martes, 1 de diciembre de 2015

La Digitalización en España



En primer lugar, en España y en Europa, por fin se ha tirado a la basura aquel principio de que las economías más desarrolladas son aquellas basadas en el sector servicios, dejando la industria para los países en “vías de desarrollo”, ya que contamina, y requiere más trabajadores con mono, mientras que los servicios son más limpios ecológicamente hablando, y sus trabajadores son “de cuello blanco”.
El gobierno de España, en un informe de julio de 2014 reconoce a la industria como elemento estratégico de su estructura económica. Pero ha tardado un año, (un precioso año) en lanzar el proyecto “Industria 4.0 para España”, con el objetivo de definir la “estrategia para la transformación de la industria española a través de la digitalización”. Sin embargo aduce que su desarrollo requiere una legislatura completa, por lo que considera positivo aprovechar los últimos meses de la actual para avanzar en su diseño y que el próximo Gobierno lo encuentre en marcha. O sea lo mismo que han hecho con los presupuestos generales del estado para 2016.
Pero bueno, si por fin este país se lanza a la digitalización, bienvenido sea. La experiencia nos dice que si en España entra algo con entusiasmo, podemos ser de los mejores del mundo en ello.  
La industria española, que llegó a representar hasta el 40% de su PIB en los años 80, hoy es tan solo el 16,1% del Producto Interior Bruto (PIB). La Comisión Europea ha cifrado como objetivo de la industria europea llegar al 20% en el 2020.
Pero no se trata de crear cualquier industria, se trata de entrar en la industria 4.0, la industria dominada por la digitalización, sólo así no nos quedaremos atrás en la feroz batalla por la competitividad que se libra en el mundo de la industria avanzada, de la industria del futuro. Pero, de momento somos el país número 19 de Europa en el ranquin de países innovadores.  
Ya dentro de nuestro sector industrial, nos caracterizamos por no tener término medio, es decir: tenemos grandes compañías, punteras en el mundo, y tenemos muchísimas pequeñas y medianas empresas, muchas de ellas sin capacidad para competir en otros mercados.  
Una vez más, nuestros socios cercanos, el resto de los países europeos, (con algunas excepciones como Alemania y Suecia) arrastran  un retraso con respecto a nuestros competidores norteamericanos o asiáticos. Leo textualmente: "Sólo un 1,7% de las empresas europeas se puede decir que se hayan digitalizado completamente y un 41% ni siquiera ha empezado el proceso. Las compañías tienen que decidir dónde quieren estar y qué quieren hacer. Hay un cierto despiste en las empresas ya que venimos de cinco años de recesión. Ahora la tecnología está en la calle y no es la empresa la que tira de ella".
Las lecciones de la crisis
España, a finales del 2015 se encuentra en pleno proceso de recuperación. Afortunadamente llevamos creciendo nueve trimestres consecutivos, o sea dos años y tres meses. Todo ese tiempo recuperándonos de los daños ocasionados por la crisis. Sin embargo, a pesar de todo, en este tiempo sólo hemos recuperado 4,8 puntos de PIB de los 9,4 que perdimos. Casi hemos digerido el atracón de ladrillos que nos dimos, aunque todavía quedan millones de pisos vacios.
Con la velocidad de crucero a la que parece probable que sigamos creciendo, no será hasta finales del 2018, casi cuando yo me jubile, cuando recuperemos los niveles de renta relativos con la zona euro.
Pero la economía española resultante no será (no debe serlo) similar a aquella de principios de siglo. En la nueva España debe consolidarse el sector industrial, pero el de la industria digitalizada. Las pymes deben ser menores en número y mayores en tamaño. Y con un porcentaje creciente de su internacionalización, colocando cada vez mas parte de su producción en los mercados exteriores.
Afortunadamente somos un país en que, por unas cosas o por otras, hemos estado dotándonos de infraestructuras (aunque algunas todavía no sean útiles), pero disponemos de una red de comunicaciones de fibra óptica de las mejores del Europa. Disponemos de unos técnicos ampliamente acreditados, muchos de los cuales además han tenido ocasión de aprender en exterior a calor de los proyectos ganados por nuestras empresas en otros países.
Una amplia red de transporte, tanto ferroviaria, como marítimo, aéreo o por carretera,   permite llevar tanto los productos como las materias primas de los lugares de producción a los de venta.
Finalmente, hay que reconocer que el grado de modernización de nuestra administración está empezando a recoger sus frutos. La administración digital avanza, la educación y la sanidad cuentan cada vez con más medios informatizados.
En general, este país mantiene la “cultura del cambio”, cambio que experimentaron nuestros padres, nosotros y nuestros hijos. Los que vivieron la posguerra, la emigración, el desarrollismo, la democracia, la inclusión en Europa, el abandono de la peseta, el divorcio, la inmigración y ahora otra vez la emigración de nuestros hijos..
Esta cultura del cambio nos hace más fuertes para evolucionar, para competir con los mercados del mundo de igual a igual. Parece que hemos madurado.  
Todos estos factores son nuestras nuevas cartas para abordar esta nueva revolución digital: “la cuarta ola”

No hay comentarios: