jueves, 28 de enero de 2016

Europa, ¿y ahora qué? 1.- Escenario optimo




A principio de 2016, de todas las crisis que ha sufrido o está sufriendo Europa, la respuesta mayoritaria de los estados, está siendo la de culpar a Bruselas y exaltar los beneficios de las políticas nacionalistas. Algunos estados, amenazan con abandonar, o bien el euro o bien la UE. En España esa postura nos suena mucho ya que es la que está tomando Cataluña.
Pero ¿qué se puede hacer?, ¿hacia dónde vamos?
Si lo vemos desde el punto de vista centralizador, o sea desde el punto de vista de ciudadano europeo, ciudadano que se siente por encima de los nacionalismos y ve Europa como un paso previo a llegar a ser ciudadano universal, podemos contemplar tres posibilidades, que aunque parezcan perogrulladas, son en realidad las tres únicas posibilidades:
A) Que las cosas mejoren.
B) Que continúen como están.
C) Que empeoren.
Ahora nos vamos de viaje a Júpiter y vemos qué ha pasado en Europa a la vuelta, a mediados de 2020.
Escenario óptimo (Que las cosas mejoren)
Plano económico
Por fin ha pasado la que se llamó la gran crisis financiera mundial, y ya no hay visiones tendenciosas; la culpa fue de las subprime que se originó en Estados Unidos, y así es como ha pasado a la historia, sin culpas europeas.
Esa crisis amenazó con derribar el euro. El peor momento fue en 2015 cuando Grecia estuvo a punto de salir de él, y sentar un peligroso precedente. Afortunadamente, en 2020 la crisis del euro ha pasado, y en la mayoría de los países se ha vuelto a los ratios económicos de antes de 2007, en algunos ya se han superado. El anterior presidente del antiguo Banco Central Europeo, Mario Dragi, ha pasado a la historia como un gran héroe, uno de los forjadores de la nueva Europa, y desde luego tuvo un papel decisivo en la superación de la crisis en Europa.
El Reino Unido y Dinamarca siguen siendo las excepciones, pero el resto de los países avanzan hacia la adhesión al Euro. Unos van cumpliendo los viejos criterios de Maastricht, y otros, que ya los cumplían pero no querían estar, como Suecia, ya están dentro o en camino de estarlo. Claro que, tanto la unión bancaria como la creación de una reserva europea de divisas, al estilo de la Reserva Federal norteamericana, convencieron a muchos de pedir el ingreso.
Pero lo que sí supuso un antes y un después para la Unión ha sido la reciente e histórica FBU (Siglas en ingles de Unión Presupuestaria y Fiscal). Acaba de entrar en funcionamiento desde al primer día de 2020. La FBU es la culminación de las anteriores decisiones sobre reserva federal y unión bancaria. Con ella y tutelada por el Parlamento Federal nacieron los primeros presupuestos generales de la Unión. Costó mucho, pero al fin se consiguió aprobarlos. Hubo por primera vez, un serio debate en Estrasburgo, pero curiosamente Alemania no se opuso a dar carpetazo a las políticas de austeridad. Los tres copresidentes consiguieron sacar adelante el presupuesto cuyo padre ha sido el ahora superministro federal de economía, el luxemburgués Junker.   
En general, este presupuesto viene a reforzar las políticas de estímulo al crecimiento que empezó el antiguo Banco Central Europeo. Gracias a ellas los estados del sur llevan años reconduciendo sus desequilibrios, de media ya crecen por encima del 2% y sus tasas de desempleo empiezan a ser más asumibles. Como consecuencia de ello los ratios macroeconómicos se han reequilibrado y la convergencia entre los países deudores y acreedores, aunque todavía queda mucho camino, ha empezado a ser una realidad.
La unidad y solidaridad ha permitido que Europa se beneficie de la bajada del precio del petróleo. Ha logrado convertirse en una economía competitiva y dinámica, haciendo de su mercado interior una alternativa y vía de escape ante la crisis de los países en desarrollo, que todavía sufren su propia crisis, capitaneados por los llamados BRIC’s (Brasil, Rusia, India, China). 
En general el centro de gravedad del crecimiento y progreso económico mundial vuelve a acercarse a Occidente, a ambas costas del Atlántico norte.
Plano social
En el plano político y social, por fin se modificó el Euro parlamento, convirtiéndolo en una auténtica cámara alta, más parecida al Senado Americano y funcionando como una cámara de cooperación entre parlamentos nacionales. En las inminentes elecciones, se espera una gran participación ciudadana.
En este tiempo la UE ha vuelto a ser atractiva para muchos países, y la cola para el ingreso aumenta.
En este sentido, es de destacar el caso de Noruega, país que no quiso entrar en la Unión, ya que sus reservas petrolíferas le daban una riqueza que no querían compartir. Sin embargo después de la crisis de precios de petróleo que tuvo lugar a finales de 2015 y que se prolongó casi dos años, decidió en referéndum, pedir el ingreso en Europa y en el Euro a finales de 2018. Se prevé que culmine su proceso en este mismo año.
