Empiezo
este escrito en el momento en que Rusia se ha retirado de Jerson. Se han
documentado muchas cosas siempre vistas desde el lado más lisonjero para los
europeos, nuestro lado. Seguramente sea una estupenda noticia objetivamente
hablando, pero ¿Cómo es visto desde Rusia? Explicaré algunos detalles propios
del régimen totalitario que es.
Lo
primero es la protección del líder: Desde
que se empezó a hablar de la retirada de Jerson, Putin no ha aparecido
en los medios para decir nada sobre el asunto. Precisamente, cuando se ha
preguntado al portavoz del Kremlin sobre ello, la respuesta oficial ha sido que
fue una decisión tomada por el ministro de Defensa Serguéi Shoygu, y remite a
los periodistas al mencionado ministro para que le pregunten al respecto. Es
decir, el mensaje subliminal es que Putin no ha tenido nada que ver en la decisión
de retirarse. Quizá no tardemos mucho en ver como el Kremlin cambia de ministro
de defensa y vuelve a sustituir a más generales. ¿Alguien se cree que esta
decisión ha sido tomada sin la aquiescencia de Putin?
A
pesar del blindaje contra la disidencia con que se ha dotado Putin, cada vez es
mas necesario para él y su entorno abundar en la propaganda nacionalista y
acudir a la historia comparándose con los zares y auto proclamándose heredero
de un imperio tan extenso como cruel con su pueblo. En este sentido, me ha
resultado curioso y muy grafico un articulo publicado en la capital rusa por el
aparato propagandístico estatal, en el que se compara la retirada de Jerson con
el abandono de Moscú en 1812 ante el empuje de las tropas napoleónicas.
En
aquel tiempo, el general ruso Mijaíl Kutúzov salvó al ejercito imperial en 1812
evitando el enfrentamiento directo con el ejercito francés. Se retiró más al
este de Moscú, quemó la ciudad y esperó a que el invierno hiciera el resto.
De
este modo, si Rusia obtiene una victoria en el futuro, con esta retirada, habrá
sido gracias a la conducción de su caudillo Putin. Si por el contrario, se consolida
la derrota, habrá sido por la incompetencia del ministro y de sus generales,
incluido el recién nombrado jefe supremo de las tropas rusas en Ucrania el general
Serguéi Surovikin. De nada le habrá servido que a sus 56 años y una carrera
militar ascendente haya combatido en Afganistán, Chechenia, Tayikistán y Siria
y haberse hecho una reputación de crueldad y brutalidad. Si la derrota de Jerson
da paso a más derrotas del ya maltrecho ejercito ruso, se habrá convertido en
un incompetente y quizá hasta un traidor. ¿Quién sabe?
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