, me temo
Antonio: no llegan pateras a Gibraltar,sencillamente porque no aciertan, los pocos metros de costa son zona militar o aeropuerto.
Respecto a la soberanía, yo no diría tanto. Simplemente en cuanto Europa decida ser beligerante con los paraísos fiscales, los gibraltareños desearán ser españoles
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