Suiza todavía se lo está pensando, pero ya nadie duda de que es una cuestión de tiempo. La fortaleza del Euro y la inexistencia del secreto bancario, así como la unificación fiscal europea, han hecho que las grandes multinacionales se vayan trasladando a los diversos países de la Unión. Como consecuencia de ello, al pagar sus impuestos de sociedades en la UE en detrimento de la republica helvética, están forzando la decisión de pedir su anexión. Ya van dos años en que la renta per cápita europea se acerca a la suiza.
Por su parte, el Reino Unido renunció a separarse de la Unión tal como salió el resultado del referéndum que se celebró en 2018, y se encuentra en una gran polémica sobre si abandonar la libra y abrazar el euro o no. Esto es debido nuevamente al traslado a Frankfurt del gran mercado de capitales basado en el euro. Esto ha ido haciendo que el mercado londinense haya ido perdiendo peso en el continente, en esto ha influido mucho la legislación europea anti paraísos fiscales, que los ha debilitado y aunque todavía faltan años, nadie duda de su total desaparición, al menos en la órbita europea.
Finalmente, Turquía ha entrado en el periodo de aclimatación previo a ser un miembro de pleno derecho después de finalizar las negociaciones de acceso. Interiormente se impuso el criterio práctico de mantener a Turquía como un país laico, que fue una de las principales condiciones para su ingreso. Uno de los grandes beneficiarios está siendo Grecia, que además de terminar con un conflicto histórico, está pudiendo por fin, disminuir sus gastos en defensa y ha encontrado al lado un mercado de muchos millones de consumidores.
Pero la gran tarea a la que se enfrenta la Unión son las políticas con los vecinos. Por primera vez en la historia Europa está en condiciones de disponer de una política verdadera mente común.
Aquí también se ha dado respuesta a la crisis de los refugiados de 2015, y a las oleadas de inmigrantes ya endémicas provenientes del norte de África.
Desde que a finales del 2016 se creara el EBA (European External  Borders Agency), cuerpo europeo de vigilancia de las fronteras exteriores, la pugna entre los países del este de Europa  y los del oeste ya casi es inexistente.
En lo referente a las fronteras orientales, los acuerdos con Turquía han sido muy fructíferos. Los controles de inmigración y de refugiados son, por fin, ordenados y basados en las normas comunes de inmigración y asilo político de la unión. La  EBA está haciendo una tarea tremendamente eficaz en esa zona. Ahora los países fronterizos negocian directamente con Bruselas, y esto redunda en un mucho mayor reconocimiento de los derechos humanos en esos países, so pena de sufrir represalias económico-comerciales. Y, claro está esto redunda en una gran reducción de la presión de refugiados políticos.
En el contexto migratorio, las fronteras del sur, las que más reciben emigrantes, España tiene el orgullo de haber sido la pionera en establecer políticas de negociación y apoyo en los países de origen de los flujos migratorios. Bruselas la tomó como modelo, y desde hace ya dos años hay establecidas delegaciones en la mayoría de los países subsaharianos y en el norte de África, mediante las cuales se canalizan inversiones de modo que van dando alicientes cada vez mayores para quedarse en sus países.
Plano global
Todo lo anterior está haciendo que el resto del mundo empiece a ver la realidad de la UE, no solo como algo más fuerte y sin vuelta atrás, sino como algo que crece y se fortalece aumentando su influencia global.
Ante Rusia, la posición de firmeza ha dado sus frutos. Ucrania entró por la vía extra rápida, y unido al inequívoco apoyo a la anexión de Turquía fueron los dos focos principales de tensión con Rusia. Cierto que la evolución de los precios del petróleo ayudó mucho a ablandar a Putin, pero no fue menos decisiva la creación de la EBA (European External  Borders Agency). La decidida política común, sin fisuras hizo el resto. Bueno y la OTAN.
Respecto al mundo árabe, la vuelta de Irán como potencia en la zona fue aprovechada para conseguir un gran aliado allí, que contrarresta la influencia que allí ejercen los EEUU a través de Arabia Saudita. Pero los peligros terroristas siguen casi intactos.
Finalmente las relaciones con las otras dos superpotencias mundiales, EEUU y China son, cada vez más en pie de igualdad. Esto ha sido posible, una vez más gracias a la política exterior común.
Conclusión
Finalmente resaltar que la UE tiene todavía mucho por hacer, pero desde hace muchos años, por primera vez los ciudadanos empiezan a sentirse europeos antes que nacionalistas. Ya casi no existen embajadas de los países, porque casi todos han comprendido que una embajada de la UE es mucho más influyente y además es mucho más económico.
Y por fin se ha empezado a contemplar la creación de un ejército europeo. En fin en 2020, por fin los ciudadanos europeos empezamos a estar esperanzados con el futuro de la Unión, ya era hora.

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